15/09/2020, 21:24
(Última modificación: 15/09/2020, 21:25 por Himura Hana.)
Uragiri ya casi estaba en el borde de la tienda cuando la técnica encontró su espalda. No había percibido el chakra de Kazuma acumularse, dado que estaba de espaldas a él, ni había oído nada que le hiciese sospechar tal ataque, así que lo recibió con suma sorpresa. Cayó al suelo tras tropezarse consigo mismo, con un corte que le atravesaba la espalda de arriba abajo.
Violeta suspiró al verle intentar ponerse en pie de nuevo y apoyó uno de sus descalzos pies en la espalda de Uragiri, manteniendolo en el suelo. Entonces, el hombre dio un último suspiro y todo su cuerpo se quedó inerte. La pelirroja había presenciado en primera linea la extraña técnica de Kazuma, pero no expresó ni sorpresa ni desconcierto de ningún tipo, a pesar de que era la primera vez que veía algo así.
Volviendo a Yōgi, éste aceptó el liquido que le ofrecía Ranko hasta que su mente volvió en sí misma y volvió a prestar atención a su alrededor.
— Qué sueñecito más tonto. — comentó mientras estiraba un poco sus extremidades.
— ¿Sueño? Estabas inconsciente. ¡Y encima me encuentro con un espectaculo de tres pares de narices entre tanto ninja!
El hermano no parecía tan preocupado de repente, toda esa preocupación se había convertido en enfado fraternal. Porque eso es ser hermanos, preocuparte pero siempre de espaldas a ellos.
— Dime a quien tengo que apuñalar.
Yōgi no necesitó más de unos segundos para entender más o menos lo que había pasado en su ausencia.
— Parece que lo de apuñalar lo llevas al día. — le contestó a su hermano viendo la herida de Kazuma. — Bueno, dadme buenas noticias. ¿El maletín?
Los ojos azules de cierta Uzumaki parecieron brillar de una forma peculiar ante esa última palabra del hombre. Algo flotaba en su mente pero era incapaz de situar ese pensamiento en un qué o en un donde. Ninguno de los dos genins apreciaría dicho brillo, al igual que los civiles, pero estar... estaba.