25/03/2020, 22:47
Si bien la Aldea había perdido su habitual esplendor, la situación en la casa de los Eikyuu no era para menos. Al fin y al cabo, su hogar era el hogar de un asesino: su hermana, la hermana de un asesino y su abuela — su dulce y pacífica abuela — la abuela de un monstruo.
No, la aldea no había organizado una caza contra la familia de Juro, pero no hacía falta. La gente sabía quienes eran: les miraban por encima del hombro, declaraban que, siendo su familia, tenían que haber sabido lo que estaba pasando. Que igual ellos no eran tan leales a Kusagakure cómo todo el mundo había esperado. Incluso habían relacionado el hecho con su padre que, tiempo atrás, se volvió loco y trató de asesinar a su familia. De tal palo tal astilla, se rumoreaba.
Una vez que la rueda empieza a girar, ya nada la detiene. Y está dispuesta a aplastar a una pobre familia que, en el fondo, ya ha sufrido bastante con la pérdida de su miembro más joven y prometedor.
Su tienda había perdido su brillo característico. La madera parecía más vieja, más gastada. Alguien, en una de las paredes (un valiente anónimo) había escrito, en pintura roja, las palabras "Traidores". Las tejas estaban que se caían. Y lo peor de todo era el silencio. Ya no había una chica riendo con confianza ante los clientes, ni una anciana paseándose por ahí, viendo a su nieta trabajar.
Ya no había rastro de nadie, porque la tienda estaba cerrada.
Kazuma llamó una vez, pero nadie le contestó. Lógico, claro esta. Tras el trato que la familia ha recibido de la gente de la aldea, nadie en su sano juicio abriría a un desconocido a aquellas horas. Kazuma pudo notar como sí había alguien en su interior: la madera había crujido segundos antes, había habido una respiración. Pero ahora, solo había silencio otra vez.
No, la aldea no había organizado una caza contra la familia de Juro, pero no hacía falta. La gente sabía quienes eran: les miraban por encima del hombro, declaraban que, siendo su familia, tenían que haber sabido lo que estaba pasando. Que igual ellos no eran tan leales a Kusagakure cómo todo el mundo había esperado. Incluso habían relacionado el hecho con su padre que, tiempo atrás, se volvió loco y trató de asesinar a su familia. De tal palo tal astilla, se rumoreaba.
Una vez que la rueda empieza a girar, ya nada la detiene. Y está dispuesta a aplastar a una pobre familia que, en el fondo, ya ha sufrido bastante con la pérdida de su miembro más joven y prometedor.
Su tienda había perdido su brillo característico. La madera parecía más vieja, más gastada. Alguien, en una de las paredes (un valiente anónimo) había escrito, en pintura roja, las palabras "Traidores". Las tejas estaban que se caían. Y lo peor de todo era el silencio. Ya no había una chica riendo con confianza ante los clientes, ni una anciana paseándose por ahí, viendo a su nieta trabajar.
Ya no había rastro de nadie, porque la tienda estaba cerrada.
Kazuma llamó una vez, pero nadie le contestó. Lógico, claro esta. Tras el trato que la familia ha recibido de la gente de la aldea, nadie en su sano juicio abriría a un desconocido a aquellas horas. Kazuma pudo notar como sí había alguien en su interior: la madera había crujido segundos antes, había habido una respiración. Pero ahora, solo había silencio otra vez.
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60