9/02/2021, 11:03
Cuando Takumi aventó sobre los bandidos, la joven amejin se recolocó de rodillas, apoyando una mano sobre los bordes del carro. Uno, dos, hasta tres los seguían, estaba claro que no hizo un buen trabajo observando los alrededores y aquella siesta no fue la mejor de sus ideas. Intentó pensar en algo con lo que actuar, pero los combates a distancia no eran su mejor cualidad; por suerte, el marionetista tomó la iniciativa, lanzando una descarga eléctrica contra los bandidos.
Ryo por su parte, tras decirle que no se detuviera, decidió que era el momento perfecto para demostrar sus habilidades con el carro, este se sacudió, haciendo que Ren cayera a sobre la madera de culo mientras eso se convertía en una emocionante persecución. Y Ryo lo sabía. Como viéndolos en el reflejo de la medianoche, incluso si intentaba evitarlos, todas esas imágenes le venían repentinamente a la mente como flashes a los ojos. Deja vú, debía haber estado en esa situación en otra ocasión.
Para cuando Ren se recompuso, pudo ver como uno de los bandidos parecía caer al suelo, o por lo menos su equino; este se deshizo del animal antes de tocar el suelo con sorprendente maestría y echó a correr, a la amejín le costó seguir su paso con los ojos, hasta que el grito que dio antes de saltar atacarla la hizo comprender la situación.
Ren desenvaino su wakizashi obligando a que el Dao del asaltante se detuviera contra su acero.
— ¿¡Se puede saber que cojones quereís!? ¡Tan solo llevamos un par de piezas de ceramica! — Gruñio entre dientes, obligándole a retroceder el arma muy lentamente debido a su fuerza.
Tal vez saltaran algunas chispas al inicio del choque de ambos, o durante el forcejeo entre ambas armas, pero el arma de Ren, acabó incendiandose.
Ryo por su parte, tras decirle que no se detuviera, decidió que era el momento perfecto para demostrar sus habilidades con el carro, este se sacudió, haciendo que Ren cayera a sobre la madera de culo mientras eso se convertía en una emocionante persecución. Y Ryo lo sabía. Como viéndolos en el reflejo de la medianoche, incluso si intentaba evitarlos, todas esas imágenes le venían repentinamente a la mente como flashes a los ojos. Deja vú, debía haber estado en esa situación en otra ocasión.
Para cuando Ren se recompuso, pudo ver como uno de los bandidos parecía caer al suelo, o por lo menos su equino; este se deshizo del animal antes de tocar el suelo con sorprendente maestría y echó a correr, a la amejín le costó seguir su paso con los ojos, hasta que el grito que dio antes de saltar atacarla la hizo comprender la situación.
Ren desenvaino su wakizashi obligando a que el Dao del asaltante se detuviera contra su acero.
— ¿¡Se puede saber que cojones quereís!? ¡Tan solo llevamos un par de piezas de ceramica! — Gruñio entre dientes, obligándole a retroceder el arma muy lentamente debido a su fuerza.
Tal vez saltaran algunas chispas al inicio del choque de ambos, o durante el forcejeo entre ambas armas, pero el arma de Ren, acabó incendiandose.