8/03/2016, 03:37
Ambos chicos escucharon con atención las palabras del hospitalizado. Se les notaba interesados en lo que se estaba hablando, puesto que ni siquiera se tomaron la molestia de sentarse en una de las sillas cercanas. Se podía ver cómo el usuario del látigo absorbía cada palabra dicha, en busca de cualquier retazo de información que pudiera serle útil, cosa que tenía sentido puesto que aún le esperaba más torneo por delante, donde cualquier dato aparentemente ínfimo podría marcar la diferencia entre la victoria o la derrota.
—Bueno, si me lo permitís, os voy a hablar de mi combate. Mejor dicho de mi contrincante. Creo que es importante que sepáis lo máximo posible sobre él, por si nos lo encontramos como enemigo en algún momento.
Aquel de mirada rojiza tomó aire para ordenar sus ideas y procedió a narrar lo más resaltante de su combate; Aparte de uno que otro detalle no había mucho más que no fuera ya de saber común en aquellas alturas del torneo, sin embargo la descripción daba a entender que se trataba de un chico con habilidades y tácticas bastante versátiles.
«Ya veo… —escuchaba con atención académica—. Parece que logró sacar lo mejor del chico en aquel combate, aunque es posible que en este mismo instante ese Genin de Amegakure este dándole a sus compañeros un informe completo sobre las habilidades de Nabi.»
—Aunque hay algo que quiero comentaros, sobre todo a ti, Juro. De los gennins que se han presentado de Ame, es muy probable que haya un jinchuriki entre ellos. Podría ser Daruu, pero podría ser la kunoichi que ha pasado a la segunda ronda, así que ten mucho cuidado. Recuérdalo y si en combate tienes la certeza de que es ella, ríndete. Esto no es la guerra, no hay necesidad de arriesgar tu vida contra un bijuu. Teniendo en cuenta que dejo inconsciente a su contrincante en apenas unos minutos, existe la posibilidad.
En la habitación se asentó un silencio extenuante, pues era difícil de entender como el rubio hablaba de aquello con tanta soltura. Después de todo, se trataba de un tema un poco tabú; los sacrificios humanos o los contenedores vivientes, aquellas personas malditas que estaban condenadas a cargar con demonios incontrolables dentro de ellos. En parte leyenda urbana y en parte secreto oscuro, resultaba algo de lo cual no se debía hablar sin cuidado.
—Dijo que fue un accidente… Tendré cuidado Nabi, no te preocupes. No sé si será ella o no, pero no creo que se atreviese a mostrar sus poderes en público, si lo amañase, sería mucho más sutil.
—Ustedes... Joder —refunfuño Kazuma desde su cama—. No deberían de hablar de esas cosas con tanta ligereza y menos aún cuando son solo conjeturas —les recrimino un poco más calmadamente—. ¿Se les olvida que esos son asuntos secretos y que no estamos en la seguridad de nuestra villa? ¿Qué nos pasaría si por mera casualidad un Anbu de Amegakure estuviera escuchando lo que aquí se dice?
Tocio un poco y luego se quedó en silencio.
Su maestro ya le había narrado en varias ocasiones lo poco que se sabía sobre las bestias que una vez asolaron el mundo. En una oportunidad le contó sobre la teoría de encerrar a una en un recipiente humano, como una cobra atrapada en una vasija. Pero también le explicó lo que se creía que pasaría si el contenedor llegará a destaparse o a romperse. Claro cabía la posibilidad de que al morir el portador el demonio también lo hiciera, pero también existía la posibilidad de que escapara durante el proceso de debilitamiento y muerte ¿Qué sucedería si había un portador de las bestias con cola? ¿Qué pasaría si este resultaba “accidentalmente” herido de gravedad y por causa de aquello se liberará en un lugar como aquel? Solo el imaginar las posibilidades le parecía demasiado abrumador.
—No sé lo que pasará, pero… Tratare de dejar bien al equipo — dijo Juro, por fin.
—No te preocupes por el equipo, Juro —decidió cambiar de tema—. Es tu lucha y solo se trata de ti. Cuando estés en la arena no habrá equipo alguno puesto que solo serán tú y tu oponente… Enfrentados y sin la posibilidad de pensar en nada ajeno al combate.
—Bueno, si me lo permitís, os voy a hablar de mi combate. Mejor dicho de mi contrincante. Creo que es importante que sepáis lo máximo posible sobre él, por si nos lo encontramos como enemigo en algún momento.
Aquel de mirada rojiza tomó aire para ordenar sus ideas y procedió a narrar lo más resaltante de su combate; Aparte de uno que otro detalle no había mucho más que no fuera ya de saber común en aquellas alturas del torneo, sin embargo la descripción daba a entender que se trataba de un chico con habilidades y tácticas bastante versátiles.
«Ya veo… —escuchaba con atención académica—. Parece que logró sacar lo mejor del chico en aquel combate, aunque es posible que en este mismo instante ese Genin de Amegakure este dándole a sus compañeros un informe completo sobre las habilidades de Nabi.»
—Aunque hay algo que quiero comentaros, sobre todo a ti, Juro. De los gennins que se han presentado de Ame, es muy probable que haya un jinchuriki entre ellos. Podría ser Daruu, pero podría ser la kunoichi que ha pasado a la segunda ronda, así que ten mucho cuidado. Recuérdalo y si en combate tienes la certeza de que es ella, ríndete. Esto no es la guerra, no hay necesidad de arriesgar tu vida contra un bijuu. Teniendo en cuenta que dejo inconsciente a su contrincante en apenas unos minutos, existe la posibilidad.
En la habitación se asentó un silencio extenuante, pues era difícil de entender como el rubio hablaba de aquello con tanta soltura. Después de todo, se trataba de un tema un poco tabú; los sacrificios humanos o los contenedores vivientes, aquellas personas malditas que estaban condenadas a cargar con demonios incontrolables dentro de ellos. En parte leyenda urbana y en parte secreto oscuro, resultaba algo de lo cual no se debía hablar sin cuidado.
—Dijo que fue un accidente… Tendré cuidado Nabi, no te preocupes. No sé si será ella o no, pero no creo que se atreviese a mostrar sus poderes en público, si lo amañase, sería mucho más sutil.
—Ustedes... Joder —refunfuño Kazuma desde su cama—. No deberían de hablar de esas cosas con tanta ligereza y menos aún cuando son solo conjeturas —les recrimino un poco más calmadamente—. ¿Se les olvida que esos son asuntos secretos y que no estamos en la seguridad de nuestra villa? ¿Qué nos pasaría si por mera casualidad un Anbu de Amegakure estuviera escuchando lo que aquí se dice?
Tocio un poco y luego se quedó en silencio.
Su maestro ya le había narrado en varias ocasiones lo poco que se sabía sobre las bestias que una vez asolaron el mundo. En una oportunidad le contó sobre la teoría de encerrar a una en un recipiente humano, como una cobra atrapada en una vasija. Pero también le explicó lo que se creía que pasaría si el contenedor llegará a destaparse o a romperse. Claro cabía la posibilidad de que al morir el portador el demonio también lo hiciera, pero también existía la posibilidad de que escapara durante el proceso de debilitamiento y muerte ¿Qué sucedería si había un portador de las bestias con cola? ¿Qué pasaría si este resultaba “accidentalmente” herido de gravedad y por causa de aquello se liberará en un lugar como aquel? Solo el imaginar las posibilidades le parecía demasiado abrumador.
—No sé lo que pasará, pero… Tratare de dejar bien al equipo — dijo Juro, por fin.
—No te preocupes por el equipo, Juro —decidió cambiar de tema—. Es tu lucha y solo se trata de ti. Cuando estés en la arena no habrá equipo alguno puesto que solo serán tú y tu oponente… Enfrentados y sin la posibilidad de pensar en nada ajeno al combate.
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