Un Yota vio caer, otro Yota lo vería caer, esas casualidades de lo que algunos llaman destino. Karamaru tenía los minutos contados desde que había pisado ese terreno de combate y se atreviese a desafiar al que sería el hombre que lo derrotase sin siquiera echar una gota de sudor.
Escuchaba los pasos como si fueran de un gigante, retumbaban los sonidos en sus orejas, y lo veía aproximarse lentamente casi como si el tiempo tratase de detenerse. Pudo escuchar su nombre que provenía de los labios del pelirrojo acercándose más y más y tal vez fuese eso lo que lo hubiese hecho reaccionar aunque ya sin tiempo para dar un paso al costado. El alma le había vuelto al cuerpo y todo comenzó a suceder más rápido de lo que sus ojos podían percibir.
Sin darse cuenta y por instinto su brazo izquierdo cruzo su cuerpo como si buscase su bolsillo de lado opuesto. Sintió el golpe y el dolor que lo empezaba a empujar hacia atrás tras obligarle a levantar los pies del suelo y sin saberlo otra herida de combate le seguía a esa patada. El fino metal corrió por su piel dejando una línea de sangre tras él justo bajo su ojo derecho cortando su la superficie de su pómulo.
Su cuerpo se vio lanzado unos pocos metros hacia atrás, metros en los que se arrastró y dio vueltas por el suelo hasta frenarse con el cilindro que se alzaba en el estadio. Estaba consciente de lo que sucedía, Yota no había dado un golpe lo suficientemente fuerte como para dejarlo con los ojos cerrados tendido sobre el suelo. Ahora, recostado sobre el pilar metálico y con su cuerpo dolorido, empezaba a levantarse como podía. Hizo fuerzas con sus manos sobre sus rodillas, todavía tosiendo por el polvo que había tragado, y finalmente se irguió aunque con piernas tambaleantes. Llevó su mano derecha a su herida simplemente para tratar de detener al hilo rojo que se deslizaba por su mejilla. Sabiendo que esto no iba para más extendió su brazo derecho y dejó la mano manchada de sangre firme y al frente.
Ya no tengo nada que hacer.- le dijo a su rival entregando su mano para que se la estrechase.
No fue hábil ni inteligente para el combate, pero si era lo suficientemente listo como shinobi para saber que antes de ser derrotado en combate era mejor terminar las cosas antes de que se saliesen de control. No era una batalla en una misión y ni siquiera era contra un enemigo pero si una pelea no se podía ganar era mejor terminarla de otra manera que no sea la muerte o quedando inconsciente en el suelo. Uno tenía que reconocer sus limitaciones.
PV:–
CK:–
Escuchaba los pasos como si fueran de un gigante, retumbaban los sonidos en sus orejas, y lo veía aproximarse lentamente casi como si el tiempo tratase de detenerse. Pudo escuchar su nombre que provenía de los labios del pelirrojo acercándose más y más y tal vez fuese eso lo que lo hubiese hecho reaccionar aunque ya sin tiempo para dar un paso al costado. El alma le había vuelto al cuerpo y todo comenzó a suceder más rápido de lo que sus ojos podían percibir.
Sin darse cuenta y por instinto su brazo izquierdo cruzo su cuerpo como si buscase su bolsillo de lado opuesto. Sintió el golpe y el dolor que lo empezaba a empujar hacia atrás tras obligarle a levantar los pies del suelo y sin saberlo otra herida de combate le seguía a esa patada. El fino metal corrió por su piel dejando una línea de sangre tras él justo bajo su ojo derecho cortando su la superficie de su pómulo.
Su cuerpo se vio lanzado unos pocos metros hacia atrás, metros en los que se arrastró y dio vueltas por el suelo hasta frenarse con el cilindro que se alzaba en el estadio. Estaba consciente de lo que sucedía, Yota no había dado un golpe lo suficientemente fuerte como para dejarlo con los ojos cerrados tendido sobre el suelo. Ahora, recostado sobre el pilar metálico y con su cuerpo dolorido, empezaba a levantarse como podía. Hizo fuerzas con sus manos sobre sus rodillas, todavía tosiendo por el polvo que había tragado, y finalmente se irguió aunque con piernas tambaleantes. Llevó su mano derecha a su herida simplemente para tratar de detener al hilo rojo que se deslizaba por su mejilla. Sabiendo que esto no iba para más extendió su brazo derecho y dejó la mano manchada de sangre firme y al frente.
Ya no tengo nada que hacer.- le dijo a su rival entregando su mano para que se la estrechase.
No fue hábil ni inteligente para el combate, pero si era lo suficientemente listo como shinobi para saber que antes de ser derrotado en combate era mejor terminar las cosas antes de que se saliesen de control. No era una batalla en una misión y ni siquiera era contra un enemigo pero si una pelea no se podía ganar era mejor terminarla de otra manera que no sea la muerte o quedando inconsciente en el suelo. Uno tenía que reconocer sus limitaciones.
Estado del Calvo
PV:
11/100
-13
–CK:
130/130
"El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro"
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
