22/04/2020, 20:11
Keisuke se levantó con un inconfundible aire de derrota. No sólo parecía que los genin le hubieran ganado aquella batalla, sino que en realidad había más en juego de lo que pudiera verse a simple vista; y él estaba perdiendo. Abandonó la estancia y cerró con un portazo, tal vez el único gesto de rebeldía que pudo permitirse después de que los dos shinobi le apretaran las tuercas.
La noche llegó sin más inconvenientes. Los muchachos podrían haber pasado el resto del día descansando —el jefe de servicio Yamato les ofreció todas las comodidades de la mansión Kobayashi—, o tal vez investigando a fondo el lugar. Pero lo cierto sería que no encontrarían nada más que lo que ya sabían. Alguien estaba atormentando a la señora empresaria y sus objetos de valor desaparecían a cuentagotas sin que ella le prestara la más mínima atención a este hecho.
Tras la cena, la doble K pudo ver al bueno de Keisuke escurriéndose entre las sombras del comedor. Si salían a su encuentro, el muchacho se limitaría a disimular de mala manera y reconducir sus pasos hacia el gran portón principal.
—¡Ah, shinobis...! Eh, les estaba esperando. Sí —trataba de camuflar sus evidentes nervios con una máscara de educación y formalidad que probablemente ninguno de los dos genin se tragara después de ver su verdadero rostro en el interrogatorio de la mañana—. Ehm... Bueno, venga, que se nos hace tarde...
Karamaru y el tanuki de Kisame se quedaron en la mansión —por si las moscas— y el joven genin acompañó a Keisuke. Nada más abandonar la residencia Kobayashi, el mayordomo tomó una ruta ambigua, y Kisame fue incapaz de determinar si realmente se dirigían hacia donde Keisuke decía...
De repente, al pasar junto a un estrecho callejón, el muchacho viró en la esquina del mismo y echó a correr como alma que llevara Izanami. Probablemente Kisame pudiera atraparle a la carrera, y como si lo supiera, Keisuke derribó de un tirón un pesado cubo de basura que quedó tumbado entre él y su perseguidor, desparramando el contenido por el suelo.
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La noche llegó sin más inconvenientes. Los muchachos podrían haber pasado el resto del día descansando —el jefe de servicio Yamato les ofreció todas las comodidades de la mansión Kobayashi—, o tal vez investigando a fondo el lugar. Pero lo cierto sería que no encontrarían nada más que lo que ya sabían. Alguien estaba atormentando a la señora empresaria y sus objetos de valor desaparecían a cuentagotas sin que ella le prestara la más mínima atención a este hecho.
Tras la cena, la doble K pudo ver al bueno de Keisuke escurriéndose entre las sombras del comedor. Si salían a su encuentro, el muchacho se limitaría a disimular de mala manera y reconducir sus pasos hacia el gran portón principal.
—¡Ah, shinobis...! Eh, les estaba esperando. Sí —trataba de camuflar sus evidentes nervios con una máscara de educación y formalidad que probablemente ninguno de los dos genin se tragara después de ver su verdadero rostro en el interrogatorio de la mañana—. Ehm... Bueno, venga, que se nos hace tarde...
Karamaru y el tanuki de Kisame se quedaron en la mansión —por si las moscas— y el joven genin acompañó a Keisuke. Nada más abandonar la residencia Kobayashi, el mayordomo tomó una ruta ambigua, y Kisame fue incapaz de determinar si realmente se dirigían hacia donde Keisuke decía...
De repente, al pasar junto a un estrecho callejón, el muchacho viró en la esquina del mismo y echó a correr como alma que llevara Izanami. Probablemente Kisame pudiera atraparle a la carrera, y como si lo supiera, Keisuke derribó de un tirón un pesado cubo de basura que quedó tumbado entre él y su perseguidor, desparramando el contenido por el suelo.
1/3 turnos de persecución