19/02/2016, 03:03
Agotado y dolorido esperaba que el pelirrojo se acercara hacia su posición para oficialmente dar por concluido el combate. Minutos de silencio prosiguieron a la acción de retirada del calvo en la cual ambos participantes solo si limitaron a mirarse y a contemplar el estado del otro.
Yota vería a una persona cansada y encorvada, llena de tierra y jadeante. Los ojos del pelado veían a un reluciente hombre que hizo lo que tenía que hacer para acabar con un inexperto en los combates. Ese era el momento, esos segundos que pasaban y pasaban con la gente tratando de entender por qué se quedaban quietos los combatientes, en el que Karamaru pensaba en que le habían servido esos entrenamientos en el templo, si es que acaso se podía llamar entrenamiento. Su antiguo maestro, un referente de gran nivel para el calvo, tal vez no lo había exigido lo suficiente como para igualar al nivel del mundo real.
Mientras veía acercarse a su rival, mientras esperaba el momento en que la piel de cada uno hiciera contacto con la otra y se aceptase el fin del combate, Karamaru se repetía una y otra vez la mismas dos pregunta.
«¿Seré demasiado débil para ser shinobi? ¿Debería volver al templo y dejar de lado mi camino?»
La decepción que el calvo sentía sobre si mismo era inigualable y acompañada de la humillación, vergüenza y sensación de debilidad se convertía a algo que estaba carcomiendo la mente de Karamaru por dentro. En tan solo minutos todo ese combate se había transformado en un duro golpe para él que hacía que reflexionase y ponga en duda cosas que pensó que nunca pondría.
El cruce de manos finalmente se concretaba y junto a eso un acto de bondad acompañaba el saludo de Yota. Un kunai que al verlo hizo que Karamaru sonriera. La amargura había pasado de largo en ese instante en el que se le ocurría utilizar su propia arma como un símbolo y una meta. Aunque era verdad, su inexperiencia le había llevado a tal vez entregar el combate en sus primeros instantes. Pero eso era para analizar después y con la cabeza despejada.
No voy a recibir este kunai de esa manera. Lo recuperaré de la misma forma en la tú la obtuviste, derrotándote en un combate. Hasta entonces, será todo tuyo.
El monje corrió la mano hacía atrás para dejar más clara la intención de que no iba a tomar el arma de metal. E incluso después, Yota mostraba otro acto que para él era de benevolencia pero para el calvo era otra muestra de debilidad. Si podía salir del estadio por sus propios medios por qué no hacerlo.
Gracias- dijo después del desafío de su rival para con el arbitro- Pero creo poder retirarme por mis propios medios.
Se despegó de su ya ex-contrincante y empezó a alejarse mientras veía a las gradas y observaba cada uno de los rostros de los aficionados que poco a poco se enteraban que el combate había concluido y el ganador era el pelirrojo por una obviedad. Tambaleándose pero caminando recto Karamaru hacia sus últimos pasos antes de volver a sentarse en esa pequeña habitación, unos últimos pasos antes de comenzar un período de reflexión profunda sobre su profesión y su persona.
Espero volver a verte, aunque tu nombre no me traiga buenos recuerdos- sentenció el pelado que le gritaba desde la distancia a Yota. Nuevamente recordaba ese momento y el terror y la nostalgia lo consumían. Tal vez podría obtener mejores recuerdos y experiencias con esta nueva persona aunque de mismo nombre.
«Algún día recuperaré ese kunai, algún día...»
Yota vería a una persona cansada y encorvada, llena de tierra y jadeante. Los ojos del pelado veían a un reluciente hombre que hizo lo que tenía que hacer para acabar con un inexperto en los combates. Ese era el momento, esos segundos que pasaban y pasaban con la gente tratando de entender por qué se quedaban quietos los combatientes, en el que Karamaru pensaba en que le habían servido esos entrenamientos en el templo, si es que acaso se podía llamar entrenamiento. Su antiguo maestro, un referente de gran nivel para el calvo, tal vez no lo había exigido lo suficiente como para igualar al nivel del mundo real.
Mientras veía acercarse a su rival, mientras esperaba el momento en que la piel de cada uno hiciera contacto con la otra y se aceptase el fin del combate, Karamaru se repetía una y otra vez la mismas dos pregunta.
«¿Seré demasiado débil para ser shinobi? ¿Debería volver al templo y dejar de lado mi camino?»
La decepción que el calvo sentía sobre si mismo era inigualable y acompañada de la humillación, vergüenza y sensación de debilidad se convertía a algo que estaba carcomiendo la mente de Karamaru por dentro. En tan solo minutos todo ese combate se había transformado en un duro golpe para él que hacía que reflexionase y ponga en duda cosas que pensó que nunca pondría.
El cruce de manos finalmente se concretaba y junto a eso un acto de bondad acompañaba el saludo de Yota. Un kunai que al verlo hizo que Karamaru sonriera. La amargura había pasado de largo en ese instante en el que se le ocurría utilizar su propia arma como un símbolo y una meta. Aunque era verdad, su inexperiencia le había llevado a tal vez entregar el combate en sus primeros instantes. Pero eso era para analizar después y con la cabeza despejada.
No voy a recibir este kunai de esa manera. Lo recuperaré de la misma forma en la tú la obtuviste, derrotándote en un combate. Hasta entonces, será todo tuyo.
El monje corrió la mano hacía atrás para dejar más clara la intención de que no iba a tomar el arma de metal. E incluso después, Yota mostraba otro acto que para él era de benevolencia pero para el calvo era otra muestra de debilidad. Si podía salir del estadio por sus propios medios por qué no hacerlo.
Gracias- dijo después del desafío de su rival para con el arbitro- Pero creo poder retirarme por mis propios medios.
Se despegó de su ya ex-contrincante y empezó a alejarse mientras veía a las gradas y observaba cada uno de los rostros de los aficionados que poco a poco se enteraban que el combate había concluido y el ganador era el pelirrojo por una obviedad. Tambaleándose pero caminando recto Karamaru hacia sus últimos pasos antes de volver a sentarse en esa pequeña habitación, unos últimos pasos antes de comenzar un período de reflexión profunda sobre su profesión y su persona.
Espero volver a verte, aunque tu nombre no me traiga buenos recuerdos- sentenció el pelado que le gritaba desde la distancia a Yota. Nuevamente recordaba ese momento y el terror y la nostalgia lo consumían. Tal vez podría obtener mejores recuerdos y experiencias con esta nueva persona aunque de mismo nombre.
«Algún día recuperaré ese kunai, algún día...»
"El miedo es el camino al lado oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira al odio, el odio al sufrimiento, y el sufrimiento al lado oscuro"
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
-Maestro Yoda.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘
