13/05/2020, 23:21
Y como un giro del destino, allá que apareció él. Amedama Daruu, que caminaba distraído leyendo un libro sobre Ninjutsu y silbando cuando escuchó el sonido del instrumento, apenas posado el primer pie en el puente. El Hyūga levantó la mirada y al ver a Rōga, sonrió. Cerró su libro con la mano y lo ajustó en el cinturón del obi. Se acercó al muchacho.
—Ey, Rōga —saludó, apoyándose en la barandilla contraria. Arrugó la nariz—. ¿Eso es tabaco? Os váis a joder los pulmones, tío.
»No soy quien para decirte lo que tienes que hacer, pero que no te extrañe que dentro de unos años no puedas ni correr cinco metros sin cansarte —señaló—. Tómatelo como un consejo. No creo que sea muy inteligente que un shinobi se enganche al tabaco. Por mera supervivencia.
—Ey, Rōga —saludó, apoyándose en la barandilla contraria. Arrugó la nariz—. ¿Eso es tabaco? Os váis a joder los pulmones, tío.
»No soy quien para decirte lo que tienes que hacer, pero que no te extrañe que dentro de unos años no puedas ni correr cinco metros sin cansarte —señaló—. Tómatelo como un consejo. No creo que sea muy inteligente que un shinobi se enganche al tabaco. Por mera supervivencia.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)