12/04/2020, 15:42
El de Kusa, pero no el otro de Kusa —el de rastas y eso—, no pudo evitar la sorpresa al ver que su defensa se evaporaba. Pensó que simplemente Yota le causaría un buen golpe, pero no pensó ni remotamente que esa cosa con tantas patas desaparecería. Bien podía tratarse de una burda copia del animal, un bunshin, o a saber qué había pasado... Sin embargo, Yota pareció bien afectado, un grito se le escapó de lo más profundo de su ser en lo que la irregular electricidad provocó un chispazo que repelió al Inuzuka.
Su intento de golpearlo aprovechando el escudo arácnido se vio frustrado en varios sentidos, pues no estaba del todo seguro de qué había pasado con el bicho. Etsu se levantó se antepuso tan rápido como le fue posible al golpe, llevandose una mano al estómago. Frente a el, ahora era su oponente quien no quería dar tregua. Yota elaboraba una gran serie de sellos, y tras ello bramó un extraño nombre. Poco después, el suelo comenzó a ser devorado por decenas de manos.
«¿¡PERO QUÉ...!?»
El rastas no podía dar crédito a lo que sus ojos le decían. El Kusajin que tenía frente a él había realizado una técnica de invocación, o una técnica de esas prohibidas, pero de las prohibidas de verdad... ¿Estaba resucitando a los muertos?
En apenas unos segundos, Etsu vio como una ingente cantidad de cadáveres dejaban atrás las tumbas, y buscaban con recelo al Inuzuka. Todos y cada uno de ellos empuñaban un aparentemente filoso kunai, y se movían impulsados por a saber qué clase de brujería. Lo único que estaba claro era que su compañero se había pasado tres pueblos. Sí, mucho más que él, una cosa es usar a un aliado como escudo, y otra bien distinta devolver a la vida a almas atormentadas...
Las criaturas avanzaban en lo que algunas partes del cuerpo se le caían, y las vísceras en la mayoría de casos iban dejando un reguero de sangre a su paso. Definir el espectáculo como dantesco era quedarse corto.
«A-al menos... al menos serán frágiles... ¿no?»
Intuía que si se trataba de cadáveres maltrechos, si los golpeaba con fuerza terminarían desmenuzados cual castillo de Legos ante ataque gatuno. Al menos eso pensaba, y no había manera más sencilla de descubrir si estaba en lo cierto que probar a golpear alguno.
Éstos caminaban desde casi que todas direcciones, parecían querer rodear al rastas. A su vez, Akane estaba al otro lado de la plataforma, observando desde la distancia como efectivamente todos parecían envolver a su hermano, pasando olímpicamente de él. Por desgracia, se encontraba algo confuso y pareado, ese bicho de tantas patas el había hecho algo. Si trataba de atacar para defender a su hermano, era muy probable que lo metiese aún en más lío. Mantuvo las distancias, atento a Yota y tratando de no llamar demasiado la atención.
Etsu alzó la guardia, y decidido avanzó apenas tres pasos y lanzó una patada frontal directa hacia el zombie que tenía frente a él. Éste volaría un par de metros hacia detrás, en lo que Etsu buscaba golpear al próximo con un puñetazo. El zombie que había salido volando cayó sobre otros, y a su vez éstos retornaron como el doble de esos dantescos monstruos viscerales. Etsu ni se atrevió a lanzar el puñetazo, por un instante retrocedió, buscando alejarse de ellos...
«¿¡PERO QUÉ COJONES!? ¿¡QUE COÑO PASA AQUÍ!?»
Tenía su guardia bien alta, pero no sabía muy bien qué hacer ahora mismo contra éste apocalíptico ejercito que se le venía encima...
«¡PIENSA! ¡PIENSA! ¡PIENSAAAA!»
En lo que buscaba un buen plan de enfrentamiento, Etsu tomó un papel del portaobjetos, y se lo plantó a sí mismo en la pierna, en la parte posterior de la pantorrilla. Buscaba una salida de ésa situación, pero pocas cosas coherentes se le ocurrían por el momento.
Su intento de golpearlo aprovechando el escudo arácnido se vio frustrado en varios sentidos, pues no estaba del todo seguro de qué había pasado con el bicho. Etsu se levantó se antepuso tan rápido como le fue posible al golpe, llevandose una mano al estómago. Frente a el, ahora era su oponente quien no quería dar tregua. Yota elaboraba una gran serie de sellos, y tras ello bramó un extraño nombre. Poco después, el suelo comenzó a ser devorado por decenas de manos.
«¿¡PERO QUÉ...!?»
El rastas no podía dar crédito a lo que sus ojos le decían. El Kusajin que tenía frente a él había realizado una técnica de invocación, o una técnica de esas prohibidas, pero de las prohibidas de verdad... ¿Estaba resucitando a los muertos?
En apenas unos segundos, Etsu vio como una ingente cantidad de cadáveres dejaban atrás las tumbas, y buscaban con recelo al Inuzuka. Todos y cada uno de ellos empuñaban un aparentemente filoso kunai, y se movían impulsados por a saber qué clase de brujería. Lo único que estaba claro era que su compañero se había pasado tres pueblos. Sí, mucho más que él, una cosa es usar a un aliado como escudo, y otra bien distinta devolver a la vida a almas atormentadas...
Las criaturas avanzaban en lo que algunas partes del cuerpo se le caían, y las vísceras en la mayoría de casos iban dejando un reguero de sangre a su paso. Definir el espectáculo como dantesco era quedarse corto.
«A-al menos... al menos serán frágiles... ¿no?»
Intuía que si se trataba de cadáveres maltrechos, si los golpeaba con fuerza terminarían desmenuzados cual castillo de Legos ante ataque gatuno. Al menos eso pensaba, y no había manera más sencilla de descubrir si estaba en lo cierto que probar a golpear alguno.
Éstos caminaban desde casi que todas direcciones, parecían querer rodear al rastas. A su vez, Akane estaba al otro lado de la plataforma, observando desde la distancia como efectivamente todos parecían envolver a su hermano, pasando olímpicamente de él. Por desgracia, se encontraba algo confuso y pareado, ese bicho de tantas patas el había hecho algo. Si trataba de atacar para defender a su hermano, era muy probable que lo metiese aún en más lío. Mantuvo las distancias, atento a Yota y tratando de no llamar demasiado la atención.
Etsu alzó la guardia, y decidido avanzó apenas tres pasos y lanzó una patada frontal directa hacia el zombie que tenía frente a él. Éste volaría un par de metros hacia detrás, en lo que Etsu buscaba golpear al próximo con un puñetazo. El zombie que había salido volando cayó sobre otros, y a su vez éstos retornaron como el doble de esos dantescos monstruos viscerales. Etsu ni se atrevió a lanzar el puñetazo, por un instante retrocedió, buscando alejarse de ellos...
«¿¡PERO QUÉ COJONES!? ¿¡QUE COÑO PASA AQUÍ!?»
Tenía su guardia bien alta, pero no sabía muy bien qué hacer ahora mismo contra éste apocalíptico ejercito que se le venía encima...
«¡PIENSA! ¡PIENSA! ¡PIENSAAAA!»
En lo que buscaba un buen plan de enfrentamiento, Etsu tomó un papel del portaobjetos, y se lo plantó a sí mismo en la pierna, en la parte posterior de la pantorrilla. Buscaba una salida de ésa situación, pero pocas cosas coherentes se le ocurrían por el momento.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~