25/11/2020, 07:18
«Como el agua...»
Pero, aunque se le hubiera escurrido en ese entonces, su heroica acción permitió que Kaido pudiera quebrantar mínimamente el sello. Esa pequeñísima grieta acabó volviéndose absoluta una vez Yui le tuvo entre sus manos, allí en pleno estadio, así que de no haber sido por ella, como dijo antes, su redención no hubiera sido posible. Así que, crédito a quien crédito merece. Y gran parte de la hazaña de hacer volver al tiburón era mérito suyo. Suyo y de...
—¿Yui-sama?
Yui-sama. La Arashi. La máxima líder de su País. En una incrédula secuencia de espadas, clones y desmembramiento; reveló su presencia de una manera épica. Kaido se quedó allí, perplejo, mirándola. No pensó ni por un segundo al salir del encuentro con Shanise que la iba a ver tan pronto y menos en estas circunstancias. Ayame no tardó demasiado en preguntar lo obvio, y la respuesta no tardó en llegar.
—La pregunta, querida Ayame, no es qué estoy haciendo aquí ... ¡Es cómo voy a partirle el culo a ese zorro hijo de puta como se le ocurra haber puesto una sola manita en MI TERRITORIO! —Yui abrió los brazos y dejó salir un grito. Gutural. Un grito de guerra. Se echó a reír—. ¡¡Oooooh, qué bien se siente estar aquí, en campo abierto!! ¡¡En el campo de batalla una vez más!! ¡¡SE ME ESTABA QUEDANDO EL CULO COMO UNA MANTARRAYA UZUJIN!! ¡AAAAH!
Kaido parpadeó por primera vez en todo el rato, esbozando una sonrisa.
»Ey, ¿y a este tarugo qué le pasa?
—Nada, nada. La impresión, Yui-sama, pero ya me espabilo, no se preocupe —dijo—. que bueno verla.
Cuando Yui se dio la vuelta, Kaido le hizo unos gestos a Ayame y le encomendó a empezar a caminar otra vez, y en silencio dejó que su compañera resolviera el asunto del ingrediente secreto. Por un momento sintió pena, porque a ver cómo le decía que no podía decírselo a nada más y nada menos que a su jodida Sombra.
«No me gustaría ser tú en este momento, prima»
Pero, aunque se le hubiera escurrido en ese entonces, su heroica acción permitió que Kaido pudiera quebrantar mínimamente el sello. Esa pequeñísima grieta acabó volviéndose absoluta una vez Yui le tuvo entre sus manos, allí en pleno estadio, así que de no haber sido por ella, como dijo antes, su redención no hubiera sido posible. Así que, crédito a quien crédito merece. Y gran parte de la hazaña de hacer volver al tiburón era mérito suyo. Suyo y de...
—¿Yui-sama?
Yui-sama. La Arashi. La máxima líder de su País. En una incrédula secuencia de espadas, clones y desmembramiento; reveló su presencia de una manera épica. Kaido se quedó allí, perplejo, mirándola. No pensó ni por un segundo al salir del encuentro con Shanise que la iba a ver tan pronto y menos en estas circunstancias. Ayame no tardó demasiado en preguntar lo obvio, y la respuesta no tardó en llegar.
—La pregunta, querida Ayame, no es qué estoy haciendo aquí ... ¡Es cómo voy a partirle el culo a ese zorro hijo de puta como se le ocurra haber puesto una sola manita en MI TERRITORIO! —Yui abrió los brazos y dejó salir un grito. Gutural. Un grito de guerra. Se echó a reír—. ¡¡Oooooh, qué bien se siente estar aquí, en campo abierto!! ¡¡En el campo de batalla una vez más!! ¡¡SE ME ESTABA QUEDANDO EL CULO COMO UNA MANTARRAYA UZUJIN!! ¡AAAAH!
Kaido parpadeó por primera vez en todo el rato, esbozando una sonrisa.
»Ey, ¿y a este tarugo qué le pasa?
—Nada, nada. La impresión, Yui-sama, pero ya me espabilo, no se preocupe —dijo—. que bueno verla.
Cuando Yui se dio la vuelta, Kaido le hizo unos gestos a Ayame y le encomendó a empezar a caminar otra vez, y en silencio dejó que su compañera resolviera el asunto del ingrediente secreto. Por un momento sintió pena, porque a ver cómo le decía que no podía decírselo a nada más y nada menos que a su jodida Sombra.
«No me gustaría ser tú en este momento, prima»