9/03/2025, 12:03
(Última modificación: 9/03/2025, 12:04 por Himura Hana.)
La vida de campo les había sentado de maravilla a Hana y Ren. Había pasado ya una semana desde el incidente en el que Ren había salvado a toda la población de una pequeña aldea de la malvada espada de control mental. Las aldeanas se despertaron confusas aquella tarde, recordando vagamente a una samurai morena que les liberó del yugo de un malvado espadachin bandido. Yukiko había desaparecido por completo para ir a ayudar a reconstruir aquel pueblo y Saori estaba más melancolica que nunca. Se mostraba alegre frente a las niñas, pero en cuanto se iban perdía aquella modesta sonrisa.
En cuanto al proyecto de su casa, ya estaba casi toda la estructura hecha. Sin embargo, faltaban todos los servicios como la luz, el agua... Aquello les tomaría algo más de tiempo, pero de mientras, Ren podía ir haciendo anexos o habitaciones extra. Tenían muchos planes, pero todos requerian de tiempo y recursos. Y, de todas formas, no era el momento de dejar a la pobre Saori sola.
Era de nuevo domingo y ambas estaban tiradas en la cama. Hana notó algo subirse a la cama y rápidamente asumió que se trataba de Lily, aunque había sido muy sigilosa.
— Ren, te toca dar de comer a la koala. — dijo Hana sin abrir los ojos.
Sin embargo, Ren lo que notaría no era a su pequeña Lily. Sino unos lametones en la cara de una cosa extra peluda. Si abría los ojos, vería a una pequeña lobezna tumbada a su lado, mirandola con grandes ojos azules. Su pelaje era del mismo dorado que las lobas que le habían ayudado.
En cuanto al proyecto de su casa, ya estaba casi toda la estructura hecha. Sin embargo, faltaban todos los servicios como la luz, el agua... Aquello les tomaría algo más de tiempo, pero de mientras, Ren podía ir haciendo anexos o habitaciones extra. Tenían muchos planes, pero todos requerian de tiempo y recursos. Y, de todas formas, no era el momento de dejar a la pobre Saori sola.
Era de nuevo domingo y ambas estaban tiradas en la cama. Hana notó algo subirse a la cama y rápidamente asumió que se trataba de Lily, aunque había sido muy sigilosa.
— Ren, te toca dar de comer a la koala. — dijo Hana sin abrir los ojos.
Sin embargo, Ren lo que notaría no era a su pequeña Lily. Sino unos lametones en la cara de una cosa extra peluda. Si abría los ojos, vería a una pequeña lobezna tumbada a su lado, mirandola con grandes ojos azules. Su pelaje era del mismo dorado que las lobas que le habían ayudado.