6/04/2020, 21:26
(Última modificación: 6/04/2020, 21:26 por Aotsuki Ayame.)
El humo se dispersó al fin, y los jirones oscuros temrinaron por dejar a la vista al Hyūga, que en ese momento tomaba una profunda bocanada de aire y juntaba las manos en una palmada. Con un último sello formado entre sus dedos, sus brazos se envolvieron de electricidad. Y cuando los extendió hacia el corazón de la ola, esa electricidad salió zigzagueante y se combinó en una gigantesca serpiente de rayo que embistió con toda la furia de Raijin contra la encarnación de Suijin y lo partió limpiamente por la mitad.
Los pies de Ayame perdieron el contacto, y la kunoichi quedó suspendida en el aire momentáneamente. Sólo era cuestión de segundos que las garras de la gravedad terminaran atrapándola, pero Daruu no estaba dispuesto a perder la ocasión.
—Y yo seré la Tormenta.
Saltó, con los brazos en cruz, al encuentro de la Sirena y sus espadas volvieron a recubrirse de electricidad. Los dos filos cortaron en cruz, el rayo recorrió el cuerpo de Ayame que, con el gesto encogido por el dolor terminó sonriendo, antes de que su cuerpo estallara en agua.
Y ese agua giró y se transformó en un peligroso taladro hidráulicoque se abalanzó sobre Daruu
Y abajo, sobre la superficie del lago que ambos habían creado con sus técnicas, Ayame resollaba como si le fuera la vida en ello. Casi de forma literal. Le dolía todo el cuerpo, le ardían los pulmones, y la vista... La muchacha sacudió la cabeza, intentando por todos los medios definir su campo de visión.
Los pies de Ayame perdieron el contacto, y la kunoichi quedó suspendida en el aire momentáneamente. Sólo era cuestión de segundos que las garras de la gravedad terminaran atrapándola, pero Daruu no estaba dispuesto a perder la ocasión.
—Y yo seré la Tormenta.
Saltó, con los brazos en cruz, al encuentro de la Sirena y sus espadas volvieron a recubrirse de electricidad. Los dos filos cortaron en cruz, el rayo recorrió el cuerpo de Ayame que, con el gesto encogido por el dolor terminó sonriendo, antes de que su cuerpo estallara en agua.
Y ese agua giró y se transformó en un peligroso taladro hidráulicoque se abalanzó sobre Daruu
Y abajo, sobre la superficie del lago que ambos habían creado con sus técnicas, Ayame resollaba como si le fuera la vida en ello. Casi de forma literal. Le dolía todo el cuerpo, le ardían los pulmones, y la vista... La muchacha sacudió la cabeza, intentando por todos los medios definir su campo de visión.