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Una nueva era T5

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#1
26 de Viento Gris del 217


Arrebujado en su larga túnica blanca, Datsue caminaba por las calles de Yamiria con las manos en los bolsillos y un gorro de lana sobre la cabeza. No es que hiciese mal día, aparentemente. El cielo estaba relativamente despejado y las temperaturas no eran catastróficamente bajas. El problema era el viento, esa corriente de aire gélida que se trataba de colar por cualquier resquicio que dejase la ropa, y que cuando lo conseguía, penetraba la piel hasta alcanzar los huesos.

Por aquí —dijo, expulsando con ello una columna de vaho, mientras torcía a izquierda.

A su lado, Koko. La kunoichi había accedido a comprar un ninjatō en la tienda del socio de Datsue. Seis meses había tardado en convencerla —aunque sospechaba que había sido su hermana quien en realidad lo había hecho—, pero más valía tarde que nunca.

Ya nos queda poco —aseguró Datsue, que tenía los dedos de los pies congelados. ¿A quién se le ocurría ir en pleno invierno con sandalias? A nada más y nada menos que al Uchiha, que tan acostumbrado como estaba a aquel calzado, todavía no lo había cambiado por algo que abrigase más. Después de sufrir las inclemencias del tiempo en aquel viaje de dos días, mucho se temía que no tardaría en hacerlo.

Y es que ambos shinobis habían tardado dos días en llegar hasta allí, con sus dos noches incluidas, pues cuando habían llegado a Yamiria, la tienda ya estaba cerrada. Que no se hubiesen enfadado en todo aquel tiempo era un milagro que Datsue todavía no acababa de comprender, viendo todos los precedentes que había. Un milagro del que no se quejaría... al menos, hasta que dejase dinero en caja con la compra del ninjatō.
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¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado


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Datsue y Reiji, (Ascua, 220), Poder 80 e Inteligencia 80

Grupo 7:
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#2
No había pasado demasiado tiempo de que Hideo —el hermano mayor de la pecosa— decidiera meter sus zarpas en algunos problemas que ella y su hermana tenían con cierto individuo. Ese alguien con quien había estado viajando hasta Yamiria.

Seguramente ese Sakamoto estaría más que satisfecho con lo que había logrado teóricamente, pues tanto Koko como Noemi ahora podían hablar normalmente con Uchiha Datsue sin necesidad de recurrir a la violencia, ya sea verbal o física. Especialmente si hablamos de la de ojos verdes, ella se las había arreglado para profundizar muchísimo más de lo esperado su relación con el chico…

Pero la Kageyama no se encontraba con él por la relación de Noemi ni por los motivos que ella pudiera tener, ella había accedido a viajar con él para conseguir algo que le interesaba hacía mucho ya, conseguirse un segundo ninjato. Dicho sea de paso, podría conseguirle aquellas drogas que el Uchiha le había pedido días atrás.

—Genial —respondió vagamente la pecosa, ataviada de una gruesa capa verde que la protegía del frío viento.

Para esta ocasión llevaba el conjunto de siempre pero con un pantalón y playera para asegurarse que todo su cuerpo estaría cubierto y refugiado del frío.

—Luego vamos a dar una vuelta por la clínica —le dijo mientras seguía el paso del contrario.

No necesitaba decirle los motivos de aquella indicación, seguramente él podría sacar sus propias deducciones y tal vez llegaría a la respuesta correcta.
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#3
«¿A la clínica?» ¿Así que al fin pensaba cumplir su apuesta y suministrarle los preciados sedantes? Ciertamente, con todo lo que se le echaba encima, no sabía si era el momento ideal o el menos oportuno. Tenía que preparar una fiesta a Nabi en cuatro días, con todo lo que ello conllevaba: comida; bebida; limpiar la casa… Quizá le pidiese ayuda a Koko con aquello último, sabedor de lo mucho que le gustaban aquellas tareas. Después, debía viajar a Ushi para sellar un tanque de agua en un pergamino, de vistas a su viaje con Aiko… Que aquella era otra. Se había reencontrado con la kunoichi de Amegakure, y se había comprometido a, nada más y nada menos, que viajar junto a ella al País del Viento. Necesitaba su mente lúcida y despejada si quería robarle el secreto de su inmortalidad y salir vivo de ello. ¿Conseguiría su plan con los sedantes su propósito de alcanzar un sueño profundo? ¿O le dejaría todavía más atolondrado?

Mucho se temía, eran preguntas cuya respuesta tan solo alcanzaría a saber una vez lo experimentase.

Tras doblar un par de calles más, los ninjas llegaron al fin a su destino. Era una típica tienda de armas con un cartel en lo alto, en el que estaba rotulado:

«La armería para los Intrépidos»

Sí, el nombre lo había elegido Datsue.

Adelante —la apremió, abriendo la puerta con una mano y dejando que pasase ella primero.

El interior de la tienda no era demasiado grande, pero estaba bien iluminado y organizado. A la derecha, y tras un cristal, un enorme surtido de armas de filo de todo tipo y tamaño. Katanas, hachas, lanzas… A la izquierda, armas de mayor contundencia, como martillos de guerra, mazas con pinchos, látigos… Al frente, y tras un mostrador, colgado de la pared, armas más pequeñas como sellos explosivos, bombas de todo tipo, kunais, shurikens…

Un hombre de barriga incipiente y gran papada se encontraba tras el mostrador. Llevaba barba de tres días, entradas en el cabello, corto y negro, y tenía unos ojos oscuros pero que irradiaban inteligencia. Miró a la chica con una sonrisa radiante, como si llevase días sin ver a ningún cliente entrando por la puerta.

¿En qué puedo ayudarla, señorita?
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#4
Pronto ambos shinobis llegarían a la armería, una cuyo nombre se le hacía extrañamente curioso. «Como se nota que te llevas con los dueños »pensó cómica, después de todo, aquel chico siempre que podía se presentaba como ”el intrépido”.

Nada más entrar, la kunoichi pudo apreciar una gran cantidad de armamento bien organizado y perfectamente visible a pesar de la falta de espacio. Era sorprendente lo que se podía lograr con algo de paciencia y tal vez, buen gusto. Aunque claro, el sexto sentido de la Kageyama le decía que aquello sería muy difícil de mantener limpio y que —probablemente— hubiese algo de suciedad oculta entre repisa y repisa. Pero no haría alusión a ello, ni ahora ni nunca.

Al otro lado del mostrador se encontraba un hombre, bastante robusto y no por ejercicio por lo visto. Pero se le veía buena gente.

—Buen día —saludó ella con una ligera reverencia—. Quisiera comprar un ninjatō, si es posible.

La chica esta vez mostraba su habitual sonrisa, esa que da a entender que todo está en orden en su vida y que… Por cierto motivo en los últimos días no había logrado mostrar. Por lo menos hasta que pudo ponerse al tanto de ciertas cosas.
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#5
El hombre abrió mucho los ojos y dio una palmada de felicidad.

¿Un ninjatō? ¡Pero por supuesto! ¡Por supuesto! —Salió detrás del mostrador para dirigirse al lado donde se encontraban las katanas. Fue entonces cuando vio a Datsue—. ¡Oh! ¡Datsue!

El hombretón dio dos rápidas zancadas y lo apresó en un enorme abrazo.

El intrépido —farfulló, sin aire, para completar el nombre.

Sí que hace tiempo que no te veo por aquí... ¿Viene ella contigo? —preguntó, liberándole al fin del abrazo. Datsue asintió—. Perfecto, perfecto. Oye y… —bajó la voz, aunque Koko pudo oírle perfectamente—. ¿Qué pasa con la Marca del Hierro? ¿Cumpliste ya tu parte? —Datsue chasqueó la lengua, como si el tema le importunase, y negó con la cabeza—. Pero, ¡Datsue! ¡Necesitamos ese trato!

Estuve liado.

¿Liado? ¿Cómo que liado? —de pronto, todo ese buen rollo desapareció, dando paso a la crispación. Okane era muchas cosas, pero si algo valoraba por encima de todo, eso era el dinero. A Datsue le agradaba que fuese así. Con nadie había tenido más problemas que con la gente honrada. Eran demasiado impredecibles. De un avaricioso como Okane, en cambio, siempre sabías lo que te podías esperar de él—. Se trata del negocio, Datsue. ¡Del negocio!

Datsue suspiró.

Okane, ya te dije que no era tan sencillo. Necesito permiso de la Villa para estar tanto tiempo fuera, y no puedo hacerlo solo. Necesito a Akame conmigo y estuvo liado. Pero tranquilízate, el mes que viene me pongo a ello seguro.

El mes que viene, el mes que viene… Eso me dijiste el mes pasado. ¡Y el anterior!

Datsue resopló. En realidad, Okane tenía razón.

Okane… ¿Quieres atender de una vez a nuestra clienta? Ya arreglaremos eso, ¿hmm?

Solo fue cuando Datsue mencionó a Koko que el comerciante se echó atrás. Pese a que no quedaba muy conforme, asintió.

Sí… Disculpe este incómodo momento, señorita. A ver, quería un… ninjatō, ¿no es así? Veamos… Ah, aquí está —desplazó la ventana corredera de cristal hacia un lado y extrajo la katana que buscaba, junto a su envaine—. Pruébela si quiere —dijo, ofreciéndosela por la empuñadura—. Comprobará que está perfectamente equilibrada. El mejor acero de Onindo, sin duda. Y forjado por los mejores herreros. No hallará impurezas de carbón o burbujas de aire como en esas katanas que venden en tiendas medio pelo. No señor. ¡La calidad está asegurada!
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#6
Típico, te metes a una armería a pedirte un arma homicida y terminas presenciando un problema entre socios. «Lalala »comenzó a tararear en su cabeza mientras mecía su cabeza de un lado a otro al ritmo de la canción.

¿Qué otra cosa podía hacer? Solo esperar, aunque si fuese por ella se podría poner a mirar las múltiples cosas que habían por ahí. Tal vez y encontraba un arma más llamativa que los ninjatōs de toda la vida que… Probablemente luego se encargaría de modificar un poco, por lo menos el mango y la vaina para que sean algo más llamativos. Incluso tal vez podría imitar el estilo de espada del clan Sakamoto.

Finalmente, luego de que Datsue le recordara al comerciante que ella existía, volvió a ser el centro de atención y le ofrecieron el arma que había llegado buscando.

—Veamos… —dijo tomando el arma para luego desenfundarla.

La vaina como mucho no le importaba, terminó por atraparla entre sus piernas para asegurarse de no perderla mientras examinaba lo importante del arma.

La miró de un lado, del otro, también la alineó con su mirada para verla perfectamente a lo largo y mil cuestiones más, entre ellas, comprobó también que el mango estuviese bien adherido a la hoja, es decir, que el acero no se movería de ninguna manera.

Luego de revisarla con la vista, la pecosa se alejó un poco de todos dando pequeños saltos y sacudió el arma en distintas direcciones, produciendo un ligero sonido en cada uno de los movimientos.

—Me gusta —afirmó, aunque todavía tenía algo más que comprobar.

La rubia desenfundó la otra katana que tenía y las comparó.

Tal y como aquel hombre decía, el acero tenía muy buena pinta, además de que ambas espadas pesaban aproximadamente lo mismo. Incluso al chocar el filo de ambas espadas entre sí se producía un ruido bastante… ”Normal”, lo que para la Kageyama significaba que era un buen acero el que se había utilizado para esa espada.

Luego de aquello, solo faltaba una cosilla…

La flexibilidad.

Guardó su katana en su vaina y tomó la nueva por el mango y por el filo, con absoluto cuidado para evitar accidentes y luego intentó doblarla, comprobando así que gozaba de cierta flexibilidad pero nada exagerado. Lo cual era bueno, no iba a partirse al primer choque.

—Sí, me la llevo —afirmó alegremente.

Ya había hecho todas las pruebas que creía necesarias, pero de todas maneras se dio el lujo de frotar suavemente su mano en sentido perpendicular al filo del acero. Lo sentía algo áspero y si no erraba, estaba muy filosa.

Con todo listo, la Kageyama tomó la vaina que había estado sosteniendo entre sus piernas y finalmente enfundó el arma. Lo único que le faltaba era esperarse a que le dieran el precio a pagar y ya podría terminar con aquella transacción. Tal vez. También podría comprobar que Datsue fuese hombre de palabra o no, pues había afirmado que le venderían buenas armas a un menor precio del habitual.
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#7
Tanto Okane como Datsue permanecieron en silencio observando los distintos movimientos de la kunoichi, que con gestos metódicos y medidos calibraba la calidad del ninjatō. Se notaba que no era novata en el tema, ni mucho menos, pero por suerte, la calidad de su producto pasó la prueba.

¡Perfecto! —exclamó Okane, sonriente—. ¿Puedo sugerirle algún producto de limpieza? ¡Vendemos un kit de mantenimiento por solo veinte ryō! Muy completo, ¡es una ganga! El ninjatō son mil ryō —Datsue carraspeó—, pero los amigos del señorito Datsue son mis amigos, así que le haré un descuento del veinticinco por ciento. Eso hace que le queden en… Setecientos cincuenta ryō.

El acuerdo que Datsue tenía con Okane era muy sencillo. El chico le llevaba clientes a la tienda, con la promesa de un precio inmejorable. A cambio, Okane le daba un porcentaje de lo que compraban. Concretamente, el veinticinco por ciento del precio original, previo al descuento. El beneficio con el que se quedaba Okane era minúsculo, al menos, a simple vista. Pero a la larga ganaba, pues el trato solo incluía armas de acero. El resto de armamento —sellos, bombas, o incluso kunais y shurikens, que no formaban parte del trato— Okane lo vendía al precio estándar. Rara era la ocasión en que los clientes que traía Datsue no quisiesen también algún otro producto. Quizá no aquel día, pero sí otro en el que se pasasen. Finalmente, por tanto, todos salían ganando.
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#8
La kunoichi ya había dado su visto bueno, solo necesitaba pagar y se podría ir con una nueva espada en su poder…

Pero Okane, casi como si supiera de la debilidad de la Kageyama le hizo una pequeña oferta.

—Añada ese kit —dijo con una seriedad incomparable, como si acabase de dar una orden de asesinato o similar.

Lo malo era que estaban a punto de cobrarle exactamente lo mismo que en cualquier otra parte, es decir, mil ryos, el precio normal. Pero por suerte, en cuanto Datsue se hizo notar, le aplicaron un pequeño descuento a la pecosa.

—Ya decía yo… —murmuró mientras rebuscaba en su portaobjetos por la cartera.

«Si me cobraban lo mismo me iba a otra parte que tengan armas con mejor calidad »pensaba la rubia muy segura de sus conocimientos. Inclusive podría haberse ido a la herrería donde los Sakamoto compraban todas sus armas, es decir, armas de excelente calidad y encima al mismo precio. Pero bueno, iba a darle chance a aquella armería que el Uchiha le había recomendado.

—Entonces… Setesientos setenta, ¿no? —preguntó para estar segura en lo que sacaba el dinero.

Tras la confirmación, la heterocroma se retiraría de la tienda. Según cómo se comportase la katana podría llegar a pasarse algún otro día para comprar alguna otra cosilla.
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#9
El negocio salió redondo. La kunoichi no solo se llevó la katana, sino que pagó encantada el kit de mantenimiento que Okane le ofrecía. Para no levantar sospechas, Datsue se llevaría su porcentaje en otro momento, aunque todavía había algo que quería arreglar…

Aguarda un momento, Koko —dijo, cuando ésta iba a salir por la puerta—. Necesito hablar contigo de algo.

Había estado rumiándolo durante horas, y aunque probablemente no fuese la solución ideal, sí era la que tenía más a mano. Pero si algo había aprendido de Zoku, eso era que había siempre oídos indiscretos. Por eso no se había atrevido a sacarle el tema al aire libre.

¿Nos disculpas un momento, Okane? —preguntó, señalando con un dedo su propia oreja.

Su socio pareció captar la indirecta en el acto, aunque esbozó expresión ofendida, como si no se creyese que no confiase en él. Seguidamente, sin embargo, se puso unos cascos en las orejas y el sonido de música llegó hasta los oídos de ambos shinobis. Datsue, conforme, se desplazó hasta una esquina de la tienda, alejado de la puerta de la entrada, e hizo un gesto a su compañera para que se acercase.

Necesito que me hagas un favor —dijo, en voz baja, directo al grano. Sabía muy bien que la kunoichi no le agradaba que se fuesen por las ramas—. El día 3 de Aliento Nevado pediré una misión… que no podré hacer. Necesito que alguien la haga por mí. Me harías un gran favor si ese alguien fueses tú.
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#10
La rubia había terminado sus negocios allí por lo que no tenía sentido que se esperase por más. Además de que tenía que irse a hablar con cierta persona para conseguirle aquellas drogas a Datsue que… «ahora que lo pienso, si a él le sirven probablemente a Akame también »se planteó, a sabiendas de que en los últimos días su amado había tenido problemas para conciliar el sueño también. Algo extraño que justo entre aquellos dos Uchihas ocurriese lo mismo.

De cualquier forma, cuando apoyó la mano en el picaporte de la puerta, Datsue la detuvo.

—¿Eh? —soltó algo perdida mientras se devolvía.

¿Otro favor? Puede que el clan y Uchiha Datsue se hayan reconciliado, pero eso no significaba que ellos fuesen a hacerle todos los favores del mundo así sin más, ¿verdad?

—¿De qué me hablas? —preguntó la pecosa—. ¿Por qué no podrás hacerla tú? ¿Y qué clase de misión te buscarás?

No podía simplemente aceptar semejante cosa, además de que sería muy extraño que él pidiera la misión y no ella. Incluso había algo más importante que le rondaba por la cabeza. «¿Lo pondrán en su historial y no en el mío? »se preguntaba para nada convencida de la idea de hacer misiones a nombre de otro.
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#11
Ah, pero si pensaba que Koko aceptaría sin más, no podría ser más ingenuo. Por suerte, había perdido aquella ingenuidad con ella hacía mucho tiempo.

Suspiró.

Una misión C, porque normalmente se hacen fuera de la Villa. Y no la podré hacer porque… estaré de viaje mientras tanto. Verás… ¿recuerdas a Aiko? ¿Esa kunoichi de la que os había hablado a ti y a Ayame? —preguntó—. Pues me voy con ella, de viaje. Es algo importante, de lo contrario no te lo pediría. No sé cuánto tardaré en volver, pero seguramente bastante. Si aviso en la Aldea lo más probable es que no me dejen ir, y si no aviso directamente pensarán que me han secuestrado o algo. Por eso pensé en esto. Pido una misión, y la hace otro por mí. Pero no pide recompensa. Así la Villa pensará que simplemente me estoy demorando más de la cuenta con el encargo. A mi vuelta, pido la recompensa y se la doy a la persona que hizo la misión por mí. ¿No es un plan perfecto? —preguntó—. Nadie se enteraría, ¡y todos saldríamos ganando!
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#12
«Gato encerrado »fue lo único que surcó la mente de la rubia que no pudo evitar alzar una ceja al escuchar aquel relato.

—Claro, te vas con esa, con la que supuestamente estabas casado —le dijo recordando lo ocurrido en el valle—. Dejando a un lado que no me agrada la idea de que te hayas tirado a mi hermana solo para darte un gusto, no veo cómo hacer eso que dices sin que nadie sospeche, después de todo, si voy a donde tengo que cumplir el encargo con el pergamino a tu nombre seguramente termine mal yo. Podrían pensarse que soy una impostora que se robó la bandana o algo del estilo. Además que eso te justificaría a ti, pero no me justificaría a mi —prosiguió la chica.

Ni de lejos era el plan perfecto. Realmente habían muchos detalles sueltos ahí que no podía dejar pasar.
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#13
Datsue frunció el ceño.

No hables de mi relación con tu hermana porque no sabes…«…una mierda», lo que yo siento o dejo de sentir por ella —optó por decir, conteniéndose. No quería acabar como siempre: a palos—. Hagamos una cosa —dijo, enseñando las palmas de las manos en señal de tregua—, sigamos los consejos de tu hermano, ¿eh? Dejemos explicarnos el uno al otro antes de sacar conclusiones precipitadas.

»Primero: no estoy casado con Aiko. Aquello fue una trola, porque… Bueno, estábamos practicando sexo. —Qué mal le sonaba aquella expresión. Normalmente, hubiese dicho follar y se hubiese quedado tan pancho. Pero con las chicas siempre procuraba emplear un vocabulario menos… vulgar—. Y Ayame nos interrumpió a la mitad. Lo de que nos estábamos casando era más bien una… metáfora. Me daba cosa decir lo que estábamos haciendo realmente.

»Segundo, sobre el nombre en el pergamino de la misión… —Demonios, tenía razón, aquello no lo había pensado. Pero mejor disimular y hacer parecer que lo tenía todo planeado—, no todos los clientes piden el pergamino al presentarte. Pero en caso de hacerlo, Koko, en caso de hacerlo…«¿En caso de hacerlo qué?» Entonces se le ocurrió una idea de súbito—. Conoces el Henge no Jutsu, ¿verdad? Yo soy capaz de aplicárselo a objetos. Podría Hengear el pergamino y transformarlo en algo idéntico, solo que con tu nombre«Joder, ¡soy un genio!»

»Y respecto a lo tercero… Qué ganarías tú... —suspiró. Era hora de sacar toda la artillería pesada—. No se trata de ti, Koko, sino de tu hermana.
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#14
De nuevo, los genes estaban saliendo a la luz de nuevo. Esos genes que los obligaban a ambos a pelearse así tuviesen o no motivos y la kunoichi no iba a quedarse atrás, ya se le podía apreciar una vena ligeramente hinchada en la frente al escuchar aquello. «¿Qué no lo sé? Por dios si estuvieron gritando toda la puta noche »y no lo decía únicamente por no seguir con aquella estupidez.

—¿Y cómo iba a saber yo que era una trola? —respondió a secas, porque no había nada que le justificase esta vez.

De cualquier manera, el chico soltó una sugerencia, muy estúpida ante los ojos de la pecosa.

—Pero justo pierdes la concentración o el efecto caduca porque estamos muy lejos y puff, de nuevo estaré con un pergamino con tu nombre —y con eso se cargaba la teoría de Datsue, ya que dudaba muchísimo que fuese capaz de mantener un henge a kilómetros de distancia.

Ah pero aquel Uchiha como siempre tenía que inclinarse a hablar en nombre de alguien más, alguien que no estaba allí presente aunque a Koko no le cambió nada, simplemente se cruzó de brazos.

—Deja de obviar detalles —le exigió algo molesta.

Al igual que a Hideo, a aquella pecosa no le agradaba el suspenso.
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#15
¿Y cómo iba a saber yo que era una trola? —preguntó. Parecía bastante mosqueada.

Datsue respiró tres veces, mientras contaba hasta diez. «Calma y paciencia, Datsue. Calma y pacienia»

¿Recuerdas lo que me dijiste hace tiempo? ¿Que tu hermana y yo éramos igual de orgullosos? Me parece que tú también tienes lo tuyo, ¿eh? Y por favor, no te lo vuelvas a tomar como un ataque personal —se adelantó, previendo que lo haría—. No te decía que eso era mentira para acusarte de nada, sino simplemente para informarte.

»Y respecto al Henge, no necesito estar concentrado para que haga efecto. Ni siquiera tengo que estar presente, porque lo hago a través de fūinjutsu. Almaceno chakra en un sello, y después ese sello utiliza esa energía para mantener la transformación. Podría sellar el Henge en el pergamino, y que éste se activase cuando lo abrieses —¿Podía hacerlo? Con el Sello de Transcripción el Uchiha podía sellar técnicas que se activasen al abrir un pergamino. Pero tenía que ser un pergamino especial, nunca había probado con un simple pergamino de misión—. ¡Y repito! —exclamó, enseñando las palmas de las manos—. Sé que no podías tampoco saber esto. Nuevamente, solo te estoy informando.

Hablar con Koko sin que uno de los dos terminase enfadándose resultaba agotador. Pero al menos aquella vez era por una buena causa.

Pasando al otro tema… ¿Recuerdas lo que os había dicho de Aiko? ¿De que era inmortal? Me acuerdo que Ayame se rio, y apuesto a que tú también lo hiciste interiormente. Pero, ¿qué pasó luego? —preguntó, y respondió por ella al momento—. En la segunda ronda del torneo. Tú estabas fuera ya, así que igual lo presenciaste. Aiko se clavó una espada en su propio corazón —Datsue no había podido verlo, pero todo el mundo hablaba de ello. Como en aquel momento Datsue desconocía que la kunoichi perdía la memoria con cada muerte, creyó que simplemente había pasado de él y su cita—. Aquello debió haberla matado, ¿verdad? Pero sigue viva. Claro que sigue viva. Cuando os dije que era inmortal, no fue solo porque ella me lo hubiese dicho. Lo vi con mis propios ojos. Una lanza le había atravesado el corazón de lado a lado. No tenía pulso. Le quité la lanza, y su cuerpo empezó a regenerarse rápidamente, y en apenas un minuto ya respiraba como si nada hubiese pasado.

»Hace seis días me la reencontré —le informó. Eso eran quince días después de que Noemi y Datsue hubiesen… hecho las paces. Averigüé más sobre su poder. ¿Sabías que si le cortan un brazo le vuelve a crecer? ¿O una pierna? ¿Ves ahora por dónde voy? —preguntó—. Hace tiempo que sospecho que su milagroso poder proviene de su pie derecho. Algo tiene escondido en esa bota. Creo que un fūinjutsu. ¿Y adivina quién es un experto en fūinjutsu? —La respuesta era obvia, pero se señaló con el pulgar por si tenía dudas—. Si hago este viaje con ella, tendré muchas oportunidades para mirar en esa bota sin que se dé cuenta. Podría estudiar el fūinjutsu, quizá incluso replicarlo… y de conseguirlo... Bueno, no solo me conseguiría la inmortalidad, sino que también podría devolverle a Noemi-chan su brazo… Su pierna… La antigua vida que tenía antes de que aquellos malnacidos —escupió la última palabra con rencor—, se la arrebatasen.
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