22/07/2020, 21:59
— ¿Eh? — derrepente, Hana le arrebató el folio con la fuerza de un tifón; salvo confusión y sorpresa, nada más quedaba en el cuerpo de Ren; pero estos se acentuaron posteriormente.
La rubia la acorraló en un segundo contra el suelo, en otra ocasión jamas hubiera podido, pero estaba demasiado consternada como para reaccionar como debería. Pese a que todo pasó en un instante, a la joven se le volvió una eternidad; sus ojos azulados se conectaron por un instante con los dorados de su hermana y todo se volvió a cámara lenta. Los cabellos de ambas se mecían por el movimiento hasta que se quedaron inmóviles; la oscura y larga melena de Ren parecía mucho más inmensa al estar extendida por el suelo, como un oscuro mar, coronada por una cascada dorada que caía de Hana.
Un suave rubor comenzaría entonces a florecer, y se intensificó cuando las palmas de Hana tocaron el suelo a ambos lados de Ren. Su respiración se volvería lenta y muy profunda; otra vez, como aquella noche, pero era incapaz de apartar la mirada, aquellos ojos ámbares tenían un brillo hipnótico.
Sus labios se rozarían, e involuntariamente soltaría un suspiro con un suave tono, sin negar ni por un solo momento lo que se le venía encima. Aquellos pálidos labios temblaban, y parecían querer decir algo desesperadamente. Fue dulce y gentil, ni por asomo se parecía a los suyos. Y lo disfruto, lo gozó, hasta el último instante; pasando los brazos alrededor de su cabeza exigiéndole más y más.
La caprichosa ahora no sería Hana.
La rubia la acorraló en un segundo contra el suelo, en otra ocasión jamas hubiera podido, pero estaba demasiado consternada como para reaccionar como debería. Pese a que todo pasó en un instante, a la joven se le volvió una eternidad; sus ojos azulados se conectaron por un instante con los dorados de su hermana y todo se volvió a cámara lenta. Los cabellos de ambas se mecían por el movimiento hasta que se quedaron inmóviles; la oscura y larga melena de Ren parecía mucho más inmensa al estar extendida por el suelo, como un oscuro mar, coronada por una cascada dorada que caía de Hana.
Un suave rubor comenzaría entonces a florecer, y se intensificó cuando las palmas de Hana tocaron el suelo a ambos lados de Ren. Su respiración se volvería lenta y muy profunda; otra vez, como aquella noche, pero era incapaz de apartar la mirada, aquellos ojos ámbares tenían un brillo hipnótico.
Sus labios se rozarían, e involuntariamente soltaría un suspiro con un suave tono, sin negar ni por un solo momento lo que se le venía encima. Aquellos pálidos labios temblaban, y parecían querer decir algo desesperadamente. Fue dulce y gentil, ni por asomo se parecía a los suyos. Y lo disfruto, lo gozó, hasta el último instante; pasando los brazos alrededor de su cabeza exigiéndole más y más.
La caprichosa ahora no sería Hana.