7/08/2020, 19:35
— Tampoco hay que olvidar mantener esa nota a buen resguardo, podría ser una pista valiosa.
Yōgi suspiró, agarró un cuchillo que había sobre la mesa, que no tenía ni dientes ni parecía demasiado afilado, por lo que sería un cuchillo de untar, y lo usó para clavar la nota a la mesa de madera. Por suerte, la mesa no era demasiado buena y la madera aceptó gratamente el cuchillo, haciendo que la nota quedase pegada efectivamente contra la mesa.
— A buen resguardo. — dijo mientras señalaba la nota.
A pesar de la acción impulsiva y violenta de Yōgi, los ninjas no sentirían amenaza alguna de él. Era como si viesen a un cachorro ladrandoles y enseñando los dientes, puede que te muerda, pero de una patada te suelta y vuela varios metros.
A regañadientes, les seguiría al exterior. Cualquiera que fuese la conclusión, él debía saberla, aunque hiciese un calor del demonio y no le apeteciese nada ver un cadáver. Una vez fuera no tuvieron que esperar mucho para ver a Uragiri aparecer, pero sin Kyo.
— ¿Y Kyo? — pregunto Yōgi con una ceja alzada.
Hasta él empezaba a ver que todo lo que rodeaba a su contacto era más bien sospechoso. Uragiri paró un segundo para coger aire tras acercarse en una breve carrerilla.
— Kyo-san no ha atendido a razones, ha dicho que iba a buscar a los guardias del Oasis antes de venir, que la situación se nos había ido de las manos.
Yōgi se quedó un momento pensativo, para finalmente suspirar agotado.
— Muy bien, chicos, olvidad el cadaver, vamos a dentro. — diría a los ninjas mientras se metía de nuevo en la tienda.
Uragiri iría justo detrás de Yōgi, con prisas. Una vez los dos ninjas hubiesen entrado también, Yōgi hablaría desde el extremo contrario de la tienda, mientras que Uragiri estaba a un lado de la mesa y los ninjas en la puerta.
— Espero poder confiar en vosotros para esto, kusajines. ¡Detened a este hombre de inmediato! — ordenó mientras señalaba a Uragiri.
Yōgi suspiró, agarró un cuchillo que había sobre la mesa, que no tenía ni dientes ni parecía demasiado afilado, por lo que sería un cuchillo de untar, y lo usó para clavar la nota a la mesa de madera. Por suerte, la mesa no era demasiado buena y la madera aceptó gratamente el cuchillo, haciendo que la nota quedase pegada efectivamente contra la mesa.
— A buen resguardo. — dijo mientras señalaba la nota.
A pesar de la acción impulsiva y violenta de Yōgi, los ninjas no sentirían amenaza alguna de él. Era como si viesen a un cachorro ladrandoles y enseñando los dientes, puede que te muerda, pero de una patada te suelta y vuela varios metros.
A regañadientes, les seguiría al exterior. Cualquiera que fuese la conclusión, él debía saberla, aunque hiciese un calor del demonio y no le apeteciese nada ver un cadáver. Una vez fuera no tuvieron que esperar mucho para ver a Uragiri aparecer, pero sin Kyo.
— ¿Y Kyo? — pregunto Yōgi con una ceja alzada.
Hasta él empezaba a ver que todo lo que rodeaba a su contacto era más bien sospechoso. Uragiri paró un segundo para coger aire tras acercarse en una breve carrerilla.
— Kyo-san no ha atendido a razones, ha dicho que iba a buscar a los guardias del Oasis antes de venir, que la situación se nos había ido de las manos.
Yōgi se quedó un momento pensativo, para finalmente suspirar agotado.
— Muy bien, chicos, olvidad el cadaver, vamos a dentro. — diría a los ninjas mientras se metía de nuevo en la tienda.
Uragiri iría justo detrás de Yōgi, con prisas. Una vez los dos ninjas hubiesen entrado también, Yōgi hablaría desde el extremo contrario de la tienda, mientras que Uragiri estaba a un lado de la mesa y los ninjas en la puerta.
— Espero poder confiar en vosotros para esto, kusajines. ¡Detened a este hombre de inmediato! — ordenó mientras señalaba a Uragiri.