16/02/2020, 21:21
La Uzumaki ensanchó su sonrisa cuando vio a su pupilo prepararse para la inminente batalla. El marionetista liberó a su artilugio de guerra sacándolo de un pergamino —«así que sabes algo de técnicas de sellado, no está mal, Takumi»— y le adhirió unos hilos de chakra para controlarla. Claro que Junko no había sido capaz de verlos, pero en su corta experiencia se había enfrentado a algún que otro especialista en Kugutsu Butai y sabía a qué se atenía.
Flexionó las rodillas y esperó la acometida. La marioneta de Takumi se lanzó a por ella con una de sus cuchillas en ristre, y la respuesta de su sensei fue empuñar un kunai de su portaobjetos con su únic mano. La Uzumaki esperó, paciente, a que aquel constructo lanzase su ataque para bloquearlo con precisión; los filos de acero chocaron y unas tímidas chispas saltaron en el aire. Junko ejecutó entonces su contraataque, saltando hacia un lado para darle una patada a la marioneta de Takumi con su pierna derecha.
Flexionó las rodillas y esperó la acometida. La marioneta de Takumi se lanzó a por ella con una de sus cuchillas en ristre, y la respuesta de su sensei fue empuñar un kunai de su portaobjetos con su únic mano. La Uzumaki esperó, paciente, a que aquel constructo lanzase su ataque para bloquearlo con precisión; los filos de acero chocaron y unas tímidas chispas saltaron en el aire. Junko ejecutó entonces su contraataque, saltando hacia un lado para darle una patada a la marioneta de Takumi con su pierna derecha.