27/02/2020, 11:30
De nuevo, como un error recurrente, había subestimado la velocidad de Hiroki, quien no estaba tan afectado como para no esquivar su técnica. Respondió de inmediato mandandole otro rayo, esta vez no había reaccionado lo suficientemente rápido para hacer el muro. Intentó esquivarlo saltando hacia atrás, esperando superar el rango máximo de la técnica, pero el rayo era demasiado rápido e impactó contra su rodilla.
Apretó los dientes mientras sopesaba daños. Tras un leve suspiro, desenvainó su kodachi, levantando la mirada hacia el shinobi. Con ambas manos alrededor de la empuñadura, apuntó la hoja hacia Hiroki y cargó chakra rápidamente. Con los ojos cerrados emitió un destello que cegaría a quien estuviese mirando.
Corrió tan rápido como pudo para ponerse tras él y darle una fuerte patada en la parte trasera de la rodilla, obligandole a arrodillarse. Tras eso, si llegaba tan lejos, Hiroki sentiría el frio metal contra su cuello. Hana le habría puesto el dorso de su Kodachi contra el cuello.
— Imaginemos que es el filo lo que tienes contra el cuello, ¿te rindes?
Intentó sonar amenazante, pero la pierna que había recibido la descarga no dejaba de temblar, lo cual se le contagiaba al resto del cuerpo. Cada punto donde había recibido un golpe le ardía y el dolor se reavivaba con cada latido.
Apretó los dientes mientras sopesaba daños. Tras un leve suspiro, desenvainó su kodachi, levantando la mirada hacia el shinobi. Con ambas manos alrededor de la empuñadura, apuntó la hoja hacia Hiroki y cargó chakra rápidamente. Con los ojos cerrados emitió un destello que cegaría a quien estuviese mirando.
Corrió tan rápido como pudo para ponerse tras él y darle una fuerte patada en la parte trasera de la rodilla, obligandole a arrodillarse. Tras eso, si llegaba tan lejos, Hiroki sentiría el frio metal contra su cuello. Hana le habría puesto el dorso de su Kodachi contra el cuello.
— Imaginemos que es el filo lo que tienes contra el cuello, ¿te rindes?
Intentó sonar amenazante, pero la pierna que había recibido la descarga no dejaba de temblar, lo cual se le contagiaba al resto del cuerpo. Cada punto donde había recibido un golpe le ardía y el dolor se reavivaba con cada latido.