19/10/2020, 11:26
— Me alegro de que hayáis salido de esa. ¡Yo casi no lo cuento!Con vosotros acompañándome no tendremos ningún pro...
La kunoichi torció un poco el gesto, perdiendo parte de aquella tonta risa que se le formaba habitualmente. Se acarició uno de sus hombros con suavidad y trago con dificultad su propia saliva; aquel comentario le recordó lo desagradable que había sido aquella reciente experiencia. ¿Cuanto había pasado? ¿Una semana, tal vez menos? Y ahí estaba, de nuevo, en una misión que a lo mejor le suponia la diferencia entre la vida y la muerte si se torcia lo más mínimo. En el momento del torneo, el valle era sin duda alguna el lugar más seguro de todo Oonindo, y sin embargo, un par de mal nacidos entraron por la puerta grande reventando en su mayor parte el estadio, y dejando atrás una larga estela de sangre y muertos.
— ¿Sois los ninja que contraté? — La voz de un anciano la recupero de sus breves pensamientos; la puerta de la casa donde estaban todos los presentes se abrió dejando ver al hombre de avanzada edad que preguntó sin claramente fiarse de los genins—. Enseñadme el pergamino.
— Oh claro. El pergamino de la misión — dijo casi para si misma murmurando y buscando en un pequeño portaobjetos que llevaba en la parte trasera de su torso; seguramente Takumi llevaría uno bastante parecido si no igual. Lo mostró, dejando caer suavemente un par de centímetros del contenido, mostrándoselo al anciano.
La kunoichi torció un poco el gesto, perdiendo parte de aquella tonta risa que se le formaba habitualmente. Se acarició uno de sus hombros con suavidad y trago con dificultad su propia saliva; aquel comentario le recordó lo desagradable que había sido aquella reciente experiencia. ¿Cuanto había pasado? ¿Una semana, tal vez menos? Y ahí estaba, de nuevo, en una misión que a lo mejor le suponia la diferencia entre la vida y la muerte si se torcia lo más mínimo. En el momento del torneo, el valle era sin duda alguna el lugar más seguro de todo Oonindo, y sin embargo, un par de mal nacidos entraron por la puerta grande reventando en su mayor parte el estadio, y dejando atrás una larga estela de sangre y muertos.
— ¿Sois los ninja que contraté? — La voz de un anciano la recupero de sus breves pensamientos; la puerta de la casa donde estaban todos los presentes se abrió dejando ver al hombre de avanzada edad que preguntó sin claramente fiarse de los genins—. Enseñadme el pergamino.
— Oh claro. El pergamino de la misión — dijo casi para si misma murmurando y buscando en un pequeño portaobjetos que llevaba en la parte trasera de su torso; seguramente Takumi llevaría uno bastante parecido si no igual. Lo mostró, dejando caer suavemente un par de centímetros del contenido, mostrándoselo al anciano.