28/11/2020, 18:04
Y como única respuesta, Yui soltó un gruñido, apretó los puños y enarcó los brazos. Casi como protesta, echó a caminar aún más rápido que antes. Ayame no tendría absolutamente ningún problema en seguirle el paso, pero Kaido ya renqueaba cuando llevaban un par de horas, manteniéndose claramente rezagado. La Tormenta pareció ignorar el tema del ingrediente secreto, sobretodo porque ni a Kiroe había conseguido sonsacárselo. Quizás porque aunque le jodía, una parte de ella, muy pequeña, entendía que eso debía ser un secreto de Kiroe y de nadie más. Tan sólo... tan sólo... ¡joder, tan sólo le jodía no saberlo!
Caminaron y caminaron, el ambiente cada vez haciéndose más frío. Afortunadamente para ellos, las nuevas vías de ferrocarril habían hecho el viaje a Yukio algo más acogedor. Y allí es donde encontraron ellos el primer respiro. Tratando de ocultar su identidad bajo la capucha y una sencilla máscara de madera, Yui dejó que sus subordinaros hicieran todos los trámites: enseñando la acreditación de shinobi para no pagar el pasaje.
Aquél ferrocarril era cómodo, y tenía compartimentos individuales. Era muy similar al que había traído desde el Valle de los Dojos a Kaido, Daruu, Kiroe, Zetsuo, Kōri y Chiiro. Cuando Yui se acomodó —poniendo ambos pies, con las piernas cruzadas, en el asiento de enfrente sin ningún decoro—, se quitó la máscara y se bajó la capucha.
—En mis tiempos de jōnin los viajes a Yukio eran una puta pesadilla, con el frío metiéndose por entre toda la ropa y haciendo que mis putos pezones pudieran rayar el vidrio.
Caminaron y caminaron, el ambiente cada vez haciéndose más frío. Afortunadamente para ellos, las nuevas vías de ferrocarril habían hecho el viaje a Yukio algo más acogedor. Y allí es donde encontraron ellos el primer respiro. Tratando de ocultar su identidad bajo la capucha y una sencilla máscara de madera, Yui dejó que sus subordinaros hicieran todos los trámites: enseñando la acreditación de shinobi para no pagar el pasaje.
Aquél ferrocarril era cómodo, y tenía compartimentos individuales. Era muy similar al que había traído desde el Valle de los Dojos a Kaido, Daruu, Kiroe, Zetsuo, Kōri y Chiiro. Cuando Yui se acomodó —poniendo ambos pies, con las piernas cruzadas, en el asiento de enfrente sin ningún decoro—, se quitó la máscara y se bajó la capucha.
—En mis tiempos de jōnin los viajes a Yukio eran una puta pesadilla, con el frío metiéndose por entre toda la ropa y haciendo que mis putos pezones pudieran rayar el vidrio.