1/04/2020, 23:28
(Última modificación: 2/04/2020, 18:34 por Amedama Daruu. Editado 3 veces en total.
Razón: Objetos mal conteados
)
Daruu respiró hondo y volvió a hacer la cuenta atrás, desde el número veinte. Es lo que hacía cuando estaba impaciente, una de esas tonterías que se le quedan a uno de niño. Su pie derecho daba golpecitos con la punta en el suelo. Se frotaba las manos inquieto. Había muchas posibilidades.
Una de las que prefería, que le tocara un kusareño. Así podría mirar a los ojos a esa perra de Kintsugi tras derrotarlo. En la primera división habían tres: a dos de ellos los conocía y los había considerado amigos suyos. Era una lástima que estuvieran en el bando equivocado. Al pensar en ellos sintió de verdad lástima: pero si descubría que apoyaban a su Kage dejarían de ser amigos. Por otro lado había otro ninja acompañado de un perro. A ese no lo conocía, pero consideraba injusto que luchase junto a un animal sin invocarlo.
De parte de Uzushiogakure entraban Eri y Datsue, ambos buenos amigos. Si tocaba enfrentarse a ellos se lo tomaría como un reto divertido. Esa sería una posibilidad buena también. Lo mismo con sus compañeros de villa. Conocía tanto a Ayame como Rōga. Lo que pasa es que no quería enfrentarse contra Ayame en la primera ronda, porque eso significaría que alguno de los dos se quedaría fuera de la final.
«Una final contra ti, eso es lo que yo querría tener.»
La puerta se abrió cuando sólo quedaban tres segundos para la cuenta final. Y aunque tuvo que dar alguna que otra explicación, el samurai no tardó en escoltarle a la puerta de entrada al ring de combate.
Se tapó la mano para huir del sol en cuanto lo recibió en la cara. El jaleo del público le hizo empequeñecerse. Daruu esperaba demostrar su valía ante los suyos y ante su Kage, pero no disfrutaba de ser el centro de atención de tanta gente al mismo tiempo. Le pareció distinguir las dos muecas contrariadas de Zetsuo y de su madre junto a una inconfundible e inexpresiva figura blanca. Entonces pudo abrir los ojos y distinguir bien a su oponente.
Y descubrió por qué.
Chasqueó la lengua.
—¡Mierda! —«¿Por qué? ¡No!»—. ¿Ayame? —Daruu suspiró, sonrió y miró a la grada de Amegakure. Se encontró con los ojos de la Tormenta y sonrió. Luego paseó sus luceros blancos por la figura de la indeseable Morikage y los entrecerró. Activó su Byakugan, los mantuvo fijos en ella y escupió a un lado.
Cada cual que hiciera las conexiones mentales que prefiriese.
Formó el sello de la confrontación.
»Es una lástima. Me hubiera gustado verte perder más adelante. —El muchacho le guiñó un ojo a su compañera, picoso.
Una de las que prefería, que le tocara un kusareño. Así podría mirar a los ojos a esa perra de Kintsugi tras derrotarlo. En la primera división habían tres: a dos de ellos los conocía y los había considerado amigos suyos. Era una lástima que estuvieran en el bando equivocado. Al pensar en ellos sintió de verdad lástima: pero si descubría que apoyaban a su Kage dejarían de ser amigos. Por otro lado había otro ninja acompañado de un perro. A ese no lo conocía, pero consideraba injusto que luchase junto a un animal sin invocarlo.
De parte de Uzushiogakure entraban Eri y Datsue, ambos buenos amigos. Si tocaba enfrentarse a ellos se lo tomaría como un reto divertido. Esa sería una posibilidad buena también. Lo mismo con sus compañeros de villa. Conocía tanto a Ayame como Rōga. Lo que pasa es que no quería enfrentarse contra Ayame en la primera ronda, porque eso significaría que alguno de los dos se quedaría fuera de la final.
«Una final contra ti, eso es lo que yo querría tener.»
La puerta se abrió cuando sólo quedaban tres segundos para la cuenta final. Y aunque tuvo que dar alguna que otra explicación, el samurai no tardó en escoltarle a la puerta de entrada al ring de combate.
Se tapó la mano para huir del sol en cuanto lo recibió en la cara. El jaleo del público le hizo empequeñecerse. Daruu esperaba demostrar su valía ante los suyos y ante su Kage, pero no disfrutaba de ser el centro de atención de tanta gente al mismo tiempo. Le pareció distinguir las dos muecas contrariadas de Zetsuo y de su madre junto a una inconfundible e inexpresiva figura blanca. Entonces pudo abrir los ojos y distinguir bien a su oponente.
Y descubrió por qué.
Chasqueó la lengua.
—¡Mierda! —«¿Por qué? ¡No!»—. ¿Ayame? —Daruu suspiró, sonrió y miró a la grada de Amegakure. Se encontró con los ojos de la Tormenta y sonrió. Luego paseó sus luceros blancos por la figura de la indeseable Morikage y los entrecerró. Activó su Byakugan, los mantuvo fijos en ella y escupió a un lado.
Cada cual que hiciera las conexiones mentales que prefiriese.
Formó el sello de la confrontación.
»Es una lástima. Me hubiera gustado verte perder más adelante. —El muchacho le guiñó un ojo a su compañera, picoso.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)