8/05/2020, 14:11
¿Saben esa sensación agridulce de cuando planean algo y el tiro sale por la culata?
Etsu se encontraba ahí, delante del Uchiha. Brazos extendidos, dándole a entender que estaba ahí dispuesto a aguantar sus golpes. Que no se derrumbaría por más que lo golpease, que era capaz y más que capaz de darle batalla aunque fuese un jönin. Pero...
Todo se torció de pronto.
Los orbes rojizos del Uchiha comenzaron a girar estrepitosamente, e imitó la pose del Inuzuka. De pronto, desde las propias gradas el público comenzó a arrojar lanzas. Jodidas lanzas que se clavaron en el sorprendido Inuzuka. La primera le atravesó la rodilla, y Etsu gritó de dolor, ira, y una mezcla de angustia y rabia —¡Aaaaargh! —para poco después, la segunda se clavó en su pié, ocasionando el mismo dolor si no más. La tercera al estómago...
«¿¡QUÉ COJONES!?»
¿Cómo es que el propio público estaba acribillando a Etsu con lanzas?
Lo comprendió casi al instante, el Uchiha de nuevo estaba con sus tretas, con los mismos trucos sucios de tortura que solía usar su padre. Juro se lo avisó el año pasado, cuando tuvieron más que palabras durante el examen de chunin. Advirtió de que tanto éste como Akame eran capaces de hacer ilusiones por medio de sus ojos...
Y como sabueso que corre tras un coche, el Inuzuka había caído.
Datsue más chulo que un ocho tumbado, de éstos que imitan a un infinito sin serlo. Se jactó de su treta, Etsu quiso contestarle, pero sus labios estaban sellados. El muy hijo de una hiena, no tuvo la decencia ni de darle esa posibilidad. Paralizado, y mudo, no tuvo más alternativa que callar y sonreír en lo que Datsue se explayaba. El Uchiha se pavoneó más que un pavo real en época de celo, incluso dando a entender que si fuese lo suficientemente fuerte no estaría en las que estaba.
«¡Hijo de puta!»
Regodeándose, se acercó hasta el rastas, y poco a poco en su mano se fue creando una esfera de color turquesa. El Uchiha se acercó para susurrarle, y tras sentenciar que dejase de tocarle los cojones, la impactó la esfera de puro chakra en el pecho al Inuzuka.
—¡¡Tkssuuuuuoooghhh!! —el aire se le escapó en un quejido de dolor e impotencia, en lo que salía volando varios metros en la dirección opuesta.
¡Tap! ¡tap! ¡tap!
El genin rebotó en el suelo hasta tres veces, sintiéndose como si verdaderamente un tren le hubiese pasado por encima. Tal fue el impacto, que terminó casi a la altura de Akane, y casi tan hecho trizas como él.
—Y-y... una... m-mierda...
El Inuzuka clavó su puño contra el ring, y con ello hizo por levantarse de nuevo. Buscó con su mirada al Uchiha, más concretamente a su torso, no pensaba pecar de idiota dos veces. Clavó su rodilla, y con ello casi pudo alzarse, pero tuvo que hacer un inciso para escupir la sangre que le inundaba el paladar.
—¿S-sabes... ? —preguntó, retomando su sonrisa. —Si... cagase en mitad del ring... habrían sobre éste ring... dos mierdas.
Le dolía hasta el alma, pero le iba a golpear donde más le dolía. La cara no, el honor.
¿Pillaría el Uchiha que la segunda mierda era él?
El cuerpo del Inuzuka se tambaleaba, por el dolor y lo que no era solo dolor. Pocas veces se había visto tan llevado al límite, pero debía dejar las cosas bien claras. Nadie —absolutamente nadie— se burlaba de Kusagakure, de su gente, o de la Morikage. Alzó la guardia, dispuesto a dar combate aún. Pero el Inuzuka se movía más que la compresa de una coja, casi parecía dispuesto a desplomarse de un momento a otro.
¿Sería capaz de dar la talla?
Etsu se encontraba ahí, delante del Uchiha. Brazos extendidos, dándole a entender que estaba ahí dispuesto a aguantar sus golpes. Que no se derrumbaría por más que lo golpease, que era capaz y más que capaz de darle batalla aunque fuese un jönin. Pero...
Todo se torció de pronto.
Los orbes rojizos del Uchiha comenzaron a girar estrepitosamente, e imitó la pose del Inuzuka. De pronto, desde las propias gradas el público comenzó a arrojar lanzas. Jodidas lanzas que se clavaron en el sorprendido Inuzuka. La primera le atravesó la rodilla, y Etsu gritó de dolor, ira, y una mezcla de angustia y rabia —¡Aaaaargh! —para poco después, la segunda se clavó en su pié, ocasionando el mismo dolor si no más. La tercera al estómago...
«¿¡QUÉ COJONES!?»
¿Cómo es que el propio público estaba acribillando a Etsu con lanzas?
Lo comprendió casi al instante, el Uchiha de nuevo estaba con sus tretas, con los mismos trucos sucios de tortura que solía usar su padre. Juro se lo avisó el año pasado, cuando tuvieron más que palabras durante el examen de chunin. Advirtió de que tanto éste como Akame eran capaces de hacer ilusiones por medio de sus ojos...
Y como sabueso que corre tras un coche, el Inuzuka había caído.
Datsue más chulo que un ocho tumbado, de éstos que imitan a un infinito sin serlo. Se jactó de su treta, Etsu quiso contestarle, pero sus labios estaban sellados. El muy hijo de una hiena, no tuvo la decencia ni de darle esa posibilidad. Paralizado, y mudo, no tuvo más alternativa que callar y sonreír en lo que Datsue se explayaba. El Uchiha se pavoneó más que un pavo real en época de celo, incluso dando a entender que si fuese lo suficientemente fuerte no estaría en las que estaba.
«¡Hijo de puta!»
Regodeándose, se acercó hasta el rastas, y poco a poco en su mano se fue creando una esfera de color turquesa. El Uchiha se acercó para susurrarle, y tras sentenciar que dejase de tocarle los cojones, la impactó la esfera de puro chakra en el pecho al Inuzuka.
—¡¡Tkssuuuuuoooghhh!! —el aire se le escapó en un quejido de dolor e impotencia, en lo que salía volando varios metros en la dirección opuesta.
¡Tap! ¡tap! ¡tap!
El genin rebotó en el suelo hasta tres veces, sintiéndose como si verdaderamente un tren le hubiese pasado por encima. Tal fue el impacto, que terminó casi a la altura de Akane, y casi tan hecho trizas como él.
—Y-y... una... m-mierda...
El Inuzuka clavó su puño contra el ring, y con ello hizo por levantarse de nuevo. Buscó con su mirada al Uchiha, más concretamente a su torso, no pensaba pecar de idiota dos veces. Clavó su rodilla, y con ello casi pudo alzarse, pero tuvo que hacer un inciso para escupir la sangre que le inundaba el paladar.
—¿S-sabes... ? —preguntó, retomando su sonrisa. —Si... cagase en mitad del ring... habrían sobre éste ring... dos mierdas.
Le dolía hasta el alma, pero le iba a golpear donde más le dolía. La cara no, el honor.
¿Pillaría el Uchiha que la segunda mierda era él?
El cuerpo del Inuzuka se tambaleaba, por el dolor y lo que no era solo dolor. Pocas veces se había visto tan llevado al límite, pero debía dejar las cosas bien claras. Nadie —absolutamente nadie— se burlaba de Kusagakure, de su gente, o de la Morikage. Alzó la guardia, dispuesto a dar combate aún. Pero el Inuzuka se movía más que la compresa de una coja, casi parecía dispuesto a desplomarse de un momento a otro.
¿Sería capaz de dar la talla?
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~