10/12/2020, 23:52
Yui tenía un buen punto. Para qué desgastarse física y mentalmente con el henge si siempre se podía poner una capucha y una máscara. Además, una de las razones por las cuales Kaido pensó en idear el Otamira fue precisamente para no ser víctima de esas debilidades propias del henge, que aunque se trate de una técnica sencilla y básica, para este tipo de misiones resulta de mucha utilidad. Lastima que no pensó antes en que, quizás, podría habérsela enseñado a Ayame. Pero también era cierto que no hubiera podido saber que la iban a necesitar, porque ninguno imaginó —y hablaba también por Ayame—. que iban a estar junto a nada más y nada menos que Amekoro Yui en un vagón de tren camino a Yukio, hablando acerca de cortarle las nueve colas —o diez; según qué se cuente—. a ese zorro con aires de emperador.
Kaido rió por el comentario de Yui, como no podía ser de otra forma. Él mismo fantasearía con la idea de ayudar a su sombra con esa tarea personalmente. Pero, tiempo al tiempo. En ese aspecto Ayame llevaba la razón, de que lo mejor era averiguar con certeza de que la influencia de Kurama había llegado, efectivamente, hasta las altas esferas de poder de Yukio. Además, por lo que contaba su compañera según pasadas experiencias con una de las Generales, algo le decía que, de estar alguno de ellos allí en la ciudad, no iban a tardar mucho en encontrarse.
—Quizás es capaz de sentir la presencia de Kokūo en tu interior? ... es lo único que se me ocurre. Tú no puedes hacer lo mismo cuando estás con Datsue, por ejemplo? —indagó el escualo.
Kaido rió por el comentario de Yui, como no podía ser de otra forma. Él mismo fantasearía con la idea de ayudar a su sombra con esa tarea personalmente. Pero, tiempo al tiempo. En ese aspecto Ayame llevaba la razón, de que lo mejor era averiguar con certeza de que la influencia de Kurama había llegado, efectivamente, hasta las altas esferas de poder de Yukio. Además, por lo que contaba su compañera según pasadas experiencias con una de las Generales, algo le decía que, de estar alguno de ellos allí en la ciudad, no iban a tardar mucho en encontrarse.
—Quizás es capaz de sentir la presencia de Kokūo en tu interior? ... es lo único que se me ocurre. Tú no puedes hacer lo mismo cuando estás con Datsue, por ejemplo? —indagó el escualo.