26/01/2021, 23:43
—Yo me he preocupado por él y sólo he recibido un insulto como respuesta —refunfuñó Kokoroko en respuesta, antes de que Kaido pudiera decir nada al respecto. Entonces se volvió hacia la Tormenta—. ¡Oye, Yui! ¡Te has ablandado! ¡Deberíamos estar sembrando el terror por todo el pueblo ya! ¿¡Dónde está el enemigo!?
Y Yui se cruzó de brazos. Miraba al cocodrilo con profunda seriedad, pero Ayame sintió que la sangre abandonaba su rostro cuando la vio sonreír de aquella forma tan peligrosa.
«Oh, no...»
Oh, sí.
—Qué coño, es verdad —Yui soltó una sonora carcajada.
—¿Qué? —A Ayame se le escapó un agudo gallo.
—Chicos, es cuestión de tiempo que sepan lo que estamos haciendo. Así que ahora a la mierda todo.
—¡No, Yui, esp...!
— ¡¡A LA MIERDA!! ¡AL ATAQUE, KOKOROKO!
—¡Vamos, pollo! ¡A ver quién destruye más altavoces! —bramó el gigantesco reptil, que echó a galopar sin más miramientos. Le perdieron de vista cuando cruzó un puente y giró una esquina, pero fue dejando una serie de alaridos de terror tras su paso—. ¡¡UNOOOOOO!! —le oyeron en la distancia, con un estrepitoso estruendo metálico.
Pero él no había sido el único. Takeshi había desaparecido sin dejar una sola pluma y ahora surcaba los cielos con sus afiladas alas de halcón a toda velocidad. Hubo un momento que la gigantesca figura del ave desapareció en apenas un parpadeo y, apenas una centésima de segundo después, volvieron a escucharle detrás de varios tejados.
—¿Uno? ¡Ya llevo cinco! ¿Es que te pesa ese culo de lagarto?
—Allá por donde pasen ellos, estaremos a salvo —dijo Yui, encogiéndose de hombros—. Descubramos quién es el hijoputa que nos ha engañado.
Pero Ayame se había quedado congelada en el sitio.
—P... P... P... P... P...
Tenía el rostro petrificado en un gesto de terror y la mano, temblorosa, alzada en el aire hacia la nada. Su piel había perdido todo el color, sólo la nieve que les rodeaba era más blanca que ella misma.
Cuando Shanise les había advertido que tuvieran cuidado con Yui, no podía haber imaginado un escenario peor que aquel. Si por alguna remota casualidad quien había ejecutado el genjutsu no se había enterado de que tres shinobi habían escapado a su control, desde luego la exhibición zoológica que acababa de acontecer en Yukio les había terminado por colocar los focos sobre la cabeza.
Y la soga al cuello.
Y Yui se cruzó de brazos. Miraba al cocodrilo con profunda seriedad, pero Ayame sintió que la sangre abandonaba su rostro cuando la vio sonreír de aquella forma tan peligrosa.
«Oh, no...»
Oh, sí.
—Qué coño, es verdad —Yui soltó una sonora carcajada.
—¿Qué? —A Ayame se le escapó un agudo gallo.
—Chicos, es cuestión de tiempo que sepan lo que estamos haciendo. Así que ahora a la mierda todo.
—¡No, Yui, esp...!
— ¡¡A LA MIERDA!! ¡AL ATAQUE, KOKOROKO!
—¡Vamos, pollo! ¡A ver quién destruye más altavoces! —bramó el gigantesco reptil, que echó a galopar sin más miramientos. Le perdieron de vista cuando cruzó un puente y giró una esquina, pero fue dejando una serie de alaridos de terror tras su paso—. ¡¡UNOOOOOO!! —le oyeron en la distancia, con un estrepitoso estruendo metálico.
Pero él no había sido el único. Takeshi había desaparecido sin dejar una sola pluma y ahora surcaba los cielos con sus afiladas alas de halcón a toda velocidad. Hubo un momento que la gigantesca figura del ave desapareció en apenas un parpadeo y, apenas una centésima de segundo después, volvieron a escucharle detrás de varios tejados.
—¿Uno? ¡Ya llevo cinco! ¿Es que te pesa ese culo de lagarto?
—Allá por donde pasen ellos, estaremos a salvo —dijo Yui, encogiéndose de hombros—. Descubramos quién es el hijoputa que nos ha engañado.
Pero Ayame se había quedado congelada en el sitio.
—P... P... P... P... P...
Tenía el rostro petrificado en un gesto de terror y la mano, temblorosa, alzada en el aire hacia la nada. Su piel había perdido todo el color, sólo la nieve que les rodeaba era más blanca que ella misma.
Cuando Shanise les había advertido que tuvieran cuidado con Yui, no podía haber imaginado un escenario peor que aquel. Si por alguna remota casualidad quien había ejecutado el genjutsu no se había enterado de que tres shinobi habían escapado a su control, desde luego la exhibición zoológica que acababa de acontecer en Yukio les había terminado por colocar los focos sobre la cabeza.
Y la soga al cuello.