5/06/2020, 13:23
Que Hokutōmori se había convertido en una especie de refugio espiritual era algo que no podía negar. Ayame había adquirido la costumbre de perderse entre sus árboles y disfrutar de la tranquilidad del bosque cada vez que quería alejarse de la sociedad, pensar en sus propios asuntos o, como aquel día, simplemente disfrutar del silencio. Quizás era el hecho de que no tenía algo así en Amegakure, donde los únicos bosques eran de acero y luces de neón, pero de verdad le estaba cogiendo el gusto a aquello. Y allí estaba, a pocos días antes de la última ronda del Torneo de los Dojos, relajándose a la sombra de un enorme roble, tumbada sobre sobre sus raíces. Era un día igual de caluroso que cualquiera de los anteriores; pero allí al menos, bajo el amparo del follaje del bosque, se llevaba mucho mejor. La brisa que soplaba entre las sombras resultaba incluso agradable.
Iba vestida con un vestido fresco de color azul, que le llegaba hasta la mitad de las rodillas, y sus sandalias shinobi habían sido reemplazadas por unas sandalias comunes y corrientes, bastante cómodas. No llevaba sus armas, ni siquiera su bandana como kunoichi, aunque sí llevaba los dedos de las manos envueltos en múltiples tiritas, algo que se había convertido en habitual en los últimos días. Pero estaba claro que entrenar no entraba dentro de sus planes. Lo último que quería era lesionarse antes de su último combate contra Daigo. Le había prometido que daría lo mejor de sí misma, y así debía ser.
Iba vestida con un vestido fresco de color azul, que le llegaba hasta la mitad de las rodillas, y sus sandalias shinobi habían sido reemplazadas por unas sandalias comunes y corrientes, bastante cómodas. No llevaba sus armas, ni siquiera su bandana como kunoichi, aunque sí llevaba los dedos de las manos envueltos en múltiples tiritas, algo que se había convertido en habitual en los últimos días. Pero estaba claro que entrenar no entraba dentro de sus planes. Lo último que quería era lesionarse antes de su último combate contra Daigo. Le había prometido que daría lo mejor de sí misma, y así debía ser.