2/04/2020, 21:34
Ayame vio a Daruu adoptar su peculiar estilo de combate: con las rodillas y los codos flexionados, y las palmas hacia ella. Comenzó a andar en círculos, rodeándola. Pero, con el corazón bombeándole con fuerza, ella movía los pies a su mismo son, sin dejar que cerrara distancias.
Hacía mucho que no combatía contra él, pero seguía recordando lo que hacían esos ojos. Y sabía que, ahora que había recuperado el Byakugan, las ilusiones visuales habían dejado de ser una opción a considerar contra él. También podía atravesar cualquier cosa con su mirada, podía ver el chakra, podía ver a su alrededor sin girar la cabeza...
En definitiva:
«Tengo que evitar esos ojos...» Ayame frunció el ceño.
Estaba completamente concentrada en lo que tenía frente a ella. Todo lo demás había desaparecido. Nada más tenía importancia. Ahora sólo quedaba:
Combatir.
Carnero.
Ayame respiró hondo y después expelió desde sus labios una densa cortina de agua que se transformó en una niebla tan densa que envolvió casi todo el campo de combate en un manto blanquecino y opaco. La propia kunoichi se disolvió en ella. Y el público en las gradas, indignado, comenzó a gritar.
—¡¡¡NO SE VEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!
—¡¡VAMOS, JODER, DARUU, NO ME HAGAS QUEDAR MAL, ATACA! ¡NO, PERO QUÉ ESTÁS HACIENDO, MUÉVETE, VAMOS, TÍRALE UN SUIRYŪDAN, VAMOOOOOOS!!
Kiroe se estaba desgañitando desde las gradas y Kōri, probablemente en un intento por no quedarse sordo, se había inclinado lateralmente, poniendo distancia entre él y la mujer.
—¡Agh! ¡Deja de gritar, joder! —bramó Zetsuo, frotándose el oído.
Pero entonces escuchó el bramido del público y volvió la cabeza al campo de combate. Una densa niebla lo envolvía todo, impidiéndoles ver lo que ocurría en su interior. Pero el médico no se sumó a las protestas. En su lugar, sus labios se curvaron en una media sonrisa.
«Tu mejor táctica.»
Hacía mucho que no combatía contra él, pero seguía recordando lo que hacían esos ojos. Y sabía que, ahora que había recuperado el Byakugan, las ilusiones visuales habían dejado de ser una opción a considerar contra él. También podía atravesar cualquier cosa con su mirada, podía ver el chakra, podía ver a su alrededor sin girar la cabeza...
En definitiva:
«Tengo que evitar esos ojos...» Ayame frunció el ceño.
Estaba completamente concentrada en lo que tenía frente a ella. Todo lo demás había desaparecido. Nada más tenía importancia. Ahora sólo quedaba:
Combatir.
Carnero.
Ayame respiró hondo y después expelió desde sus labios una densa cortina de agua que se transformó en una niebla tan densa que envolvió casi todo el campo de combate en un manto blanquecino y opaco. La propia kunoichi se disolvió en ella. Y el público en las gradas, indignado, comenzó a gritar.
—¡¡¡NO SE VEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!
. . .
—¡¡VAMOS, JODER, DARUU, NO ME HAGAS QUEDAR MAL, ATACA! ¡NO, PERO QUÉ ESTÁS HACIENDO, MUÉVETE, VAMOS, TÍRALE UN SUIRYŪDAN, VAMOOOOOOS!!
Kiroe se estaba desgañitando desde las gradas y Kōri, probablemente en un intento por no quedarse sordo, se había inclinado lateralmente, poniendo distancia entre él y la mujer.
—¡Agh! ¡Deja de gritar, joder! —bramó Zetsuo, frotándose el oído.
Pero entonces escuchó el bramido del público y volvió la cabeza al campo de combate. Una densa niebla lo envolvía todo, impidiéndoles ver lo que ocurría en su interior. Pero el médico no se sumó a las protestas. En su lugar, sus labios se curvaron en una media sonrisa.
«Tu mejor táctica.»