20/05/2020, 20:21
—Oh.
Ranko sintió como si un torrente de agua la golpeara de la nada. Siempre había pensado mucho en aquellos que consideraba sus amigos, e imaginaba alzarse como una heroína o guerrera junto a ellos. A su vez, quería dejar en alto siempre a su familia, a Kusagakure y la Morikage. Y sabía que, en algún punto de su vida, tal vez, estos dos pensamientos chocarían.
La Kusajin sabía, por supuesto, que cada Aldea tenía un jinchūriki, pero ignoraba la identidad de los otros dos. No se había interesado siquiera cada que alguien mencionaba al jinchūriki de Amegakure o al jinchūriki de Uzushiogakure. Según Kintsugi, los bijū no eran más que eso, bestias, monstruos salvajes. ¿Y las personas que los tenían sellados? ¿Eran mejores? ¿Para qué buscar sus nombres?
—No —No supo de dónde sacó el valor para alzar la mirada y dirigirla a los orbes de la chica de la luna. Tal vez de la Amejin misma —. E-el principal enemigo de Kusagakure es… es Eikyū Juro-senpai. I-incluso si Ayame-san es un —susurró —jinchūriki… A-Ayame-san no me hizo nada a mí. N-ni a Kusagakure. A-Aunque... —Ranko bajó la mirada, muy apenada. Imaginó una mariposa gigante surgiendo de la nada y juzgándola a su espalda —. Aunque Yondaime-sama…
Calló por un momento, en parte por la gente que comenzaba a fijarse en las féminas, en parte porque no sabía cómo articular sus ideas. Estaba convencida de que la Morikage tenía razones para rechazar a los bijū. Habían destruido mucho ya, ¿por qué confiar en ellos? Por otro lado, Ayame había resultado ser bastante amable con Ranko. ¿Acaso era capaz aquella chica de tal mal?
"No. No creo posible que Ayame-san lo sea. Pero lo que dice sobre los problemas que podía ocasionar... Creo que es cierto."
—A-Ayame-san tiene razón. N-no deberían vernos juntas —Juntó las manos e hizo tres sellos mientras se concentraba. Una nubecilla de humo después, Ranko se vería diferente: su cabello estaba dividido en dos largas trenzas lacias, de brillante color cobrizo; vestía un overol de denim y una blusa manga larga de rayas blancas y negras, y su rostro se había redondeado levemente en la quijada. Cualquiera que la conociera reconocería sus ojos color miel y el resto de sus facciones sin mucho problema. Una nerviosa sonrisa se mostró en su rostro detrás del Henge no Jutsu —. N-n-no soy muy buena con esto... P-pero podría ser suficiente para pasar e-el rato, ¿no cree Ayame-san?
No se daría cuenta sino mucho después, pero Ranko tenía miedo. Le había costado bastante hacerse lentamente del valor de hablar con otras personas y hacerse de amigos. ¿Iba a perderlos tan fácilmente, sin que fuese su responsabilidad? ¿Sin poder hacer nada?
Ranko sintió como si un torrente de agua la golpeara de la nada. Siempre había pensado mucho en aquellos que consideraba sus amigos, e imaginaba alzarse como una heroína o guerrera junto a ellos. A su vez, quería dejar en alto siempre a su familia, a Kusagakure y la Morikage. Y sabía que, en algún punto de su vida, tal vez, estos dos pensamientos chocarían.
La Kusajin sabía, por supuesto, que cada Aldea tenía un jinchūriki, pero ignoraba la identidad de los otros dos. No se había interesado siquiera cada que alguien mencionaba al jinchūriki de Amegakure o al jinchūriki de Uzushiogakure. Según Kintsugi, los bijū no eran más que eso, bestias, monstruos salvajes. ¿Y las personas que los tenían sellados? ¿Eran mejores? ¿Para qué buscar sus nombres?
—No —No supo de dónde sacó el valor para alzar la mirada y dirigirla a los orbes de la chica de la luna. Tal vez de la Amejin misma —. E-el principal enemigo de Kusagakure es… es Eikyū Juro-senpai. I-incluso si Ayame-san es un —susurró —jinchūriki… A-Ayame-san no me hizo nada a mí. N-ni a Kusagakure. A-Aunque... —Ranko bajó la mirada, muy apenada. Imaginó una mariposa gigante surgiendo de la nada y juzgándola a su espalda —. Aunque Yondaime-sama…
Calló por un momento, en parte por la gente que comenzaba a fijarse en las féminas, en parte porque no sabía cómo articular sus ideas. Estaba convencida de que la Morikage tenía razones para rechazar a los bijū. Habían destruido mucho ya, ¿por qué confiar en ellos? Por otro lado, Ayame había resultado ser bastante amable con Ranko. ¿Acaso era capaz aquella chica de tal mal?
"No. No creo posible que Ayame-san lo sea. Pero lo que dice sobre los problemas que podía ocasionar... Creo que es cierto."
—A-Ayame-san tiene razón. N-no deberían vernos juntas —Juntó las manos e hizo tres sellos mientras se concentraba. Una nubecilla de humo después, Ranko se vería diferente: su cabello estaba dividido en dos largas trenzas lacias, de brillante color cobrizo; vestía un overol de denim y una blusa manga larga de rayas blancas y negras, y su rostro se había redondeado levemente en la quijada. Cualquiera que la conociera reconocería sus ojos color miel y el resto de sus facciones sin mucho problema. Una nerviosa sonrisa se mostró en su rostro detrás del Henge no Jutsu —. N-n-no soy muy buena con esto... P-pero podría ser suficiente para pasar e-el rato, ¿no cree Ayame-san?
No se daría cuenta sino mucho después, pero Ranko tenía miedo. Le había costado bastante hacerse lentamente del valor de hablar con otras personas y hacerse de amigos. ¿Iba a perderlos tan fácilmente, sin que fuese su responsabilidad? ¿Sin poder hacer nada?
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