1/08/2020, 19:50
—Aún no hay rastros de él Parece que la ruta por donde ingresamos no es, en realidad, parte de las minas, sino un pasillo que termina en un callejón sin salida. Al final de dicho pasillo encontramos un cadáver reciente. A primera vista parece ser el ladrón, aunque también parece que alguien más le mato y le robo la mascarilla…
»Traje el cuerpo conmigo, me gustaría que le echaran un vistazo a ver si podemos corroborar su identidad… Sobre todo, me gustaría que le examinara aquel que le hizo la herida en la pierna. Quizá pueda decirnos si aquel tajo es obra suya o de alguien más.
—A-a-así que s-si pudiese llamar a Kyo-san p-para identificar el cuerpo… P-por favor.
Les dejaron hablar hasta el final sin interrumpir. Yōgi y Uragiri compartieron una mirada algo extraña. Después el jefe habló.
— Ves a buscarle.
— Señor, ¿cree que...? — dijo Uragiri preocupado
— Ves, ya. — interrumpió Yōgi tajante.
El rubio parecía mucho, infinitamente, más arisco y enojado que el día anterior. ¿Se habría levantado mal? ¿O era así todas las mañanas? Fuera cual fuera el caso, Uragiri no dijo nada más. Miro a Yōgi, miró a los ninjas y salió por el lado opuesto al que estaban los ninjas. Yōgi empezó a moverse de un lado a otro de la mesa, mirando al suelo, a la mesa y luego a los ninjas.
— Mirad... Intento confiar en vosotros. De verdad que lo hago. Por eso os voy a dar una oportunidad. ¿Qué significa esto?
Plantó un papel sobre la mesa y se lo pasó a los ninjas de Kusagakure. Era un cartel de busca y captura. Tsukiyama Daigo estaba en él. Con una jugosa recompensa por su cabeza. Era imposible que Yōgi conociese a Daigo como para saber que era shinobi de Kusagakure, pero es que la bandana aparecía en el dibujo.
— Se ha presentado un hombre esta mañana a preguntar si alguno de los shinobis que había contratado eran este señor, que es un hombre buscado en todo el país. Y ahora al salir, me dice Uragiri que había una mujer de dos metros con vosotros que se ha llevado un maletín. ¿Me explicáis ya lo que pasa? ¿No hay algún código de honor en los ninjas de NO hacer estas cosas? Lo ilegal y todo eso.
Estaba claro que Yōgi no estaba contento, estaba alterado. Y en cualquier momento aparecería otro hombre, cargado con espadas, que parecía saber usarlas. Si el rubio seguía tan alterado cuando eso pasase... Era imposible saber qué iba a pasar.
»Traje el cuerpo conmigo, me gustaría que le echaran un vistazo a ver si podemos corroborar su identidad… Sobre todo, me gustaría que le examinara aquel que le hizo la herida en la pierna. Quizá pueda decirnos si aquel tajo es obra suya o de alguien más.
—A-a-así que s-si pudiese llamar a Kyo-san p-para identificar el cuerpo… P-por favor.
Les dejaron hablar hasta el final sin interrumpir. Yōgi y Uragiri compartieron una mirada algo extraña. Después el jefe habló.
— Ves a buscarle.
— Señor, ¿cree que...? — dijo Uragiri preocupado
— Ves, ya. — interrumpió Yōgi tajante.
El rubio parecía mucho, infinitamente, más arisco y enojado que el día anterior. ¿Se habría levantado mal? ¿O era así todas las mañanas? Fuera cual fuera el caso, Uragiri no dijo nada más. Miro a Yōgi, miró a los ninjas y salió por el lado opuesto al que estaban los ninjas. Yōgi empezó a moverse de un lado a otro de la mesa, mirando al suelo, a la mesa y luego a los ninjas.
— Mirad... Intento confiar en vosotros. De verdad que lo hago. Por eso os voy a dar una oportunidad. ¿Qué significa esto?
Plantó un papel sobre la mesa y se lo pasó a los ninjas de Kusagakure. Era un cartel de busca y captura. Tsukiyama Daigo estaba en él. Con una jugosa recompensa por su cabeza. Era imposible que Yōgi conociese a Daigo como para saber que era shinobi de Kusagakure, pero es que la bandana aparecía en el dibujo.
— Se ha presentado un hombre esta mañana a preguntar si alguno de los shinobis que había contratado eran este señor, que es un hombre buscado en todo el país. Y ahora al salir, me dice Uragiri que había una mujer de dos metros con vosotros que se ha llevado un maletín. ¿Me explicáis ya lo que pasa? ¿No hay algún código de honor en los ninjas de NO hacer estas cosas? Lo ilegal y todo eso.
Estaba claro que Yōgi no estaba contento, estaba alterado. Y en cualquier momento aparecería otro hombre, cargado con espadas, que parecía saber usarlas. Si el rubio seguía tan alterado cuando eso pasase... Era imposible saber qué iba a pasar.