20/11/2020, 18:49
Ah, claro. El Sello revertido. Daruu le habló acerca de eso. A Ayame le habían quitado el control de su cuerpo pero el Bijū, lejos de ser cómplice de los planes de Kurama, decidió aprovechar la oportunidad y escapar al este para vivir una vida tranquila. Al escualo le resultó curioso, porque aquello tuvo que haber sucedido muy cerca de donde estaba él, y estaba claro que le hubiera gustado estar ahí; aunque dada su circunstancia con el sello maldito de Dragón Rojo, seguro no habría sido una buena idea.
Lo cierto es que la información acerca del posible paradero de las Fuerzas de Kurama en Yukio provenían de ese mensaje. Pero un montón de preguntas azotaron la cabeza del gyojin, quien no pudo evitar indagar en si el Kyubi, siendo tan inteligente como es, no habría decidido movilizar su base de operaciones una vez que Kokuo se hubiese mostrado indispuesta a seguir sus directrices. O claro que, es posible que ese bicho imperialista tampoco se hubiese imaginado que Ayame y su bestia con cola se harían tan cercanas incluso después de todo lo sucedido entre ellas y que esa invitación, a pesar de haber sido declinada, no iba a llegar a manos indeseadas como la de la mismísima Arashikage.
—Entiendo —dijo. Luego mantuvo un incómodo silencio por al menos un minuto. No porque no tuviese nada para decir, pero al contrario, no encontraba la forma de decirlo. En algún punto del camino se armó de valor y miró a Ayame, sin importarle que las gemelas le estuvieren sacando un palmo de camino—. oye. Gracias. Por todo.
Por todo. Y por tanto. Él, Umikiba Kaido, fue alguna vez una persona rencorosa. Fue el menos afectado en todo el conflicto con Uchiha Datsue, por ejemplo; y se lo tomó tan personal que estuvo hasta dispuesto a matarle sólo porque ese bribón había esparcido falsos, aunque inofensivos rumores. Una tontería. Ahora se ponía a pensar en todo lo que él le había hecho a Ayame, desde aquél encuentro en Tanzaku Gai y el horrible discurso que le dedicó —lo recordaba como si fuese ayer—. hasta ese momento en Coladragón donde pudo haber acabado con su vida. Y aún así. Aún así...
»Si no fuera por ti, no habría podido volver a casa. Gracias, Ayame... por no haber perdido la fe en el Alquequenje que se ocultaba tras la niebla.
Y le sonrió. En ese momento, no hacía falta nada más.
Lo cierto es que la información acerca del posible paradero de las Fuerzas de Kurama en Yukio provenían de ese mensaje. Pero un montón de preguntas azotaron la cabeza del gyojin, quien no pudo evitar indagar en si el Kyubi, siendo tan inteligente como es, no habría decidido movilizar su base de operaciones una vez que Kokuo se hubiese mostrado indispuesta a seguir sus directrices. O claro que, es posible que ese bicho imperialista tampoco se hubiese imaginado que Ayame y su bestia con cola se harían tan cercanas incluso después de todo lo sucedido entre ellas y que esa invitación, a pesar de haber sido declinada, no iba a llegar a manos indeseadas como la de la mismísima Arashikage.
—Entiendo —dijo. Luego mantuvo un incómodo silencio por al menos un minuto. No porque no tuviese nada para decir, pero al contrario, no encontraba la forma de decirlo. En algún punto del camino se armó de valor y miró a Ayame, sin importarle que las gemelas le estuvieren sacando un palmo de camino—. oye. Gracias. Por todo.
Por todo. Y por tanto. Él, Umikiba Kaido, fue alguna vez una persona rencorosa. Fue el menos afectado en todo el conflicto con Uchiha Datsue, por ejemplo; y se lo tomó tan personal que estuvo hasta dispuesto a matarle sólo porque ese bribón había esparcido falsos, aunque inofensivos rumores. Una tontería. Ahora se ponía a pensar en todo lo que él le había hecho a Ayame, desde aquél encuentro en Tanzaku Gai y el horrible discurso que le dedicó —lo recordaba como si fuese ayer—. hasta ese momento en Coladragón donde pudo haber acabado con su vida. Y aún así. Aún así...
»Si no fuera por ti, no habría podido volver a casa. Gracias, Ayame... por no haber perdido la fe en el Alquequenje que se ocultaba tras la niebla.
Y le sonrió. En ese momento, no hacía falta nada más.