13/07/2021, 16:52
No había sido tan buena idea.
—No fue tan buena idea. —le dije a mi hermanastra, Kuumi, quien caminaba delante de mí. Su cabellera roja, más clara pero menos glamorosa que la mía, era apenas visible tras la gran mochila llena de telas y ropas. No volteó a verme, sino que agitó la mano mientras hablaba.
—Nah, yo estoy de acuerdo con Ranko, te hace falta salir.
—Falso.
—No habrías aceptado si no creyeras que Ranko tiene razón.
Verdadero. Es cierto, nuestra Hermana es sabia a su manera, y siempre quiere lo mejor para mí.
—Habría sido mejor que mi Hermana viniera. Es alta y da una bonita sombra. Me siento segura a su lado.
—Salió a una misión a no-sé-dónde, no podría.
—Y en su lugar —continué, como si Kuumi no hubiese hablado —tengo que estar esquivando el asqueroso roce de los peatones.
A Kuumi le había costado acostumbrarse a mi imperiosa necesidad de alejarme de cualquier intento de tacto, a diferencia de mi Hermana Ranko, quien lo entendió y aceptó al instante. ¡Qué noble!
Como si leyera mi mente, Kuumi volteó a verme, con aquella expresión que roza en el hastío. Le sonreí. Sé que tiene celos de que me lleve mejor que ella con Ranko. Ja.
—Bien. A donde voy con este encargo habrá mucha gente. Mucha más gente, y será más difícil esquivarlas que aquí afuera —Ah, la línea de ropa de Kuumi. No negaré que sus diseños y sus telas son maravillosos. Pero mi Suiken es más preciosa —. Así que creo es mejor esperes fuera. Ve a comer por mientras. A… A recargar tu cuerpo, o como sea.
—Dejas sola a una muñeca al aire libre. Está bien, está bien.
Creo que Kuumi pensó que no podía verla poner los ojos en blanco.
—Eres una kunoichi, estarás bien. Nos vemos en la entrada de la ciudad al rato.
—Al rato —repetí. No era una pregunta. No sé si Kuumi realmente confiaba en mi habilidad o si simplemente se quería deshacer de mí. Pensé que mi Hermana Ranko sí confiaría en mí, así que suspiré y asentí —. Bien. Cuídate, Kuumi.
Mi hermanastra se alejó, no sin antes darse vuelta y despedirse con un gesto y una sonrisa. Suspiré de nuevo, de pie al borde del camino de Tanzaku Gai. Yo vestía mi Suiken, negra de brillos rosas y violetas, en la forma de una falda justo por encima de la rodilla y una blusa de anchas y largas mangas, con pelusa al cuello. Me giré, buscando algún lugar para alimentar mi cuerpo. Y lo peor sucedió.
Choqué.
Me di de frente contra un tipo de cabellos negros y ojos dorados, quien comía algo. Una fuerte sensación de asco me recorrió.
—ALÉJATE.
Di un salto hacia atrás y a un lado, intentando poner distancia entre el chico y yo. Sin embargo, lo segundo peor sucedió.
Choqué de espaldas.
Sin querer me había acercado a un puesto, y había chocado contra una chica de cabellos azabaches medio rapados, quien también estaba comiendo. Di un paso para alejarme de ambos, apuntándoles con las palmas, con ganas de lanzarles relámpagos de mis manos (si fuese capaz). ¿Cómo podría la gente ser tan descuidada? Eso de estar paseando con comida… ¡Te distrae del camino! Y eso de estar… ahm… sentado comiendo, en el posible camino de una… ahm… persona. ¡¿Qué les pasa?!
—NO ME TOQUEN.
Sabía que era una mala idea venir. Ah, Hermana, ¿dónde estás?
—No fue tan buena idea. —le dije a mi hermanastra, Kuumi, quien caminaba delante de mí. Su cabellera roja, más clara pero menos glamorosa que la mía, era apenas visible tras la gran mochila llena de telas y ropas. No volteó a verme, sino que agitó la mano mientras hablaba.
—Nah, yo estoy de acuerdo con Ranko, te hace falta salir.
—Falso.
—No habrías aceptado si no creyeras que Ranko tiene razón.
Verdadero. Es cierto, nuestra Hermana es sabia a su manera, y siempre quiere lo mejor para mí.
—Habría sido mejor que mi Hermana viniera. Es alta y da una bonita sombra. Me siento segura a su lado.
—Salió a una misión a no-sé-dónde, no podría.
—Y en su lugar —continué, como si Kuumi no hubiese hablado —tengo que estar esquivando el asqueroso roce de los peatones.
A Kuumi le había costado acostumbrarse a mi imperiosa necesidad de alejarme de cualquier intento de tacto, a diferencia de mi Hermana Ranko, quien lo entendió y aceptó al instante. ¡Qué noble!
Como si leyera mi mente, Kuumi volteó a verme, con aquella expresión que roza en el hastío. Le sonreí. Sé que tiene celos de que me lleve mejor que ella con Ranko. Ja.
—Bien. A donde voy con este encargo habrá mucha gente. Mucha más gente, y será más difícil esquivarlas que aquí afuera —Ah, la línea de ropa de Kuumi. No negaré que sus diseños y sus telas son maravillosos. Pero mi Suiken es más preciosa —. Así que creo es mejor esperes fuera. Ve a comer por mientras. A… A recargar tu cuerpo, o como sea.
—Dejas sola a una muñeca al aire libre. Está bien, está bien.
Creo que Kuumi pensó que no podía verla poner los ojos en blanco.
—Eres una kunoichi, estarás bien. Nos vemos en la entrada de la ciudad al rato.
—Al rato —repetí. No era una pregunta. No sé si Kuumi realmente confiaba en mi habilidad o si simplemente se quería deshacer de mí. Pensé que mi Hermana Ranko sí confiaría en mí, así que suspiré y asentí —. Bien. Cuídate, Kuumi.
Mi hermanastra se alejó, no sin antes darse vuelta y despedirse con un gesto y una sonrisa. Suspiré de nuevo, de pie al borde del camino de Tanzaku Gai. Yo vestía mi Suiken, negra de brillos rosas y violetas, en la forma de una falda justo por encima de la rodilla y una blusa de anchas y largas mangas, con pelusa al cuello. Me giré, buscando algún lugar para alimentar mi cuerpo. Y lo peor sucedió.
Choqué.
Me di de frente contra un tipo de cabellos negros y ojos dorados, quien comía algo. Una fuerte sensación de asco me recorrió.
—ALÉJATE.
Di un salto hacia atrás y a un lado, intentando poner distancia entre el chico y yo. Sin embargo, lo segundo peor sucedió.
Choqué de espaldas.
Sin querer me había acercado a un puesto, y había chocado contra una chica de cabellos azabaches medio rapados, quien también estaba comiendo. Di un paso para alejarme de ambos, apuntándoles con las palmas, con ganas de lanzarles relámpagos de mis manos (si fuese capaz). ¿Cómo podría la gente ser tan descuidada? Eso de estar paseando con comida… ¡Te distrae del camino! Y eso de estar… ahm… sentado comiendo, en el posible camino de una… ahm… persona. ¡¿Qué les pasa?!
—NO ME TOQUEN.
Sabía que era una mala idea venir. Ah, Hermana, ¿dónde estás?
Diálogo (Darkorchid)