3/04/2020, 16:20
Súbitamente, una estela se alzó sobre la niebla, rápida como un halcón, y desplegó sus alas de agua para mantenerse a flote. El público lanzó una exclamación ahogada de sorpresa, pero Ayame no pareció escucharlos. Seguía con la mirada clavada en el denso manto de bruma que se extendía bajo sus pies, estudiando la situación. Pero cuando estaba preparada para lanzar su siguiente ofensiva, algo surgió del mar de niebla: dos proyectiles pequeños que se abalanzaron sobre ella. Ayame agitó las alas para ganar altura y evitarlas, pero una de las agujas alcanzó su pierna, liberando un pequeñísimo estallido de agua en el proceso y arrancándole un ligero gesto de dolor.
—No malgastes chakra. Puedo verte —escuchó la voz de Daruu allí abajo—. Desactiva la niebla, esta gente quiere ver las hostias.
«Ni siquiera la niebla sirve...» Ayame chasqueó la lengua, contrariada.
Le hizo caso. La espesa capa de niebla se disolvió, convirtiéndose en jirones que se evaporaron en el aire. De nada le serviría mantener esa técnica activa si él sí podía verla, sólo se estaría perjudicando a sí misma. Tendría que cambiar de táctica.
Aún en el aire, la kunoichi entrelazó las manos en el sello del Tigre y escupió hacia el suelo una bocanada de agua que se alzó, tomando su misma apariencia. La réplica de agua, idéntica a ella pero sin alas, arrancó a correr contra Daruu, mientras la original tomaba cuatro shuriken y los arrojaba contra su adversario, y las estrellas trazaron sendos arcos contra él: dos dirigidos a los brazos, dos a las piernas.
Y Kiroe se inclinó para poder mirar a Zetsuo directamente. Le hizo una pedorreta, de forma tan estruendosa que salpicó al médico con su saliva; el cual, con cara de absoluto asco y la vena palpitándole en la sien, se limpió con la manga de su camiseta.
—¡Al menos mi hijo tiene quien le anime, carapasa! ¿¡Cuántos ryōs a que le gana a Ayame!?
—¡¿Que cuantos ryō?! —bramó él, al borde de la ofensa—. Quinientos. Tu chiquillo pastelero no tiene nada que hacer. Después de esto será mejor que se dedique a atender esa pastelería vuestra, porque va a quedar para el arrastre, bruja.
Sin embargo, en aquellos instantes, era el orgullo de Zetsuo el que estaba hablando por él. La niebla de su hija no había servido de nada, esos malditos ojos eran un arma demasiado peligrosa cuando estaban en el otro bando. ¿Realmente Ayame podía tener alguna posibilidad?
«No te abalances de nuevo a gastar todo el chakra.»
—No malgastes chakra. Puedo verte —escuchó la voz de Daruu allí abajo—. Desactiva la niebla, esta gente quiere ver las hostias.
«Ni siquiera la niebla sirve...» Ayame chasqueó la lengua, contrariada.
Le hizo caso. La espesa capa de niebla se disolvió, convirtiéndose en jirones que se evaporaron en el aire. De nada le serviría mantener esa técnica activa si él sí podía verla, sólo se estaría perjudicando a sí misma. Tendría que cambiar de táctica.
Aún en el aire, la kunoichi entrelazó las manos en el sello del Tigre y escupió hacia el suelo una bocanada de agua que se alzó, tomando su misma apariencia. La réplica de agua, idéntica a ella pero sin alas, arrancó a correr contra Daruu, mientras la original tomaba cuatro shuriken y los arrojaba contra su adversario, y las estrellas trazaron sendos arcos contra él: dos dirigidos a los brazos, dos a las piernas.
Y Kiroe se inclinó para poder mirar a Zetsuo directamente. Le hizo una pedorreta, de forma tan estruendosa que salpicó al médico con su saliva; el cual, con cara de absoluto asco y la vena palpitándole en la sien, se limpió con la manga de su camiseta.
—¡Al menos mi hijo tiene quien le anime, carapasa! ¿¡Cuántos ryōs a que le gana a Ayame!?
—¡¿Que cuantos ryō?! —bramó él, al borde de la ofensa—. Quinientos. Tu chiquillo pastelero no tiene nada que hacer. Después de esto será mejor que se dedique a atender esa pastelería vuestra, porque va a quedar para el arrastre, bruja.
Sin embargo, en aquellos instantes, era el orgullo de Zetsuo el que estaba hablando por él. La niebla de su hija no había servido de nada, esos malditos ojos eran un arma demasiado peligrosa cuando estaban en el otro bando. ¿Realmente Ayame podía tener alguna posibilidad?
«No te abalances de nuevo a gastar todo el chakra.»