18/04/2020, 22:32
Aquel restaurante era un lugar grande, aproximadamente a la mitad de su capacidad, cuya iluminación hacía parecer que todo estaba en llamas, a pesar de que la temperatura no era tan alta ese día. Había una isla en el centro, donde un pequeño grupo de cocineros preparaba platillos para la barra que los rodeaba. Había una buena cantidad de mesas alrededor, con cómodos sillones para los comensales.
Ranko y su hermana, Kuumi, fueron a una de las mesas de la derecha, al lado de una ventana. Ranko estaba ataviada con un yukata blanco con diseños florales plateados y obi a juego. Se notaban vendas alrededor de su antebrazo izquierdo y cubriendo parte de su hombro derecho y cuello. Pero lo que llamaba la atención, al menos a quien conociera a la kunoichi, era su cabello, pues no lo llevaba peinado en una trenza, como siempre, sino que lo llevaba suelto, tan libre como sus rizos podrían serlo.
—Y de veras que esa marioneta. ¡La hiciste añicos! Aunque no pude ver bien qué hiciste por aquella nube… —La pelirroja llevaba una blusa esmeralda, muy similar a un qipao, y pantalones ajustados a juego. Un par de gafas oscuras adornaba su peinado.
—Yo… ahm… la pateé.
—¿¿Ah??
Tomaron asiento. Las chicas quedaban perfectamente visibles al lado de la ventana. Ranko ya había pasado tiempo con sus padres, y Kuumi había insistido en llevar a comer a su hermana para celebrar su victoria en la primera ronda. No obstante, Ranko no lo consideraba una celebración al cien por ciento. Si bien no había visto el resto de los combates, su hermana sí, y se había enterado de varias cosas que le dejaron un terrible sabor de boca.
Una camarera de expresión amable se acercó para dejarles sendos menús.
—Como sea, ¡Pasaste! ¡Demostraste lo que es capaz el Conejo Blanco de Kusagakure!
—N-no crees que es… un poco… no sé… ¿Patético? El que intente… forzar ese nombre?
—Pff… ¿De qué hablas? Claro que no. ¿Crees que la gente se gana apodos de la nada? No, alguien comienza a llamarles así intencionalmente. ¡Confía en tu manager! —Kuumi se apuntó a sí misma con ambos índices.
—¿Mi qué?
Ranko y su hermana, Kuumi, fueron a una de las mesas de la derecha, al lado de una ventana. Ranko estaba ataviada con un yukata blanco con diseños florales plateados y obi a juego. Se notaban vendas alrededor de su antebrazo izquierdo y cubriendo parte de su hombro derecho y cuello. Pero lo que llamaba la atención, al menos a quien conociera a la kunoichi, era su cabello, pues no lo llevaba peinado en una trenza, como siempre, sino que lo llevaba suelto, tan libre como sus rizos podrían serlo.
—Y de veras que esa marioneta. ¡La hiciste añicos! Aunque no pude ver bien qué hiciste por aquella nube… —La pelirroja llevaba una blusa esmeralda, muy similar a un qipao, y pantalones ajustados a juego. Un par de gafas oscuras adornaba su peinado.
—Yo… ahm… la pateé.
—¿¿Ah??
Tomaron asiento. Las chicas quedaban perfectamente visibles al lado de la ventana. Ranko ya había pasado tiempo con sus padres, y Kuumi había insistido en llevar a comer a su hermana para celebrar su victoria en la primera ronda. No obstante, Ranko no lo consideraba una celebración al cien por ciento. Si bien no había visto el resto de los combates, su hermana sí, y se había enterado de varias cosas que le dejaron un terrible sabor de boca.
Una camarera de expresión amable se acercó para dejarles sendos menús.
—Como sea, ¡Pasaste! ¡Demostraste lo que es capaz el Conejo Blanco de Kusagakure!
—N-no crees que es… un poco… no sé… ¿Patético? El que intente… forzar ese nombre?
—Pff… ¿De qué hablas? Claro que no. ¿Crees que la gente se gana apodos de la nada? No, alguien comienza a llamarles así intencionalmente. ¡Confía en tu manager! —Kuumi se apuntó a sí misma con ambos índices.
—¿Mi qué?
Pensamientos (Plum) ✧ Diálogos (PaleVioletRed)