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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
Corrientes
#1
A pesar de tratarse de la vida de un chaval de catorze años, a veces le parecía que no disponía del tiempo suficiente como para descansar y meditar en un lugar como aquel: el Jardín de los Cerezos. Se sentía avasallado por las constantes peticiones de su familia para realizar tareas domésticas, por las enseñanzas de su abuela en el Senjutsu, por aquel trabajo extra que realizaba en el campo para colaborar en la economía... pero que recientemente había abandonado tras el ascenso a Genin.

No se había detenido a plantearse qué significaba aquello. O, más concretamente, cuál era el significado de la palabra «Ninja». Y se le escapaban muchos detalles para conocer el verdadero sentido que podía darle al Camino Ninja, o Nindo. Esa tarde se había brindado la oportunidad de reflexionar un poco más sobre aquel asunto. De hecho, Chihige —la cabra marrón— no le había reconocido como tal. Lo trataba de crío a pesar de que se tratase de un animal de la altura de su rodilla.

Se había puesto unas ropas comunes, marrones, poco destacables, para pasear tranquilamente entre los senderos de piedra que conectaban los diferentes templos y plazoletas de aquel pacífico lugar. O no tan pacífico... Pues, de vez en cuando, se encontraba a más de un ninja entrenando. Tanto física como espiritualmente. Al final, el peliblanco se detuvo delante de un templo y miró hacia la fachada del majestuoso edificio.

«¿Y ahora?»
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#2
Uchiha Datsue caminaba por el Jardín de los Cerezos con la indumentaria oficial de Chunin: chaleco carmesí con cuello y bolsillos grises; camisa larga por debajo y pantalón de color azul oscuro; y unas botas altas, que dejaban al descubierto los dedos. También la placa identificativa en el brazo derecho, y la bandana ninja colgando del cuello.

Le había cogido cariño a la indumentaria oficial, especialmente ahora en invierno, con la llegada del frío. Además, con su mala suerte, quizá no tardaría mucho en que le degradasen de nuevo. Mejor aprovechar y lucir su status mientras pudiese.

El Uchiha, como de costumbre en los últimos meses —quién le diría a él hace un año, con lo vago que era—, se encontraba perfeccionando sus habilidades ninja. Eso podía consistir en duros entrenamientos por la mañana, en la playa, hasta desarrollar nuevos fuuinjutsus y katones. En aquella ocasión, sin embargo, no era ninguna de las dos.

Datsue empezaba a creer que se estaba estancando. Las técnicas de fuego y de sellado estaban muy bien, pero sentía que le faltaba algo. Una variante en su arsenal que le hiciese más completo, como su Hermano. Por eso estaba allí, paseando, con un pergamino abierto entre las manos.

Un pergamino que enseñaba los primeros pasos para descubrir la segunda naturaleza más afín a tu cuerpo.

Sí, sabía que era un camino largo y duro. Dominar dos naturalezas era algo que pocos conseguían. O eso le decían, porque se rodeaba de amigos que sí lo habían logrado. Akame, Eri, Nabi… Todos ellos le habían adelantado, y desde hace tiempo, en aquel aspecto. «Joder, apuesto a que Daruu también. Y Ayame. Y Kaido. Malditos cabrones, no puedo quedarme atrás»

Tan concentrado como iba en su lectura, chocó sin querer contra un joven parado frente a un templo.

Oh, disculpa. —Una rápida visual le dijo que no le conocía de nada—. Iba despistado.
Sellos de Rastreo implantados:
Hermandades Intrépidas:

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