25/02/2020, 22:46
Hiroki logró evitar que le dejase la nariz a la altura del betún, pero no le sirvió para evitar el rodillazo que le propinó en plena mejilla. Por suerte para él Hana tenía la fuerza de una hortaliza pocha, sino podría haberle saltado un par de dientes.
Tras el intercambio de golpes, ambos decidieron darse una distancia antes de sopesar su siguiente paso. En el momento en que Hiroki empezó a hacer sellos, Hana le imitó, cuando el shinobi invocó rayos de sus manos, un muro de tierra se levantó para impedirlo. En vez de pararse ahí, Hana volvió a hacer otra secuencia de sellos, esta vez, sin que el shinobi la viese, pues aún a medio romperse, su muro seguía erguido.
La tierra de los alrededores empezó a retorcerse como si algún tipo de gigante la estuviese machacándola desde abajo. Pero el desgarramiento empezaba en Hana y se extendía hacia donde debería estar Hiroki, esperando que aún estuviese con los pies en el suelo y se llevase un buen daño.
Lo que quedaba del muro se cayó entonces, levantando una buena dosis de polvo. A Hana le hubiese encantado saltar por encima del muro, Kodachi en mano, para rematar a su contrincante, pero había gastado demasiado chakra, no se sentía capaz de hacer tal esfuerzo y no matarse ella en el intento.
La rubia se quedó donde estaba, esperando ver qué había pasado con Hiroki.
Tras el intercambio de golpes, ambos decidieron darse una distancia antes de sopesar su siguiente paso. En el momento en que Hiroki empezó a hacer sellos, Hana le imitó, cuando el shinobi invocó rayos de sus manos, un muro de tierra se levantó para impedirlo. En vez de pararse ahí, Hana volvió a hacer otra secuencia de sellos, esta vez, sin que el shinobi la viese, pues aún a medio romperse, su muro seguía erguido.
La tierra de los alrededores empezó a retorcerse como si algún tipo de gigante la estuviese machacándola desde abajo. Pero el desgarramiento empezaba en Hana y se extendía hacia donde debería estar Hiroki, esperando que aún estuviese con los pies en el suelo y se llevase un buen daño.
Lo que quedaba del muro se cayó entonces, levantando una buena dosis de polvo. A Hana le hubiese encantado saltar por encima del muro, Kodachi en mano, para rematar a su contrincante, pero había gastado demasiado chakra, no se sentía capaz de hacer tal esfuerzo y no matarse ella en el intento.
La rubia se quedó donde estaba, esperando ver qué había pasado con Hiroki.