18/06/2020, 20:09
—Oh... —musitó Eri, algo cortada—. ¿Fue... Doloroso?
Ayame inspiró profundamente por la nariz y se rascó la mejilla con el dedo índice.
—No sé si doloroso es la palabra... —respondió, dubitativa, sin saber muy bien cómo explicarse—. Es como... como cuando... coges un calcetín y le das la vuelta, de dentro hacia fuera. Más que dolor, es una sensación de mucha presión y angustia, justo antes de sentir la libertad de nuevo.
Ayame se sumió en una breve y tensa pausa al recordar el momento. Pero entonces soltó una risilla, nerviosa.
—Sé que es una explicación muy estúpida, pero no se me ha ocurrido otro ejemplo mejor. Además, estoy segura de que fue más doloroso para Kokuō... —añadió, sombría. Principalmente, porque para ella fue justamente al revés: El bijū pasó de una posición de completa libertad, a verse de nuevo encerrada en una minúscula jaula en la que apenas podía moverse—. ¡Oh, pero estoy muy agradecida a Uzushiogakure por lo que hicisteis por mí! —se apresuró a añadir, mostrando las palmas.
¡Lo último que le faltaba era que pensaran de ella que era una desagradecida!
Ayame inspiró profundamente por la nariz y se rascó la mejilla con el dedo índice.
—No sé si doloroso es la palabra... —respondió, dubitativa, sin saber muy bien cómo explicarse—. Es como... como cuando... coges un calcetín y le das la vuelta, de dentro hacia fuera. Más que dolor, es una sensación de mucha presión y angustia, justo antes de sentir la libertad de nuevo.
Ayame se sumió en una breve y tensa pausa al recordar el momento. Pero entonces soltó una risilla, nerviosa.
—Sé que es una explicación muy estúpida, pero no se me ha ocurrido otro ejemplo mejor. Además, estoy segura de que fue más doloroso para Kokuō... —añadió, sombría. Principalmente, porque para ella fue justamente al revés: El bijū pasó de una posición de completa libertad, a verse de nuevo encerrada en una minúscula jaula en la que apenas podía moverse—. ¡Oh, pero estoy muy agradecida a Uzushiogakure por lo que hicisteis por mí! —se apresuró a añadir, mostrando las palmas.
¡Lo último que le faltaba era que pensaran de ella que era una desagradecida!