29/03/2020, 23:43
Kazuma expresó su nombre, esperando que aquello fuera suficiente.
Silencio. Eso fue la respuesta.
Durante un largo minuto, que al chico se le harían horas enteras, no supo si la hermana de su ex-sensei le abriría la puerta. Las dudas podrían llegar a él: ¿Por qué le echaban? ¿Acaso no le consideraban una persona cercana a Juro? ¿O es que su propio sensei no lo había considerado merecedor de relacionarse con su familia y por eso su hermana actuaba así? Quizá la situación no era la mejor, pero en ese mismo momento, los malentendidos estaban a la orden del día, y la verdad, escondida tanto que esinvisibles al ojo.
La puerta se abrió finalmente, alejando esa tormenta de incertidumbre. Se abrió lentamente, sin hacer el más mínimo ruido.
De ella, salió el rostro de la mujer que el chico ya debería de conocer: su cabellera rubia estaba recogida en una coleta, pero su rostro, redondo y con cierto tono moreno, salpicado con algunas pecas, le observaba. Sus ojos azules, en otro tiempo intensos y decididos, ahora habían perdido su brillo, y estaban escondidos bajo bolsas de ojeras. Su pelo estaba enmarañado y sucio. La muchacha llevaba una ropa más que desajustada, que daba la imagen de que había cogido cualquier cosa del armario y se lo había puesto. No parecía importarle mucho la manera en la que recibir a los clientes...
... O es que igual, ni si quiera había tenido clientes en todo el día. La tienda parecía cerrada.
La gran cicatriz que partía su cara desde la mejilla a la frente, seguía igual que siempre, pero parecía más brillante e intensa ese día. Sin embargo, ella parecía tener cicatrices peores en ese momento.
Clavó su mirada, vacía, en el chico que tenía delante, sin si quiera invitarle a pasar.
— Hola — No hubo sonrisas, ni abrazos. Ni si quiera un gesto amable. La muchacha lo observó, quizá tratando de adivinar sus intenciones.
Silencio. Eso fue la respuesta.
Durante un largo minuto, que al chico se le harían horas enteras, no supo si la hermana de su ex-sensei le abriría la puerta. Las dudas podrían llegar a él: ¿Por qué le echaban? ¿Acaso no le consideraban una persona cercana a Juro? ¿O es que su propio sensei no lo había considerado merecedor de relacionarse con su familia y por eso su hermana actuaba así? Quizá la situación no era la mejor, pero en ese mismo momento, los malentendidos estaban a la orden del día, y la verdad, escondida tanto que esinvisibles al ojo.
La puerta se abrió finalmente, alejando esa tormenta de incertidumbre. Se abrió lentamente, sin hacer el más mínimo ruido.
De ella, salió el rostro de la mujer que el chico ya debería de conocer: su cabellera rubia estaba recogida en una coleta, pero su rostro, redondo y con cierto tono moreno, salpicado con algunas pecas, le observaba. Sus ojos azules, en otro tiempo intensos y decididos, ahora habían perdido su brillo, y estaban escondidos bajo bolsas de ojeras. Su pelo estaba enmarañado y sucio. La muchacha llevaba una ropa más que desajustada, que daba la imagen de que había cogido cualquier cosa del armario y se lo había puesto. No parecía importarle mucho la manera en la que recibir a los clientes...
... O es que igual, ni si quiera había tenido clientes en todo el día. La tienda parecía cerrada.
La gran cicatriz que partía su cara desde la mejilla a la frente, seguía igual que siempre, pero parecía más brillante e intensa ese día. Sin embargo, ella parecía tener cicatrices peores en ese momento.
Clavó su mirada, vacía, en el chico que tenía delante, sin si quiera invitarle a pasar.
— Hola — No hubo sonrisas, ni abrazos. Ni si quiera un gesto amable. La muchacha lo observó, quizá tratando de adivinar sus intenciones.
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60