6/04/2020, 19:41
Entonces, una de las agujas explotó. Pero no fue una vorágine de fuego y humo, como a las que estaba acostumbrada Ayame. Fue un golpe que la sacudió de arriba a abajo como el de un martillo gigante que la arrancó del suelo, un remolino que la envolvió por todas partes. Arrancó con la misma facilidad el senbon con el cascabel que había clavado en el suelo, y cualquier tipo de plan relacionado con él dejó de tener sentido. Aún tardó varios largos segundos en comprender que era agua. Como la misma agua en la que se había transformado ella por inercia, tratando de evitar la mayor parte del daño. Y aún así, había sido como si le hubiese pasado el ferrocarril por encima.
Dolía. Le dolía todo el cuerpo. Y las fuerzas comenzaban a fallarle. ¿Acaso era así como iba a terminar todo? ¿Con agua!
«No.» Ayame se revolvió en su fuero interno, llena de rabia. «¡No! El agua es mi dominio. ¡No vas a apropiarte de él!»
En el exterior, las aguas del lago recién creado por Daruu permanecían en calma, prácticamente inamovibles tras haber engullido a Ayame. Los segundos fueron pasando, largos pero inamovibles. Y cuando las dos réplicas del Hyūga se dispusieron a buscar a la kunoichi con sus temibles espadas cargadas de electricidad, ocurrió. El agua volvió a rugir. El monstruo había vuelto a despertar. Y se alzó en su extremo más próximo a la pared de la humareda. Se alzó como uno de los rascacielos de Amegakure y formó una colosal ola. Y sobre ella...
—¡¡¡¡¡YO SOY EL AGUAAAAAAAAAAAAA!!!!!
Sobre ella estaba Ayame, surfeando la ola que estaba a punto de desplomarse sobre Daruu y sus réplicas.
Dolía. Le dolía todo el cuerpo. Y las fuerzas comenzaban a fallarle. ¿Acaso era así como iba a terminar todo? ¿Con agua!
«No.» Ayame se revolvió en su fuero interno, llena de rabia. «¡No! El agua es mi dominio. ¡No vas a apropiarte de él!»
En el exterior, las aguas del lago recién creado por Daruu permanecían en calma, prácticamente inamovibles tras haber engullido a Ayame. Los segundos fueron pasando, largos pero inamovibles. Y cuando las dos réplicas del Hyūga se dispusieron a buscar a la kunoichi con sus temibles espadas cargadas de electricidad, ocurrió. El agua volvió a rugir. El monstruo había vuelto a despertar. Y se alzó en su extremo más próximo a la pared de la humareda. Se alzó como uno de los rascacielos de Amegakure y formó una colosal ola. Y sobre ella...
—¡¡¡¡¡YO SOY EL AGUAAAAAAAAAAAAA!!!!!
Sobre ella estaba Ayame, surfeando la ola que estaba a punto de desplomarse sobre Daruu y sus réplicas.