3/04/2020, 18:18
(Última modificación: 3/04/2020, 18:22 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
Daruu dio dos rápidos pasos hacia atrás y los shuriken, al continuar su trayectoria y terminar chocando entre sí, tintinearon y dieron varios giros antinaturales cuando los hilos metálicos que los unían se enredaron y terminaron cayendo al suelo.
—¡Hakke Kushō! —bramó el shinobi, lanzando una de sus palmas hacia el frente y proyectando una onda de vacío que impactó en el clon y le hizo estallar en una explosión de agua.
Pero mientras Daruu concentraba su atención en los shuriken y la réplica de Ayame, algo estalló en el aire. Un estallido blanco como la nieve. Y el público volvió a ahogar una exclamación; pero, esta vez, de terror. Y Aotsuki Zetsuo se levantó de golpe en su asiento, con el rostro lívido y la mano tensa como nunca sobre el respaldo de la butaca que tenía frente a sí.
—¡¿QUÉ COJONES ESTÁ HACIENDO?!
Daruu lo había dicho: querían espectáculo. Pues espectáculo iban a tener. Después de todo, aquel combate no era sólo entre Daruu y Ayame. Era una exhibición de fuerza para los Daimyō. Pero, para Ayame, también podía servir para lanzar un mensaje. ¿Y qué mejor momento para hacerlo que aquel, con todo el mundo presente, con Daruu como su oponente?
Después de todo, era ella la que había llamado la atención en numerosas ocasiones por el mismo motivo: Por perder el control sobre su bijū. Pero esta vez no había ningún control que perder.
Ayame... Kokuō dirigió sus ojos aguamarina hacia Daruu y sus cabellos níveos ondearon en el aire.
—Veamos lo que sabes hacer... Aprendiz de Zetsuo —sentenciaron sus labios, sus voces entremezcladas a la perfección, y sus manos se entrelazaron en el Tigre.
El aire alrededor de Daruu se vio inundado de repente por una infinidad de plumas. Plumas blancas que bailaban de un lado a otro de forma sugestivas, invitándole a abandonar el combate y, simplemente, dormir. Al contrario que el Sharingan, el Byakugan no podía anular ilusiones, aunque sí ver el chakra que desprendían. ¿Pero le bastaría con eso para resistir su influjo?
—¡Hakke Kushō! —bramó el shinobi, lanzando una de sus palmas hacia el frente y proyectando una onda de vacío que impactó en el clon y le hizo estallar en una explosión de agua.
Pero mientras Daruu concentraba su atención en los shuriken y la réplica de Ayame, algo estalló en el aire. Un estallido blanco como la nieve. Y el público volvió a ahogar una exclamación; pero, esta vez, de terror. Y Aotsuki Zetsuo se levantó de golpe en su asiento, con el rostro lívido y la mano tensa como nunca sobre el respaldo de la butaca que tenía frente a sí.
—¡¿QUÉ COJONES ESTÁ HACIENDO?!
Daruu lo había dicho: querían espectáculo. Pues espectáculo iban a tener. Después de todo, aquel combate no era sólo entre Daruu y Ayame. Era una exhibición de fuerza para los Daimyō. Pero, para Ayame, también podía servir para lanzar un mensaje. ¿Y qué mejor momento para hacerlo que aquel, con todo el mundo presente, con Daruu como su oponente?
Después de todo, era ella la que había llamado la atención en numerosas ocasiones por el mismo motivo: Por perder el control sobre su bijū. Pero esta vez no había ningún control que perder.
Ayame... Kokuō dirigió sus ojos aguamarina hacia Daruu y sus cabellos níveos ondearon en el aire.
—Veamos lo que sabes hacer... Aprendiz de Zetsuo —sentenciaron sus labios, sus voces entremezcladas a la perfección, y sus manos se entrelazaron en el Tigre.
El aire alrededor de Daruu se vio inundado de repente por una infinidad de plumas. Plumas blancas que bailaban de un lado a otro de forma sugestivas, invitándole a abandonar el combate y, simplemente, dormir. Al contrario que el Sharingan, el Byakugan no podía anular ilusiones, aunque sí ver el chakra que desprendían. ¿Pero le bastaría con eso para resistir su influjo?