3/04/2020, 22:07
"Hablar de la situación". Sí, eran unas palabras bastante curiosas, a decir verdad.
Cuando se enteró de que su hermanito pequeño iba a ser jounin, no se lo llegó a creer: estuvo de acuerdo en el momento en que se marchó al examen chunin. Después de todo, tenía práctica y ya había actuado bastante como genin. Pero... ¿Un jounin? No, no podía ser.
Por eso mismo, cuando se enteró de que no solo obstentaba ese título, sino que, además, tenía un alumno, no pudo creerlo. Kazuma, un chico solo, marginado, separado de su promoción, y su hermano. Una extraña pareja, a decir verdad. Se había acostumbrado a verlos juntos e incluso le había invitado a casa alguna vez. Se podía decir, desde luego, que desde su primer encuentro (ese en el que se transformó en una psicópata dueña de una gran cantidad de artilugios de tortura), se habían acabado llevando bien. Muy bien.
Supuso que eso era también otra de las cosas que más le molestaba: ese chico le recordaba aún más a su hermano. Y bastante tenía ya con su casa, el taller de marionetas y las miradas de la gente.
Kazuma representaba a Juro. A lo poco bueno que había quedado de él en esa villa. Y aun así, si nada de eso hubiera pasado, si él no se hubiera hecho jounin, si el Morikage no se hubiera fijado en él para ser el guardián... quizá, si simplemente Kazuma no estuviera ahí delante, frente a ella, nada de todo aquello habría llegado a suceder.
Apretó ligeramente los puños, tras su camisa, para que el chico no la viera.
No, no podía culparle de algo así. Aunque en el fondo, no podía quitárselo de la cabeza.
— Está bien — dejo entrever un suspiro que claramente indicaba sus ánimos frente a la situación —. Pasa. No creo que quieras que nadie te vea en este lugar.
Katsue le indicó que cerrara la puerta y después, se marchó hacia el mostrador, dónde guardaban todos los utensilios a la venta de su tienda. Estaba prácticamente vacío. . Ahí, tenía una pequeña banqueta donde se sentó.
El interior era... oscuro., Casi todas las ventanas estaban cerradas, simbolizando el humor de los Eikyuu en ese momento. La tienda no solo no había sido limpiada, sino que además, estaba completamente descuidada. Su dueña no parecía haberla utilizado en estos últimos diás, y tampoco, con muchos ánimos de poner remedio a ello.
Cuando se enteró de que su hermanito pequeño iba a ser jounin, no se lo llegó a creer: estuvo de acuerdo en el momento en que se marchó al examen chunin. Después de todo, tenía práctica y ya había actuado bastante como genin. Pero... ¿Un jounin? No, no podía ser.
Por eso mismo, cuando se enteró de que no solo obstentaba ese título, sino que, además, tenía un alumno, no pudo creerlo. Kazuma, un chico solo, marginado, separado de su promoción, y su hermano. Una extraña pareja, a decir verdad. Se había acostumbrado a verlos juntos e incluso le había invitado a casa alguna vez. Se podía decir, desde luego, que desde su primer encuentro (ese en el que se transformó en una psicópata dueña de una gran cantidad de artilugios de tortura), se habían acabado llevando bien. Muy bien.
Supuso que eso era también otra de las cosas que más le molestaba: ese chico le recordaba aún más a su hermano. Y bastante tenía ya con su casa, el taller de marionetas y las miradas de la gente.
Kazuma representaba a Juro. A lo poco bueno que había quedado de él en esa villa. Y aun así, si nada de eso hubiera pasado, si él no se hubiera hecho jounin, si el Morikage no se hubiera fijado en él para ser el guardián... quizá, si simplemente Kazuma no estuviera ahí delante, frente a ella, nada de todo aquello habría llegado a suceder.
Apretó ligeramente los puños, tras su camisa, para que el chico no la viera.
No, no podía culparle de algo así. Aunque en el fondo, no podía quitárselo de la cabeza.
— Está bien — dejo entrever un suspiro que claramente indicaba sus ánimos frente a la situación —. Pasa. No creo que quieras que nadie te vea en este lugar.
Katsue le indicó que cerrara la puerta y después, se marchó hacia el mostrador, dónde guardaban todos los utensilios a la venta de su tienda. Estaba prácticamente vacío. . Ahí, tenía una pequeña banqueta donde se sentó.
El interior era... oscuro., Casi todas las ventanas estaban cerradas, simbolizando el humor de los Eikyuu en ese momento. La tienda no solo no había sido limpiada, sino que además, estaba completamente descuidada. Su dueña no parecía haberla utilizado en estos últimos diás, y tampoco, con muchos ánimos de poner remedio a ello.
Hablo / Pienso
Avatar hecho por la increible Eri-sama.
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Sellos implantados: Hermandad intrepida
- Juro y Datsue : Aliento nevado, 218. Poder:60