25/06/2020, 19:03
La cosa no fue a mejor cuando se probó la primera prenda. Había decidido empezar por el susodicho bikini, sólo por quitárselo de encima cuanto antes, y aunque no le quedaba para nada mal y los colores le favorecían, cuando pensaba en vestirlo frente a otras personas, sus mejillas volvían a encenderse.
«Mmmhh...» Ayame se cogió el otro brazo, tapando la zona del vientre con su antebrazo. Ella no estaba acostumbrada a vestir ropa tal ligera, a mostrar tanto de su cuerpo. En Amegakure acostumbraba a vestir ropas de manga larga, de acorde a la temperatura fresca y la constante humedad de su aldea, y las veces que había nadado en el lago había usado trajes de neopreno que la ayudaran a conservar el calor. Fuera de su aldea, sí se había bañado en ríos y estanques, pero no había nadie para verla así que se había arriesgado a deshacerse de toda su ropa. Después de todo, de necesitarlo, podría volverse invisible en el agua en apenas un instante. «¿Pero entonces para qué me lo voy a comprar?» Volvió a repetirse, indecisa. Pero lo cierto era que había una zona en el Valle de los Dojos donde sí podría usarlo: El Lago Partido. ¿Pero se atrevería a hacerlo delante de la gente? Ayame sacudió la cabeza bruscamente. «¡Será mejor que deje de pensar en ello!»
Al bikini le sucedieron los dos pantalones. Ambos le gustaban, pero si quería combinarlos con la falda de color violeta y la blusa azul, los oscuros eran una opción mejor.
«Maldito Daruu. Me voy a dejar medio sueldo en la tienda.» Pensó, inflando los carrillos. Al final sería un recambio de ropa completo, con el bonus del bikini como capricho adicional. Y aún tenía que idear algo con lo que ocultar los pergaminos de sus antebrazos. Ya pensaría en ello en otro momento. Suspiró con pesadez, dobló con cuidado las prendas sobre su antebrazo y salió del probador. Para su sorpresa, Ranko ya estaba esperándola allí.
—Oh, ¿ya has terminado?
«Mmmhh...» Ayame se cogió el otro brazo, tapando la zona del vientre con su antebrazo. Ella no estaba acostumbrada a vestir ropa tal ligera, a mostrar tanto de su cuerpo. En Amegakure acostumbraba a vestir ropas de manga larga, de acorde a la temperatura fresca y la constante humedad de su aldea, y las veces que había nadado en el lago había usado trajes de neopreno que la ayudaran a conservar el calor. Fuera de su aldea, sí se había bañado en ríos y estanques, pero no había nadie para verla así que se había arriesgado a deshacerse de toda su ropa. Después de todo, de necesitarlo, podría volverse invisible en el agua en apenas un instante. «¿Pero entonces para qué me lo voy a comprar?» Volvió a repetirse, indecisa. Pero lo cierto era que había una zona en el Valle de los Dojos donde sí podría usarlo: El Lago Partido. ¿Pero se atrevería a hacerlo delante de la gente? Ayame sacudió la cabeza bruscamente. «¡Será mejor que deje de pensar en ello!»
Al bikini le sucedieron los dos pantalones. Ambos le gustaban, pero si quería combinarlos con la falda de color violeta y la blusa azul, los oscuros eran una opción mejor.
«Maldito Daruu. Me voy a dejar medio sueldo en la tienda.» Pensó, inflando los carrillos. Al final sería un recambio de ropa completo, con el bonus del bikini como capricho adicional. Y aún tenía que idear algo con lo que ocultar los pergaminos de sus antebrazos. Ya pensaría en ello en otro momento. Suspiró con pesadez, dobló con cuidado las prendas sobre su antebrazo y salió del probador. Para su sorpresa, Ranko ya estaba esperándola allí.
—Oh, ¿ya has terminado?

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