4/04/2020, 04:56
Había logrado conectar su Hakuto Gekkō , pero lejos de sentirse victorioso, el corazón de Ranko se estrujó. Takumi se estaba esforzando demasiado, sangraba y parecía costarle avanzar. Hasta había perdido las gafas. Incluso cuando el chico rugió que no se rendiría, Ranko no podía tomarlo como igual.
"Pero debería. Es un combate. Es un torneo. Si lo menosprecio, lo estaré insultando. Pero si lo doy todo, podría herirlo de gravedad. Yo también me estoy cansando, pero no es ni de lejos lo de él… No es mi Camino Ninja el contenerme ante otros, ni tampoco lo es el atacar sin tregua. Lo lamento, Takumi-san. Creo que los Dioses fueron crueles al ponerte contra mí."
Takumi corrió hacia ella.
"Podría rendirme. Así Takumi-san no correría el riesgo de lastimarse. No, ¿qué estoy diciendo? ¡Sería una deshonra total para mí y para los míos! ¡El Conejo Blanco rindiéndose! ¡Una Sagisō! ¡Una Kusajin! No. ¿Qué hacer, entonces?”
Ranko llevaría su mano a la empuñadura de Higanbana, su wakizashi, pues sabía que el chico había ido a por sus kunai. Se preparó para bloquear, pero Takumi dio un salto hacia atrás y lanzó sus armas en un movimiento en espiral. La Kusajin dio un salto hacia su izquierda mientras desenvainaba a Higanbana y bloqueaba el proyectil más cercano. Luego blandiría su wakizashi para cortar el hilo del kunai que acababa de bloquear, y se quedaría a la espectativa del otro. Suponía que, al haberlo esquivado, Takumi lo redirigiría hacia ella, aunque no estaba segura de los límites de esos hilos de chakra.
—E-es un jutsu interesante, Takumi-san —dijo sin bajar la guardia, con espada en ristre. Tosió —. Ti… Tienes espíritu. Espíritu de pelea, como un shinobi de Kusagakure. E-es admirable, y-y por ello me alegra haberme e-enfrentado a ti. Sin… Sin embargo… Está bien alejarse de vez en cuando. E-es sensato retroceder y-y reagruparse.
Ranko avanzaría hacia él, muy lentamente, con su wakizashi lista para bloquear el otro kunai, en caso de que decidiera arrojárselo. Caería en cuenta de a poco del dolor de su brazo y su hombro, y las manchas rojas sobre las prendas blancas. Lamentó ensuciarlas tan rápido.
—Ya has demostrado lo que puedes hacer.
Enfocada en la pelea, Ranko no lograba escuchar bien los gritos de la audiencia.
—¡Hakuto va ganando, señores! ¡Y qué fabulosa se ve! —gritaba Kuumi, su hermana. Pero las otras voces no eran tan positivas.
—¡Ya, acábalo!
—¡Córtale la cabeza, como sucia Kusajin que eres!
—¡Esto claramente fue arreglado por la vieja de Kintsugi!
"Pero debería. Es un combate. Es un torneo. Si lo menosprecio, lo estaré insultando. Pero si lo doy todo, podría herirlo de gravedad. Yo también me estoy cansando, pero no es ni de lejos lo de él… No es mi Camino Ninja el contenerme ante otros, ni tampoco lo es el atacar sin tregua. Lo lamento, Takumi-san. Creo que los Dioses fueron crueles al ponerte contra mí."
Takumi corrió hacia ella.
"Podría rendirme. Así Takumi-san no correría el riesgo de lastimarse. No, ¿qué estoy diciendo? ¡Sería una deshonra total para mí y para los míos! ¡El Conejo Blanco rindiéndose! ¡Una Sagisō! ¡Una Kusajin! No. ¿Qué hacer, entonces?”
Ranko llevaría su mano a la empuñadura de Higanbana, su wakizashi, pues sabía que el chico había ido a por sus kunai. Se preparó para bloquear, pero Takumi dio un salto hacia atrás y lanzó sus armas en un movimiento en espiral. La Kusajin dio un salto hacia su izquierda mientras desenvainaba a Higanbana y bloqueaba el proyectil más cercano. Luego blandiría su wakizashi para cortar el hilo del kunai que acababa de bloquear, y se quedaría a la espectativa del otro. Suponía que, al haberlo esquivado, Takumi lo redirigiría hacia ella, aunque no estaba segura de los límites de esos hilos de chakra.
—E-es un jutsu interesante, Takumi-san —dijo sin bajar la guardia, con espada en ristre. Tosió —. Ti… Tienes espíritu. Espíritu de pelea, como un shinobi de Kusagakure. E-es admirable, y-y por ello me alegra haberme e-enfrentado a ti. Sin… Sin embargo… Está bien alejarse de vez en cuando. E-es sensato retroceder y-y reagruparse.
Ranko avanzaría hacia él, muy lentamente, con su wakizashi lista para bloquear el otro kunai, en caso de que decidiera arrojárselo. Caería en cuenta de a poco del dolor de su brazo y su hombro, y las manchas rojas sobre las prendas blancas. Lamentó ensuciarlas tan rápido.
—Ya has demostrado lo que puedes hacer.
Enfocada en la pelea, Ranko no lograba escuchar bien los gritos de la audiencia.
—¡Hakuto va ganando, señores! ¡Y qué fabulosa se ve! —gritaba Kuumi, su hermana. Pero las otras voces no eran tan positivas.
—¡Ya, acábalo!
—¡Córtale la cabeza, como sucia Kusajin que eres!
—¡Esto claramente fue arreglado por la vieja de Kintsugi!
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