20/07/2020, 21:12
Ranko esperaría pacientemente con el clon activado a que Kazuma terminase de descifrar aquel intrincada formula de sellado. No se trataba de una formula dificil pero sí enrevesada y larga de contrarrestar, sin duda, un tipo de formula que se usaría en una cueva llena de aire venenoso donde contra más tiempo gastes, más veneno respiras.
Finalmente, tras más de media hora invertida en el pergamino, el sello que impedía abrirlo desapareció por completo. Ahora tocaría seguir con el plan y que el clon lo abriera, si no fuese porque el mismo pergamino pareció cobrar vida propia y saltó de las manos del espadachín al suelo y se abrió por sí solo.
Hubo un destello azulado y ambos sentirían chakra, no serían capaces de precisar ni cuanto ni la índole de dicha energía, pero si ellos lo habían sentido, poco no era. Después de unos segundos manteniéndose destello y energía, ambos cesaron de golpe. Encima del pergamino, había una mujer.
La mujer en cuestión tenía una musculatura parecida a la de Ranko, aunque era incluso más alta que ella y mayor en edad. Tendría más de veinte pero no más de treinta, tenía una larga melena recogida en una coleta que llegaba hasta la parte trasera de la rodilla. Era de color marrón, pero algo les decía que ese no era su color natural, o por lo menos, no del tono que debiera. Era un marrón de suciedad, como si se le hubiese pegado el color de tanto bañarlo en barro.
Su vestimenta era simple. Una camiseta marrón de manga corta y un pantalón que en su momento fue azul oscuro, ahora, como su pelo, estaba amarronado. Iba descalza y no llevaba ningún tipo de arma.
— Dios. ¡POR FIN! — hasta ahora había estado de espalda a los muchachos, se giró de forma casual y levantó la mano, dandoles un breve saludo. — Hey.
Entonces procedió a estirar piernas y brazos, donde se percatarían de que igual era más musculosa que la propia Ranko.
— Estoy hecha polvo. — se quejó al aire mientras seguía con sus estiramientos.
La mirada de la mujer misteriosa fue directa al cadáver y entonces volvió a los ninjas, ahora mucho más tensa, expectante y peligrosa.
Finalmente, tras más de media hora invertida en el pergamino, el sello que impedía abrirlo desapareció por completo. Ahora tocaría seguir con el plan y que el clon lo abriera, si no fuese porque el mismo pergamino pareció cobrar vida propia y saltó de las manos del espadachín al suelo y se abrió por sí solo.
Hubo un destello azulado y ambos sentirían chakra, no serían capaces de precisar ni cuanto ni la índole de dicha energía, pero si ellos lo habían sentido, poco no era. Después de unos segundos manteniéndose destello y energía, ambos cesaron de golpe. Encima del pergamino, había una mujer.
La mujer en cuestión tenía una musculatura parecida a la de Ranko, aunque era incluso más alta que ella y mayor en edad. Tendría más de veinte pero no más de treinta, tenía una larga melena recogida en una coleta que llegaba hasta la parte trasera de la rodilla. Era de color marrón, pero algo les decía que ese no era su color natural, o por lo menos, no del tono que debiera. Era un marrón de suciedad, como si se le hubiese pegado el color de tanto bañarlo en barro.
Su vestimenta era simple. Una camiseta marrón de manga corta y un pantalón que en su momento fue azul oscuro, ahora, como su pelo, estaba amarronado. Iba descalza y no llevaba ningún tipo de arma.
— Dios. ¡POR FIN! — hasta ahora había estado de espalda a los muchachos, se giró de forma casual y levantó la mano, dandoles un breve saludo. — Hey.
Entonces procedió a estirar piernas y brazos, donde se percatarían de que igual era más musculosa que la propia Ranko.
— Estoy hecha polvo. — se quejó al aire mientras seguía con sus estiramientos.
La mirada de la mujer misteriosa fue directa al cadáver y entonces volvió a los ninjas, ahora mucho más tensa, expectante y peligrosa.