23/08/2021, 16:07
¿Quitármela? ¡JA! Nunca había escuchado broma tan tremenda.
—Y si quieren seguir tranquilas, harán caso —El de la derecha sacó su mano de entre sus ropas, empuñando un cuchillo. No, era una tantō, como mi Ajisai —. Oye, ¿cuánto crees que valga esa tela? Nunca la había visto.
—Yo qué sé. Pero ha de ser mucho. —dijo el de la izquierda, moviendo su bastón.
¡Ah, no podía no presumir mi Seda!
—Por supuesto, mi Seda Líquida es invaluable.
Los hombres sonrieron y dieron sendos pasos hacia nosotras. No. NO. NO SE ACERQUEN. Retrocedí por instinto.
—Mi amiga tiene razón. No molesten. —Una parte de mí, una que se le haría familiar a mi Hermana Ranko, quería que sucediera. Quería bailar con Suiken y aquellos idiotas. Alcé las manos, dedos estirados, mostrando el dorso, lista para dirigirla.
—Mira, pequeña, si creen que dos niñatas van a poder contra nosotros tres, se están buscando un muy mal rato —dijo el tipo de la tantō —. Rojita, deja tu ropa. Tú, rapada, suelta lo que traigas de valor. Hagan caso y regresarán a casa sin rasguño alguno. Pongan resistencia y no aseguramos que regresen a casa.
—Ningún guardia a la vista. —Nos llegó en voz baja el anuncio del tercer granuja, el vigía. Los otros dos sonrieron, confiados. Yo también sonreí, y le dirigí una mirada de complicidad a Jun. ¿Ella estaría lista?
—Y si quieren seguir tranquilas, harán caso —El de la derecha sacó su mano de entre sus ropas, empuñando un cuchillo. No, era una tantō, como mi Ajisai —. Oye, ¿cuánto crees que valga esa tela? Nunca la había visto.
—Yo qué sé. Pero ha de ser mucho. —dijo el de la izquierda, moviendo su bastón.
¡Ah, no podía no presumir mi Seda!
—Por supuesto, mi Seda Líquida es invaluable.
Los hombres sonrieron y dieron sendos pasos hacia nosotras. No. NO. NO SE ACERQUEN. Retrocedí por instinto.
—Mi amiga tiene razón. No molesten. —Una parte de mí, una que se le haría familiar a mi Hermana Ranko, quería que sucediera. Quería bailar con Suiken y aquellos idiotas. Alcé las manos, dedos estirados, mostrando el dorso, lista para dirigirla.
—Mira, pequeña, si creen que dos niñatas van a poder contra nosotros tres, se están buscando un muy mal rato —dijo el tipo de la tantō —. Rojita, deja tu ropa. Tú, rapada, suelta lo que traigas de valor. Hagan caso y regresarán a casa sin rasguño alguno. Pongan resistencia y no aseguramos que regresen a casa.
—Ningún guardia a la vista. —Nos llegó en voz baja el anuncio del tercer granuja, el vigía. Los otros dos sonrieron, confiados. Yo también sonreí, y le dirigí una mirada de complicidad a Jun. ¿Ella estaría lista?
Diálogo (Darkorchid)