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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
(D) El Coleccionista
#1
Había conocido a su sensei, Eri, y habían quedado en volver a reunirse en un mes para comprobar el avance que tenía el genin, por lo que tenía que entrenar y conseguir, al menos, algo nuevo, mejorar en sus bases para poder estar a la altura y, para ello había decidido aumentar la exigencia de su entrenamiento, por lo que ya apenas estaba en casa y veía a Akashi únicamente por las mañanas y por las noches, salvo los días que entrenaban juntos.

Oye Riko, ¿por qué no haces misiones? Empezamos a necesitar un extra de dinero.

Aquello le pilló por sorpresa y casi escupe el agua que intentaba beber para refrescarse después de un duro entrenamiento.

Pues... No sé si estoy preparado...

El pelirrojo bufó, en un tono burlón y le dio una colleja a su compañero.

¿Cómo no vas a estar preparado idiota? Empieza por una básica y ya está. — Diría antes de levantarse. —Mañana estás pidiendo una o tendré que darte una paliza. — Le dijo con un tono jocoso antes de marcharse.

...

Y allí estaba él, por la mañana temprano, apenas había amanecido, y de camino al edificio del Uzukage, en pos de conseguir realizar su primera misión. Se quitó las legañas con la manos derecha mientras bostezaba mientras cruzaba el puente de madera que separaba el edificio del resto de la aldea.

Entró en el lugar y se dirigió a recepción.

Buenos días. — Diría haciendo una ligera reverencia con la cabeza a quien fuera que se encontrara tras la recepción. —Mi nombre es Kaguya Riko, y venía para solicitar una misión.
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#2
Uzumaki Kiyomi alzó la vista, amena, en cuanto la campanilla de recepción anunció la llegada de su primer visita del día. Sonrió grácil y maternal en cuanto el muchacho estuvo frente a ella, y luego le respondió.

—¡Buenos días! —respondió primero—. no te había visto por aquí antes, así que asumo que eres un recién graduado. ¡Felicidades! —volvió a sonreír y movió las manos, para buscar algo—. así que en víspera de tu estreno, veamos qué encargo te podemos dar. Uhmm, acá no, ésta tampoco...

¡aquí!


Alzó la mano por encima del cubil y le entregó a Riko el pergamino.


(D) El coleccionista


Solicitante: Kitama Shida
Lugar: Uzushiogakure no sato .
Kitama Shida es un coleccionista de nacimiento. Tiene una tienda de artilugios y excentricidades de época de la que puede estar muy orgulloso, y aunque suele exhibir chatarras de trapicheo que puede vender a unos cuantos pavos y poco más, se cree que tiene una colección bastante esotérica que ha ido armando a lo largo de los años. Es adicto a la historia que se esconde tras cada uno de sus objetos y no pretende irse de este mundo hasta no verse satisfecho con su colección.

Una nueva oportunidad emerge en el horizonte para Kitama-dono. Allí, en Uzushiogakure; se celebrará una importante subasta auspiciada por un benefactor anónimo el próximo Raiyōbi de Augurio. Necesita de un ninja que le haga de guardia/mozo durante su participacion en el evento.


Tomo esta misión con uno de mis huecos de rol
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#3
—¡Buenos días! no te había visto por aquí antes, así que asumo que eres un recién graduado. ¡Felicidades! así que en víspera de tu estreno, veamos qué encargo te podemos dar. Uhmm, acá no, ésta tampoco... ¡aquí!

La mujer que le atendía desde detrás de la recepción tenía un gesto amable, algo que era de agradecer y más teniendo en cuenta las horas que eran.

Sí, me acabo de graduar. ¡Muchas gracias! — Añadió Riko antes de que la mujer comenzara a buscar lo que suponía era su misión, entregándole un pergamino cuando la halló.

El Kaguya lo abrió, leyendo con cuidado la misión que se le acababa de asignar y cerrándolo de nuevo una vez lo hubo hecho.

Realizó una reverencia más.

¡Muchas gracias! ¡Que tenga un buen día!

Y tras despedirse de Kiyomi, se dirigió al exterior.

«Bueno, a ver qué tal se da la primera misión.»

Aceleró el paso para llegar a su casa. Una vez allí se preparó con todo lo que pensó que le pudiera ser útil, su portaobjetos y, en una mochila, una botella de agua, unos sándwiches por si la subasta se alargaba más de la cuenta y no podían parar a comer...

Una vez estuvo listo, el genin se dirigió a la tienda de su cliente, Kitama Shida, donde esperaba reunirse con él.
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#4
La tienda de Kitama Shida estaba ubicada en el centro cultural de Uzushiogakure, a unas cuantas cuadras del Jardín de los Cerezos. Se trataba de una cuadra y media de locales y comercios de índoles varias, tan variopintas una de las otras, lo suficientemente coloridas y llamativas para captar la atención de la gran concentración de transeúntes que por lo general pasaba por allí a diario. La entrada a su local, sin embargo, no llamaba tanto la atención. No era tan vívido como el resto de tiendas. Era, por decirlo de alguna manera, la oveja negra de los comerciantes. Tenía un aspecto lúgubre y esotérico, sin flores ni decoraciones deslumbrantes. Sólo una puerta compacta de madera con un pequeño cartel que decía abierto, y en lo alto de la tribuna, el nombre del local.

Shida no Seidō.

El interior por sí sólo también daba la misma sensación. Contaba de una amplia sala con tres divisiones de estanterías ubicadas paralelamente unas de las otras, repletas de artículos etiquetados que variaban lo suficiente como para que le fuera imposible catalogar todos los artilugios en secciones caterogirzadas. La mayoría lucían como chascarros y objetos de poca monta, aquí y allá, que respondían a los gustos y necesidades más particulares de algunos contados clientes. La mayoría no estaba tasado en más de cuatrocientos ryos a lo mucho.

Luego, en lo más profundo del local, se bifurcaban dos pasillos conexos a cada costado donde hacían vida numerosos escaparates de madera con vitrinas que exponían objetos de, probablemente, mayor trascendencia para su propia colección. Era evidente que allí guardaba lo verdaderamente importante, y lo más costoso también; altamente resguardado de las manos curiosas de cualquier delincuente.

No es que fuera difícil romper el vidrio de un sopetón, para para los rateros más inexpertos, hacía el trabajo.

Para conocer qué había al final de ambos pasillos, tenían que pasar un amplio gabinete de caoba donde, en ese instante, yacía un solitarios hombre tras una vieja caja registradora.

Tenía todo el aspecto de un señor que bien podía estar entrando en los cincuenta. La espalda le lucía ligeramente encorbada, sostenía un viejo libro el cual tenía casi que a dos centímetros de su rostro, mientras arrugaba la vista para poder leerlo. El cabello le lucía impolutamente peinado hacia atrás, con gomina, y éste estaba cubierto de canas.

También tenía un lunar en la nariz. O una verruga. O una extraña mezcla de ambas, quién sabe.
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#5
El camino hacia la tienda de Kitama se le hizo corto, quizás porque poco a poco iba conociendo la Villa al completo y se había aprendido algún que otro atajo para llegar a los sitios más importantes y su destino estaba cerca de uno de los principales atractivos de la aldea, el Jardín de los Cerezos.

La calle era una típica calle comercial, con locales de todo tipo que trataban de llamar la atención de clientes potenciales con llamativos escaparates, flores e incluso con los colores de su propia fachada. Riko iba en busca de uno en concreto, uno que fue fácil de distinguir porque, de entre todos los locales que había allí, quizás era el que menos interés en atraer nuevos clientes demostraba tener, basándote en el aspecto externo del negocio.

«Shida no Seidō, aquí es.»

El pelinegro se aventuró al interior del local una vez confirmado que era su lugar de destino y, una vez dentro, pudo ver la ingente cantidad de artículos de los que disponía, ordenados en estanterías , aunque muchos de aquellos objetos tendrían poco valor de mercado, pero aún así Riko andaba mirando las estanterías, observando todos aquellos artículos.

Al internarse un poco más en la tienda fue capaz de ver a un hombre tras la caja registradora y se acercó allí con paso decidido.

El hombre tenía pinta de ser mayor, aunque quizás aparentara más de los que tenía pero, si tenía que quedarse con algo que le llamara la atención de él, sin duda sería aquella especie de verruga que tenía en la nariz, que inmediatamente captó su atención.

Hola, buenos días. — Se presentó. —Mi nombre es Kaguya Riko, y se me ha asignado la misión de acompañar a Kitama Shida-san a una subasta, ¿es usted? — Preguntaría directamente.
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#6
Entonces, aquel vejete miró a Riko por sobre el hombro —o, en realidad, por sobre las lentillas de las gafas que llevaba puestas—. con una incredulidad malsana. No le estaba recibiendo como haría cualquier otro, en realidad le estaba inspeccionando. Si el ninja fuera un objeto, seguramente ya estaría tasado en un valor de mercado y embalsamado en una estantería para su preservación y posterior venta. O esa era la sensación que transmitía, asumiblemente, Kitama Shida.

—Pues sí, soy yo. ¿Qué pasa, esperabas algo mejor? ¿a algún vívido jovenzuelo con el que pudieras pasarla "bomba", como decís vosotros los críos hoy en día? —lució serio por un par de segundos, aunque luego sonrió. Riko pudo ver que le faltaba un par de muelas—. te estoy cargando, muchacho. Te vieras la cara, ¡jajaja!
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#7
En cuanto habló vio cómo el viejo le miraba con los ojos de un experto tasador, le inspeccionó como si se tratase de uno más de los productos que iba a vender, Riko incluso pensó que con aquella simple mirada, le había calado de tal forma que conocía sus defectos y puntos fuertes, y se sintió algo incómodo por unos instantes.

—Pues sí, soy yo. ¿Qué pasa, esperabas algo mejor? ¿a algún vívido jovenzuelo con el que pudieras pasarla "bomba", como decís vosotros los críos hoy en día? Y su incomodidad se elevó hasta cifras que nunca antes había visto, y aunque trató de mantenerse firme... —. te estoy cargando, muchacho. Te vieras la cara, ¡jajaja!

Estaba claro que no lo había hecho, pero rápidamente se forzó a sonreír ante la broma de su cliente y se relajó poco a poco.

Un placer conocerle, Kitama-san. — Diría realizando una reverencia. —¿Cuándo tenemos que ir hacia la subasta? ¿Necesita que le ayude con algo? — Se ofreció el genin.
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#8
—¿Y por qué tanta prisa? —respondió, mirando de reojo un antiguo reloj que tickteaba a su diestra—. No es sino hasta pasada las ocho. Aún tenemos mucho tiempo, muchacho.

El hombre dejó el libro sobre la repisa y se subió los anteojos por encima de la cabeza. Arrugó el gesto, y cruzó los brazos de un sopetón. Tenía la mirada fija en el... atuendo de Kaguya Riko.

—Además, no pensarás acudir con ese atuendo a la subasta. No nos dejarían entrar, eh. ¡Ni lo digas, ni lo digas! ¡sé el dolor de próstata que da usar un corbatín! pero la clase alta así lo exige. Por eso vivimos en Uzushiogakure.
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#9
—¿Y por qué tanta prisa? No es sino hasta pasada las ocho. Aún tenemos mucho tiempo, muchacho.

Riko asintió, quizás estaba algo ansioso por realizar su primera misión, por lo que tenía algo de prisa, pero debía relajarse, era cierto que quedaba tiempo de sobra.

De repente, cuando el hombre dejó el libro que estaba leyendo y fijó su mirada en él, el Kaguya vio como su gesto se torcía, aunque no sabría decir muy bien el motivo, pero Kitama no tardó demasiado en aclarárselo.

—Además, no pensarás acudir con ese atuendo a la subasta. No nos dejarían entrar, eh. ¡Ni lo digas, ni lo digas! ¡sé el dolor de próstata que da usar un corbatín! pero la clase alta así lo exige. Por eso vivimos en Uzushiogakure.

El rostro del genin palideció por unos instantes, no se había vestido acorde a lo que necesitaba la misión, de hecho no tenía nada que fuera apropiado para aquella situación.

Esto... verá... No tengo nada que la clase alta pudiera exigir. — Explicó el pelinegro, esperando que hubiera una solución a aquel problema.
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#10
—¿Piensas que un ávido coleccionista no tendría por ahí algún esmoquin de algún criajo ricachón? seguro que quedó algo decente en el sótano. Aunque luego tendrás que devolverle, bastante te vas a forrar con lo que te estoy pagando hoy.

Rió, con la silueta de un tacaño. Sabía que quinientos ryo no eran, ni de cerca, algo parecido a forrarse.

—Y ya que estamos. ¿Te han explicado para qué os he contratado?
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#11
—¿Piensas que un ávido coleccionista no tendría por ahí algún esmoquin de algún criajo ricachón? seguro que quedó algo decente en el sótano. Aunque luego tendrás que devolverle, bastante te vas a forrar con lo que te estoy pagando hoy.

Riko se limitó a asentir, tanto él como el hombre sabía que el dinero que iba a ganar por aquella misión distaba mucho de la idea de forrarse, pero sin duda alguna, era un dinero que le venía bien, por lo que no se lo iba a jugar por quedarse con un esmoquin viejo.

Se lo agradezco, y no se preocupe, lo devolveré en perfecto estado.

—Y ya que estamos. ¿Te han explicado para qué os he contratado?

El Kaguya dudó por un momento, pero rápidamente se limitó a contestar lo que había leído en el pergamino de la misión.

Va a haber una subasta y usted necesita de un ninja que le haga de guarda/mozo. — Relató.
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