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Una nueva era T5

Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Pero quizás estos asuntos no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
#16
Lo acompañaria hasta que sus caminos se bifurcasen deteniendose un último momento para dar intercambiar un par de palabras más.

De acuerdo, dejaré mis cosas allí y me daré una vuelta por la obra, con suerte se me ocurre algo para enfrentarme a ellos — haría un suave gesto con la mano para despedirse de él e ir al lugar señalado anteriormente.

Salvo que nadie la parase o algo llamara su atención, entraría en aquella caseta que seguramente no sería para ella sola, donde se encontraría las pertenencias de otros obreros y varias camas. Con suerte, algo indicaría cuál era la suya y no tendría que dar más vueltas dentro del edificio de las necesarias.
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#17
La caseta era extremadamente simple, pues se notaba que fue hecho para poder ser desmontaba rápidamente de ser necesario. Realmente no tenía piso siquiera, sino que eran las cuatro paredes sobre el suelo llano. Las literas también eran sencillas: Simples armazones metálicos con algunas colchonetas. Claramente era un asentamiento planeado para ser temporal.

Por el momento estaba desocupada puesto que todos estaban afuera en sus labores, pero muchos tenían algunas de sus cosas personales colgadas cerca o encima de las improvisadas camas. La única libre, era una litera al fondo que de paso no tenía colchón en la zona superior.

Si pasaba el resto de la tarde ahí, no habría mayor movimiento. No sería sino hasta el atardecer cuando el sol empezaba a ocultarse que los trabajadores entraron de nuevo a sus aposentos. Lucían cansados, sudados, pero de algún modo felices. Algunos balbuceaban de que sería pronto la hora de la cena, y sería en esos momentos cuando Lyndis sentiría que la tripa le rugía.
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#18
Tras localizar una litera, carente de una de las camas, y que parecía no haber sido tocada tal vez desde que se instaló, dejaría su mochila encima. Se sentaría en ella, dándole vueltas a como se iba a enfrentar a aquellos bandidos. Si armaba suficiente jaleo y vapuleaba a un buen par sin mucha complicación, tal vez los amedrentaría lo suficiente como para rechazarlos. O tal vez el resto de los trabajadores saldrían a ayudarla al ser advertidos por el ruido.

Pasara lo que pasara, decidió descansar un rato en el interior despertándose un par de horas antes de que se marchara el sol. Pero se limitaría a observar las obras, sentada en un montón de grandes trozos de madera cortados en forma rectangular. Finalmente los operarios parecían haber terminado la faena por hoy, y tanto estos como la propia Lyndis sintieron la llamada en sus estómagos del tercer jinete, Hambre.

Saludó y dio algunos ánimos a algunos de los que pasaron por su lado, quienes lo agradecieron con una misma sonrisa de vuelta; pero ella esperaría al capataz de la obra, para poder preguntarle si no era lo suficientemente tarde como para poder cenar ella también, o si iba siendo el momento de que ella comenzará las rondas de vigilancia.
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#19
El jefe de obras regresaba caminando con unos amigos, platicando tras el final de la jornada. Sin embargo en el camino se topó con la kunoichi.

—Anda, ¿necesitas algo? — Diría alegre, aunque la tripa rugiente de la joven shinobi le hizo parpadear por unos momentos antes volver a pasar a carcajearse mientras se sostenía su propia barriga. —Ay, no digas nada, no digas nada — Se limpió la lágrima mientras trataba se serenarse. —Culpa mía no decirte a que hora tocaba la cena acá. Pero bueno, tú pasa cuando puedas con los chicos. Eres bienvenida siempre y cuando no te importa pelearte por un asiento con un grupo de sudorosos obreros — Volvió a reír. —Bah, es mentira. No debes pelear, son chicos muy tranquilos y amables. Tpu busca asiento y ahí puedes quedarte... ¿Alguna otra cosilla? — Alzó la ceja.

»Lastimosamente, la jornada no se ha acabado para mí, por lo que yo aún me quedaré despierto hasta la media noche. Cualquier cosa a mí me puedes consultar en mi caseta. Sólo toca antes que no quiero sustitos innecesarios.
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#20
Si bueno... Tan solo me preguntaba si yo también podía ir a cenar algo antes de empezar con la patrulla nocturna — respondió ruborizándose levemente ante el ruido de su estómago.

El hambre no era algo de lo que ella se sintiera avergonzada, tras aquellos largos años que pasaron viviendo de la caridad y poco más tuvo que perder un poco la vergüenza cuando acompañaba a su madre a recoger los restos a última hora de verdulerías, carnicerías o pescaderías. Hambre era tan solo una de las muchas desgracias que podía traer una guerra, algo por lo que nadie debería pasar jamas en su vida, sintiendo como su propio cuerpo consumía las pocas reservas y nutrientes que tenía.

En cuanto acabe, o me diga en concreto, me pondré de patrulla. He dormido algo así que dudo que tenga sueño hasta pasada la mañana — añadió finalmente bajando de las vigas de madera en las que había estado sentada y/o durmiendo a lo largo de la tarde la mayor parte del tiempo.
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#21
—Yo no tengo mucho que decirte o ordenarte. Te he contratado, pero la que ha de saber como lidiar con los maleantes eres tú. Ya hemos intentando antes plantarles cara nosotros y no ha salido para nada bien, por lo que en mí no confíes mucho para las decisiones — Se rascó la nuca. —Pero anda, ve tú a pedir sitio y se te hará — Le dió unas palmadas en el hombro para luego irse a su propia caseta.

Cerca de ahí habían improvisado una zona para comer con una gran mesa y bancos de madera alargados plegables. Los trabajadores tomaron asiento mientras el aroma de la comida se sentía en el aire, oliendo a reconocible carne guisada.

Un muchacho mucho más delgado que la mayoría de hombres iba llevando platos a cada uno de los que estaban sentados, siendo que el joven se encargaba de servir las porciones exactamente iguales. Ni una gota más, ni una menos.

Si la kunoichi deseaba espacio, los bordes de la gran banca parecían de alguna manera desocupados para que ella cupiera. No eran demasiados trabajadores, pero entre lo robustos que eran si que ocupaban algo de espacio.
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