24/11/2020, 20:40
—La pregunta, querida Ayame —disfrutó Yui, palabra por palabra—, no es qué estoy haciendo aquí. —Negó con un dedo—. ¡Es cómo voy a partirle el culo a ese zorro hijo de puta como se le ocurra haber puesto una sola manita en MI TERRITORIO! —Yui abrió los brazos y dejó salir un grito. Gutural. Un grito de guerra. Se echó a reír—. ¡¡Oooooh, qué bien se siente estar aquí, en campo abierto!! ¡¡En el campo de batalla una vez más!! ¡¡SE ME ESTABA QUEDANDO EL CULO COMO UNA MANTARRAYA UZUJIN!! ¡AAAAH! —Sacudió la cabeza y los brazos. Y señaló a Kaido—. Ey, ¿y a este tarugo qué le pasa?
El, tiburón se había quedado tan perplejo que su boca, dormida como si acabase de despertar de una anestesia particularmente profunda, no conseguía retener ni su saliva. Babeando, miraba con ojos abiertos a la Tormenta, quien se encogió de hombros.
»En fin, vamos. Tenemos mucho camino por delante. —Yui se dio la vuelta y echó a caminar, a paso más resuelto—. Oye, Ayame, ¿qué cojones le echa Kiroe a esos putos pasteles como para tener que ir a Yukio a recogerlos? Nunca me lo ha querido decir. Pero tú sí, ¿verdad? ¡Tú y yo somos amigas!
La curiosidad de Yui sonaba de todo menos amistosa.
El, tiburón se había quedado tan perplejo que su boca, dormida como si acabase de despertar de una anestesia particularmente profunda, no conseguía retener ni su saliva. Babeando, miraba con ojos abiertos a la Tormenta, quien se encogió de hombros.
»En fin, vamos. Tenemos mucho camino por delante. —Yui se dio la vuelta y echó a caminar, a paso más resuelto—. Oye, Ayame, ¿qué cojones le echa Kiroe a esos putos pasteles como para tener que ir a Yukio a recogerlos? Nunca me lo ha querido decir. Pero tú sí, ¿verdad? ¡Tú y yo somos amigas!
La curiosidad de Yui sonaba de todo menos amistosa.