11/01/2016, 13:46
(Última modificación: 11/01/2016, 13:47 por Uzumaki Eri.)
El primer acto reflejo de Eri al notar como el desconocido sonreía y se agachaba para quedarse a la altura de ambas kunoichi - o mejor dicho, a la altura de la joven de Ame, porque si se ponía a la altura de Eri tendría que agacharse un par de centímetros más -; fue de dar un paso hacia detrás, un tanto indecisa ya que no podía descifrar lo que aquel hombre pensaba, pero no recibió un golpe o algo que podría ser peor y que por ende no quiso ni imaginar, sino que sus mano revolvió el pelo de la pequeña huérfana como nadie antes lo había hecho. Una vez terminó con su cometido, le vio levantarse y caminar hacia las escaleras, tiempo que la peliazul aprovechó para fruncir el ceño ante lo difícil que se le hacía explicar los sentimientos que le habían creado ese acto.
—Mi nombre es Katachi Kinma —se excusó—. Esta casa tiene una larga historia, pero si nos quedamos aquí es posible que no pueda contárosla. Él es muy poderoso y muy maligno. Seguidme, os lo explicaré por el camino.
Tras escuchar el pequeño discurso del intruso, Eri escuchó a su aterrada compañera preguntar sobre él, ¿Sería el ser que les había llamado desde el sótano y que ella -o mejor dicho, su propio cuerpo - no había dudado en seguir cuando él mismo se lo pidió? Un terrorífico pensamiento cruzó su mente haciendo que cerrase los ojos con fuerza y se abrazase como si sintiese que si no se sujetaba volvería a salir corriendo hacia el sótano. Así, sopesó lo que había pensado antes, ¿ángel o demonio?, y si tenía que elegir, prefería subir antes que caer. Así que, aun con escalofríos en el cuerpo, avanzó con cautela detrás del hombre de nombre Kinma esperanzada de que las ayudase como había prometido a salir de esa casa embrujada, pero no pudo divagar más tiempo ya que el hombre, nada más avanzar un escalón, comenzó a relatar la historia que ocultaba aquel espantoso lugar.
—Esta morada está maldita —Toqueteó la madera de la barandilla con sus largos dedos como si fuera una suerte de piano. Tenía las uñas sucias y descuidadas—. Un ser de extraordinaria maldad habita ahora. Y también estoy yo. Procedo de un antiguo clan de monjes.
»Sellé a ese monstruo y me sellé con él. Si no fuera así ya estaríais muertas. O algo mucho peor. Lo que ese enfermo le haría a muchachitas jóvenes y atractivas como vosotros sería... Horrible.
La kunoichi de Uzushiogakure volvió a fruncir el ceño ante la sonrisa del hombre que por momentos seguía sin parecerle el ángel que creyó en un principio. ¿Qué es más horrible que la muerte? ¿Acaso él ya había experimentado lo que era morir? Quizá tal y como había explicado sellarse con un monstruo era incluso peor que dejar el mundo de los vivos, pero ella no tenía ni la más mínima idea de lo que el hombre intentaba hacerlas ver por medio de sus terroríficas palabras.
—¿Ese monstruo es el que está en el sótano? ¿Qué tipo de monstruo es?
Oyó a la joven portadora de aquellos ojos avellana difíciles de ver aún con la tenue luz de la casa, ¿qué tipo de monstruo sería? ¿Sería tan horrible como aquellos monstruos de colas de los que había escuchado? Sin dudarlo un instante su cuerpo sintió un escalofrío de nuevo recorrer toda su espalda, y se atrevió a prengutar:
-¿Es... Es él quién nos ha llamado a este lugar? - Porque sabía que nadie en su sano juicio entraría en esa casa, y algo fue quien las hizo venir a contra de sus voluntades. O eso pensaba ella.
—Mi nombre es Katachi Kinma —se excusó—. Esta casa tiene una larga historia, pero si nos quedamos aquí es posible que no pueda contárosla. Él es muy poderoso y muy maligno. Seguidme, os lo explicaré por el camino.
Tras escuchar el pequeño discurso del intruso, Eri escuchó a su aterrada compañera preguntar sobre él, ¿Sería el ser que les había llamado desde el sótano y que ella -o mejor dicho, su propio cuerpo - no había dudado en seguir cuando él mismo se lo pidió? Un terrorífico pensamiento cruzó su mente haciendo que cerrase los ojos con fuerza y se abrazase como si sintiese que si no se sujetaba volvería a salir corriendo hacia el sótano. Así, sopesó lo que había pensado antes, ¿ángel o demonio?, y si tenía que elegir, prefería subir antes que caer. Así que, aun con escalofríos en el cuerpo, avanzó con cautela detrás del hombre de nombre Kinma esperanzada de que las ayudase como había prometido a salir de esa casa embrujada, pero no pudo divagar más tiempo ya que el hombre, nada más avanzar un escalón, comenzó a relatar la historia que ocultaba aquel espantoso lugar.
—Esta morada está maldita —Toqueteó la madera de la barandilla con sus largos dedos como si fuera una suerte de piano. Tenía las uñas sucias y descuidadas—. Un ser de extraordinaria maldad habita ahora. Y también estoy yo. Procedo de un antiguo clan de monjes.
»Sellé a ese monstruo y me sellé con él. Si no fuera así ya estaríais muertas. O algo mucho peor. Lo que ese enfermo le haría a muchachitas jóvenes y atractivas como vosotros sería... Horrible.
La kunoichi de Uzushiogakure volvió a fruncir el ceño ante la sonrisa del hombre que por momentos seguía sin parecerle el ángel que creyó en un principio. ¿Qué es más horrible que la muerte? ¿Acaso él ya había experimentado lo que era morir? Quizá tal y como había explicado sellarse con un monstruo era incluso peor que dejar el mundo de los vivos, pero ella no tenía ni la más mínima idea de lo que el hombre intentaba hacerlas ver por medio de sus terroríficas palabras.
—¿Ese monstruo es el que está en el sótano? ¿Qué tipo de monstruo es?
Oyó a la joven portadora de aquellos ojos avellana difíciles de ver aún con la tenue luz de la casa, ¿qué tipo de monstruo sería? ¿Sería tan horrible como aquellos monstruos de colas de los que había escuchado? Sin dudarlo un instante su cuerpo sintió un escalofrío de nuevo recorrer toda su espalda, y se atrevió a prengutar:
-¿Es... Es él quién nos ha llamado a este lugar? - Porque sabía que nadie en su sano juicio entraría en esa casa, y algo fue quien las hizo venir a contra de sus voluntades. O eso pensaba ella.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)