1/04/2020, 21:40
Ayame ya había conocido aquella sensación en dos ocasiones, pero jamás se acostumbraría a ella.
Cuando las puertas se abrieron frente a ella y la luz acuchilló sus pupilas sin piedad, tuvo que entrecerrar los ojos con un gesto de dolor. El murmullo de la multitud se transformó de repente en un avasallador tsunami de gritos que la envolvió nada más poner un pie fuera del estadio. Y entre ese griterío, también escuchó los abucheos. No le hizo falta girar la cabeza para saber que provenían de las gradas de Kusagakure. Abucheos hacia la jinchūriki de Amegakure. Su rostro se ensombreció momentáneamente, pero no le dio mayor importancia. Podía entender su furia, podía entender su odio visceral, pero también había gente muy querida por ella entre ese público. Y en aquellos momentos tenía que concentrarse en algo más importante para poder deleitarlos.
«Papá, hermano, Kiroe... » Ayame se inclinó hacia la grada de Amegakure, antes de volverse hacia la de los líderes. «Shanise-senpai... Yui-sama. Miradme bien. No os fallaré de nuevo.» Por último, se giró hacia la de Kusagakure, miró a Kintsugi a la cara, su cara cubierta por un antifaz de mariposa, y también le dedicó una reverencia.
Los pies de Ayame caminaron en dirección al centro de la plataforma de combate, y la muchacha se congratuló al comprobar que se trataba un círculo amplio, lo bastante amplio como para moverse con libertad. Llevaba su indumentaria habitual de kunoichi, con un portaobjetos atado a la pierna derecha, una pequeña bolsa en sus lumbares y el carcaj con las flechas cruzado a su espalda. La placa de Amegakure en un brazo, la placa de ninja de rango en alto en el otro. Sus ojos castaños, clavados con sed en el otro extremo del estadio. Había visto al resto de participantes antes de que todo el evento diera comienzo, y muchos de ellos eran conocidos. ¿Pero quién sería su oponente?
Cuando las puertas se abrieron frente a ella y la luz acuchilló sus pupilas sin piedad, tuvo que entrecerrar los ojos con un gesto de dolor. El murmullo de la multitud se transformó de repente en un avasallador tsunami de gritos que la envolvió nada más poner un pie fuera del estadio. Y entre ese griterío, también escuchó los abucheos. No le hizo falta girar la cabeza para saber que provenían de las gradas de Kusagakure. Abucheos hacia la jinchūriki de Amegakure. Su rostro se ensombreció momentáneamente, pero no le dio mayor importancia. Podía entender su furia, podía entender su odio visceral, pero también había gente muy querida por ella entre ese público. Y en aquellos momentos tenía que concentrarse en algo más importante para poder deleitarlos.
«Papá, hermano, Kiroe... » Ayame se inclinó hacia la grada de Amegakure, antes de volverse hacia la de los líderes. «Shanise-senpai... Yui-sama. Miradme bien. No os fallaré de nuevo.» Por último, se giró hacia la de Kusagakure, miró a Kintsugi a la cara, su cara cubierta por un antifaz de mariposa, y también le dedicó una reverencia.
Los pies de Ayame caminaron en dirección al centro de la plataforma de combate, y la muchacha se congratuló al comprobar que se trataba un círculo amplio, lo bastante amplio como para moverse con libertad. Llevaba su indumentaria habitual de kunoichi, con un portaobjetos atado a la pierna derecha, una pequeña bolsa en sus lumbares y el carcaj con las flechas cruzado a su espalda. La placa de Amegakure en un brazo, la placa de ninja de rango en alto en el otro. Sus ojos castaños, clavados con sed en el otro extremo del estadio. Había visto al resto de participantes antes de que todo el evento diera comienzo, y muchos de ellos eran conocidos. ¿Pero quién sería su oponente?