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Ascua, Verano de 220
Situación actual (global): Tras la muerte de Moyashi Kenzou a manos de Eikyuu Juro y tras los acontecimientos en la última reunión de los Tres Grandes Kage, Kusagakure ha abandonado la Alianza Shinobi, y ha decretado la prohibición de entrada en el País del Bosque a todos los jinchuuriki. Aunque a petición y bajo presión de los Señores Feudales las relaciones comerciales siguen intactas, las políticas y personales entre los líderes se tambalean. Uzushiogakure y Amegakure trabajan juntos en una Alianza Tormenta-Espiral, y se mantienen ocupados realizando operaciones de investigación y derribo contra Kurama y su ejército y contra el grupo criminal Dragón Rojo, a quien comienzan a considerar una amenaza muy seria. Se han enviado peticiones de pega de carteles con las recompensas y el aspecto de todos los miembros conocidos a todos los países, aunque el País del Agua se niega a colaborar... ni a dar respuesta alguna a la petición. Los ninja controlan de forma estricta los puertos de las diferentes capitales y lugares de entrada marítima a sus países de origen, y desbaratan cualquier fábrica o distribuidora de omoide a la que puedan echar el guante.

Los Gebijuu siguen provocando estragos y ocupando a los shinobi de tanto en tanto. Se ha descubierto que estas bestias han sido creadas por Kurama y por sus secuaces. Uzushiogakure y Amegakure han decidido colaborar con los demás bijuu contra Kurama y transmitir a sus aldeanos y shinobi la necesidad de dejar atrás todas las nociones preconcebidas sobre estas bestias de chakra. No obstante, las ideas de los Tres Primeros Kage están muy arraigadas y hay aún gente a la que no le agrada del todo esta idea... a todos los problemas externos se le suma ahora uno interno: el surgimiento de grupos rebeldes o terroristas que se niegan a aceptar el cambio de paradigma.

En medio de estas turbulencias, se está celebrando una nueva edición del famoso Torneo de los Dojos a petición de los Señores Feudales. Ninjas de todas las aldeas conviven durante un tiempo en el Valle de los Dojos, y participan en un certamen de peleas de exhibición.
(D) Perdidos entre tuberías
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#1
Hōyobi, día 1 de Ascua de 217



El día señalado había llegado más pronto de lo que se había esperado. La semana se le había pasado volando, y quizás gran parte de la culpa la tuvo el hecho de que el día anterior había sido su cumpleaños. Había pasado un día fantástico rodeada de su familia, se había permitido el lujo de repetir tarta hasta casi reventar de chocolate...

Y, sin embargo, aquel día se había levantado apática y deprimida.

—¡Ayame! ¿Qué estás haciendo? ¡Vas a llegar tarde! —Escuchó la voz de su padre desde el cuarto de baño y Ayame, aún plantada frente al espejo pegó un respingo.

—Y... ¡Ya voy!

Pero aún echó una última mirada repugnada a su reflejo antes de salir del cuarto de baño, completamente vestida y ataviada con sus armas de ninja, y arrastrando los pies.

—¿Se puede saber qué pasa con esa cara larga, niña?

Su padre estaba en el comedor, leyendo el periódico Ōnindo como todas las mañanas. Kōri no se encontraba allí, por lo que Ayale supuso que había salido para preparar los detalles de la nueva misión que les esperaba.

—N... Nada... —farfulló, de manera tan poco convincente que Zetsuo alzó una ceja con escepticismo.

Ayame era tan transparente que no le hacía falta ver a través de ella para saber que estaba mintiendo. La muchacha se sentó, con una taza de leche chocolateada en una mano y un croissant en la otra. Pero sus ojos estaban perdidos en las milhojas del hojaldre, como si estuviera intentando ver algo en ellas.

Y al final...

—Papá... Yo... ¿Soy fea? —preguntó con un hilo de voz.

A Zetsuo casi se le salió el café por la nariz al escucharlo.

—Q... ¡¿Qué?! ¿¡Pero qué cojones...!? ¿¡A qué viene eso ahora!?

Ella apartó la mirada, ruborizada y con los ojos llenos de lágrimas.

—Na... Nada... Es solo que... —Ayame hundió los hombros, la imagen de la belleza perfecta de Aiko y de otras tantas chicas que había ido conociendo flotaba en su mente en una neblina de desesperación—. Hay chicas muy guapas por ahí y yo... Yo no soy nada al lado de ellas... Tengo la cara redonda, la piel pálida, mi cuerpo no es... como el de otras chicas... Yo...

Zetsuo asistía a aquel evento con los ojos desorbitados, sin saber cómo actuar. Y esa era una situación desconocida para él, acostumbrado a tenerlo todo siempre bajo el más estricto control. Ya había previsto que Ayame entraría en aquella fase de la adolescencia más pronto que tarde pero... ¡Demonios! ¡Las madres sabían cómo actuar en esos casos, no él!

—Lo que tienes que hacer es preocuparte de mejorar como kunoichi, ¡deja esas gilipolleces!

—¡No son tonterías, jo! ¡No lo entiendes!

Ayame dejó el croissant a medio comer encima de la mesa y salió por la puerta entre largas zancadas. Zetsuo suspiró con pesadez. ¿Cómo iba a tratar con algo así?

...

Ayame llegó al punto de reunión un cuarto de hora antes de lo previsto. Ya estaba más calmada, pero seguía dándole vueltas al asunto, contemplando ceñuda su imagen en un espejo de bolsillo que llevaba consigo.

—Con ese careto de pan nadie se va a fijar en ti nadie nunca... —se decía.
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#2
Daruu volvió a mojar la galleta en el chocolate con leche sin dejar de mirar de reojo el pequeño paquetito blanco envuelto en un lazo rojo que tenía a la izquierda en la mesa. Fue a darle un bocado a la galleta, pero estaba tan empapada de leche que cayó en la taza y le empapó.

—¡Joder! —Cogió una servilleta y se limpió la camiseta del pijama como pudo.

Kiroe profirío una risilla de demonio al otro lado de la mesa.

—Ay, Daruucín...

Daruu levantó la mirada, enfurruñado, cogiendo otra servilleta y limpiándose el resto del desastre que él sólo había montado.

—¿Qué? —inquirió, malhumorado.

—¿Te gusta esa chica, verdad? Ayame-chan te gusta.

—No. No me gusta —cortó, tajante. Sin embargo, apartó la mirada, totalmente ruborizado—. Pero ayer fue su cumpleaños. Pensé que sería un detalle bonito.

Kiroe volvió a reír. Se levantó y arrimó su silla a la mesa. Suspiró.

—Sí, ya. Y por eso le has hecho eso.

—Ay, de verdad, ¡déjame ya, mamá! —Daruu hizo un ademán con la mano, y casi vuelca la taza.

—Anda, termínate el desayuno, que igual llegas tarde. Además, como sigas así al final lo tiras todo.


···


Más tarde...



Llegó un cuarto de hora antes de lo previsto por Kori-sensei, es decir, justo cuando Daruu tenía previsto. Ayame ya estaba allí, para su grata sorpresa, observando su reflejo en un espejo de mano mientras murmuraba algo con cara de pocos amigos. «Oh, oh no... Y si... ¿Y si hoy está de mal humor?»

Se revolvió, nervioso, y se acercó como un hervíboro temeroso de convertirse en presa.

—¿A... Ayame? —Daruu tenía las manos detrás de la espalda, ocultando la pequeña caja. Sus dedos, temblorosos, temblaban, pero se mantenían firmemente agarrados al embalaje—. Me alegro de ver... verte. ¿Cómo estás? Te... te he traído una cosita.

Se ruborizó como una colegiala.

—¡Fe... FELIZ CUMPLEAÑOS! —Extendió los brazos hacia adelante al fin y reveló el regalo: un pequeño envoltorio blanco envuelto con un lazo rojo. De cerca, podían apreciarse siluetas de colorines con varios tipos de peces dibujados en el cartón—. S... sé que fue ayer, p-pero estuve muy ocupado haciéndote esto y... y...

»¡Ay, ábrelo ya! —Brincó, impaciente.

La cajita contenía un taiyaki decorado de color azul, con varias estrellitas de colores de pasta dulce por encima y brillantes. Abajo, en la aleta, se podía leer "Felicidades, Ayame-chan: eres la mejor compañera".

El rojo de Daruu había pasado a un morado con muy mala pinta.

—Lo... lo he hecho yo. Lo he horneado... Es-espero que te guste. Si no tienes hambre te lo puedes g-guardar para otro m-momento.
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#3
—¿A... Ayame? —La voz de Daruu, detrás de ella, le hizo pegar un brinco.

Ayame se apresuró a guardar el espejito en el bolsillo de su pantalón, pero tal había sido el susto que se había llevado que estuvo a punto de tirarlo al suelo.

—D... ¡Daruu-san! ¡Hola! —le saludó con torpeza y una sonrisa temblando en sus labios.

—Me alegro de ver... verte. ¿Cómo estás? —dijo él, extrañamente nervioso y con las manos tras la espalda—. Te... te he traído una cosita.

—¿Eh...?

—¡Fe... FELIZ CUMPLEAÑOS! —rojo como un tomate, Daruu descubrió lo que llevaba escondido y se lo tendió con las manos temblorosas. Un pequeño paquete blanco atado con un bonito lazo rojo. Cuando Ayame lo tomó, se fijó en que en el cartón del embalaje había dibujados un montón de peces de diferentes tipos y colores—. S... sé que fue ayer, p-pero estuve muy ocupado haciéndote esto y... y...

—Tú... lo sabías... —balbuceó Ayame, con un hilo de voz—. Y te has acordado...

—¡Ay, ábrelo ya!

Ella obedeció. Con manos temblorosas, tomó un extremo del lazo rojo, tiró de él para deshacerlo y después abrió el paquete.

—Ay... —Ayame se vio obligada a morderse el labio para contener las lágrimas que estaban inundando sus ojos a toda velocidad.

Era un taiyaki como el que había pedido en la pastelería de su madre la primera vez que estuvieron juntos y no llegó a probar. Pero no era un taiyaki cualquiera. Aquel dulce con forma de pez estaba decorado de azul, con brillantes estrellas de colores de pasta dulce por encima y con un mensaje en su aleta pectoral que rezaba: "Felicidades, Ayame-chan: eres la mejor compañera".

—Lo... lo he hecho yo. Lo he horneado... Es-espero que te guste. Si no tienes hambre te lo puedes g-guardar para otro m-momento.

—N... no tenías por qué haberte... molestado... —murmuró Ayame, con la cabeza gacha. No podía mirarle a la cara, porque si lo hacía, él vería que estaba llorando. Nunca nadie, aparte de su familia, se había acordado jamás de su cumpleaños. Nadie aparte de su padre y su hermano le había hecho un regalo jamás. Y mucho menos un regalo con tanto sentimiento puesto en él. Los hombros de Ayame temblaron incontrolablemente y, sin poder contenerse durante más tiempo, se abalanzó sobre Daruu y lo abrazó entre lágrimas—. ¡Gracias! ¡Muchas gracias, Daruu-kun! ¡Es precioso!
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#4
—N... no tenías por qué haberte... molestado... —murmuró Ayame, con la mirada baja. «Bien, le ha gustado», pensó Daruu, se sonrojó aún más y luego apartó la mirada. El corazón le latía muy fuerte, más quizás de lo que le hubiese gustado admitir. Todo por aquella muchacha de ojos marrones sobre la que debía seguir fingiendo que sólo sentía una amistad que había calado hondo y nada más—. ¡Gracias! ¡Muchas gracias, Daruu-kun! ¡Es precioso!

Ayame se abalanzó sobre él y le abrazó, tomándole totalmente por sorpresa. Durante un momento, el latido de Daruu pareció detenerse, y cuando captó el olor dulzón del pelo de Ayame volvió a acelerarse.

—A... Ayame. Yo... yo... Tú... me, me... me gu...

Un frío glacial invadió la callejuela de parte a parte y se le pusieron los pelos como escarpias. «Ya está aquí»

—A... Ayame. Tu hermano... está aquí.

Se separaron. Daruu estaba todavía rojo como un tomate y se rascaba la nuca agitado, como si nada de lo que había sucedido allí o de lo que había estado a punto de confesar tuviera algo que ver con él.
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#5
—A... Ayame. Yo... yo... Tú... me, me... me gu... —balbuceó Daruu, sacándola de su éxtasis inicial.

No se había dado cuenta de lo que había hecho. El impulso la había dominado y sólo en aquel instante fue consciente de lo próxima que estaba a Daruu, de la calidez de su cuerpo, de la humedad que cubría sus ropas mojadas por la lluvia.

—A... Ayame. Tu hermano... está aquí —insistió él, pero Ayame ya se había apartado a toda prisa, ruborizada hasta las orejas. No había necesitado el aviso, había sido la gélida presencia de su hermano, que los observaba a una escasa distancia sin ningún rastro de emoción en el rostro, la que la había devuelto a la realidad.

—Ay... perdona... y... yo... ¡Hola, hermano!

—"Kōri-sensei" —la corrigió él, con crudeza. Su gesto, como era habitual en él, no mostraba signos de enfado, decepción o emoción. Más bien era como si el asunto fuera totalmente ajeno a él, como si estuviese contemplando la escena a través de una pantalla de la más fría indiferencia. Se acercó a sus dos alumnos y les tendió un nuevo pergamino—. Los datos de nuestra segunda misión.

Abrazada a la cajita que contenía su preciado taiyaki, Ayame esperó a que Daruu rompiera el sello de cera y abriera el pergamino.


Misión rango D.


Solicitante: Kanemochi Dōkan
Lugar: Amegakure no Sato
Solicitud: Kanemochi Dōkan es uno de los empresarios más influyentes y ricos de todo el País de la Tormenta.

Recientemente ha adquirido la propiedad de uno de los rascacielos más importantes, en cuanto a historia y antigüedad se refiere, de la aldea. Se han encontrado algunas incidencias en su sistema de cañerías que impide su acondicionamiento, por lo que se solicita el servicio de dos genin para su arreglo.

El rascacielos en cuestión está situado en el casco antiguo de la ciudad, en el límite este de la aldea, a un kilómetro de la orilla del lago aproximadamente.


—Ca... ¿Cañerías...? —balbuceó Ayame, profundamente asqueada—. ¿Esto es en serio?

Kōri asintió.

—¿Alguna duda al respecto?
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#6
Kori les observaba impasible, a muy pocos metros de distancia. «Nos ha visto», pensó Daruu, «nos ha visto y ahora nos va a meter un buen puro.» Pero para su asombro, el Hielo mantuvo una imparcialidad difícil de discernir de su habitual rostro-muro para las emociones. Pensara lo que pensara sobre lo que había presenciado, no lo demostró de forma externa.

Tras corregir a Ayame e insistir en que debía llamarle Kori-sensei, el jounin les tendió un pergamino. Daruu miró a Ayame. Estaba abrazada a la caja del taiyaki, de modo que tomó él mismo el pergamino y lo leyó en voz alta para que ella también se enterase de la descripción de la misión.

—Recientemente ha adquirido la propiedad de uno de los rascacielos más importantes, en cuanto a historia y antigüedad se refiere, de la aldea. Se han encontrado algunas incidencias en su sistema de cañerías que impide su acondicionamiento, por lo que se solicita el servicio de dos genin para su arreglo.

»El rascacielos en cuestión está situado en el casco antiguo de la ciudad, en el límite este de la aldea, a un kilómetro de la orilla del lago aproximadamente. Mmh...

—¿Ca... ¿Cañerías...? —tartamudeó Ayame, con un deje de asco en la voz—. ¿Esto es en serio?

Kori asintió.

—En una aldea en el que gran parte de la población son ninjas, y sobretodo en tiempos de paz, es normal que a los genin se les asignen todo tipo de tareas —explicó—. Un cliente paga una cantidad y nosotros hacemos lo que nos dice... Siempre faltan trabajadores para arreglar alguna obra, o en este caso unos desperfectos en las cañerías. De todas formas, no te imagines un baño de caca o algo así. Una cañería es una cañería y punto, no un desagüe, ni unas alcantarillas.

Suspiró y cerró el pergamino.

—Mi madre me contó que su primera misión trató de hacer de suplente de una cuidadora en una guardería. Estuvo limpiando mierda de bebé durante una semana —rio—. Prefiero las cañerías.

—¿Alguna duda al respecto?

—Yo sí tengo una pregunta —dijo Daruu, tendiéndole de nuevo el pergamino a su sensei—. Aquí pone "se solicita el servicio de dos genin". ¿Eso significa que no iremos contigo, sensei?
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#7
—En una aldea en el que gran parte de la población son ninjas, y sobretodo en tiempos de paz, es normal que a los genin se les asignen todo tipo de tareas —explicó Daruu—. Un cliente paga una cantidad y nosotros hacemos lo que nos dice... Siempre faltan trabajadores para arreglar alguna obra, o en este caso unos desperfectos en las cañerías. De todas formas, no te imagines un baño de caca o algo así. Una cañería es una cañería y punto, no un desagüe, ni unas alcantarillas. Mi madre me contó que su primera misión trató de hacer de suplente de una cuidadora en una guardería. Estuvo limpiando mierda de bebé durante una semana —rio, cerrando el pergamino—. Prefiero las cañerías.

—No, si no me quejo de que tengamos que hacer tareas de mantenimiento como estas... es lo que nos toca como genin después de todo. Es solo que... cañerías... Van a contaminarme metiéndome ahí —Pese a las palabras de su compañero, se estremeció de tan solo pensarlo. Puede que las cañerías no fueran desagües, pero tampoco eran precisamente aguas limpias y cristalinas...

Pero les tocaba trabajar, y no valía ninguna pega al respecto. Kōri les preguntó si tenían alguna duda, y Daruu se adelantó:

—Yo sí tengo una pregunta. Aquí pone "se solicita el servicio de dos genin". ¿Eso significa que no iremos contigo, sensei?

El jonin, para decepción de Ayame, negó con la cabeza.

—Es una misión que no supone ningún tipo de riesgo, y ni siquiera tenéis que salir de la aldea. No creo que necesitéis mi ayuda. Quedaos el pergamino, puede que lo necesitéis para entrar al edificio. Buena suerte.

Tras despedirles con un gesto de su mano, Kōri giró sobre sus talones y se alejó calle arriba.

—Seguro que no viene por no tener que vérselas con las cañerías —farfulló Ayame, cruzándose de brazos. Al final suspiró y se volvió hacia su compañero—. Bueno, cuanto antes empecemos con esto, antes terminaremos. ¿Nos vamos?

...

Les costó cerca de un cuarto de hora llegar al lugar, aunque no fue difícil dar con el edificio. Era, simple y llanamente, el rascacielos más alto. Estaba construido con piedra gris y se elevaba varias decenas de metros, casi hasta donde abarcaba la vista de los dos genin, como si quisiera arañar las nubes del cielo. Dadas las pocas ventanas que tenía, y lo estrechas que eran, el interior no debía de estar muy bien iluminado... si no era por medios artificiales. A su alrededor, el resto de edificios parecían hormiguitas a sus pies.

—¿No te recuerda un poco a la historia de "Los viajes de Gujiberu-san"? —rio Ayame, haciendo referencia a una antigua historia que solía leer de pequeña.

Cuando se acercaron a los portones de entrada, dos guardias les cortaron el paso.

—¡Ey, muchachos! ¿Dónde creéis que vais? No está permitido el paso.
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#8
Kori negó con la cabeza. «Me lo temía... El trabajo sucio es para los genin, al fin y al cabo. Este irá a zampar bollitos de vainilla mientras.»

—Es una misión que no supone ningún tipo de riesgo, y ni siquiera tenéis que salir de la aldea. No creo que necesitéis mi ayuda. Quedaos el pergamino, puede que lo necesitéis para entrar al edificio. Buena suerte.

Se despidió, se dio la vuelta y pronto desapareció de la vista del dúo de genin, que quedaron de nuevo solos.

—Seguro que no viene por no tener que vérselas con las cañerías —dijo Ayame. Daruu asintió, pero encogiéndose de hombros—. Bueno, cuanto antes empecemos con esto, antes terminaremos. ¿Nos vamos?

···

Allí estaba: una mole de hormigón y tuberías que ascendían hasta lo más alto y lo más alto del cielo. Daruu se rascó detrás de la nuca con una mueca de fastidio. «Supongo que no pretenderán que arreglemos averías en TODO el edificio. Tiene que ser un problema localizado, de lo contrario habrían solicitado más gente.»

—¿No te recuerda un poco a la historia de "Los viajes de Gujiberu-san"? —rio Ayame. Daruu le miró con la cabeza torcida, interrogante.

—¡No la conozco! —dijo, y volvió a dirigir la vista al edificio—. La verdad es que de pequeño solía leer siempre Las Aventuras de Sherokku. ¿Sabes? Va de un detective ninja pésimo con un ayudante, Watushou-san, que es el verdadero genio. Sherokku suele hacer las deducciones tarde, cuando ya todo es bien obvio, y Watushou siempre tiene que decirle:

»¡NO ME DIGAS, SHEROKKU!

Daruu lo dijo con emoción, levantando las manos. Fue entonces cuando los guardias del edificio se percataron de su presencia y les llamaron la atención. Daruu se encogió y tosió, luego susurró:

—Ups. Vamos allá.

El muchacho se acercó al guardia de la izquierda y le tendió el pergamino de la misión.

—Venimos a revisar el problema de cañerías del señor Dōkan —explicó—. ¿Saben donde está la incidencia?
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#9
—¡No la conozco! —respondió Daruu, y volvió a dirigir la vista al edificio—. La verdad es que de pequeño solía leer siempre Las Aventuras de Sherokku. ¿Sabes? Va de un detective ninja pésimo con un ayudante, Watushou-san, que es el verdadero genio. Sherokku suele hacer las deducciones tarde, cuando ya todo es bien obvio, y Watushou siempre tiene que decirle: ¡NO ME DIGAS, SHEROKKU! —exclamó, con la emoción de un actor sobre el escenario.

Ayame rio al verle, pero cuando estaba a punto de responder, los dos guardias de la entrada de la torre llamaron su atención.

—Ups. Vamos allá.

Se acercaron a los dos hombres, que los miraban con el ceño fruncido pero con un deje de curiosidad. En sus puestos de gárgolas vivientes, no debían de estar muy acostumbrados a las visitas. Y menos si eran de dos chiquillos como aquellos.

—Venimos a revisar el problema de cañerías del señor Dōkan —explicó—. ¿Saben donde está la incidencia?

—¿Vosotros sois los dos genin que solicitó Kanemochi-sama? Mostradnos el pergamino —Ayame miró de reojo a Daruu, expectante. Y cuando el chico hiciera lo que se le había ordenado, el chunin se giró para dejarles paso al interior de la torre—. Entonces pasad. Creemos que debe estar en el último piso. Podéis subir en el ascensor. ¡Buena suerte, renacuajos!

«¿Renacuajos?» Pensó Ayame, alzando una ceja. Pero no dijo nada al respecto. Sin embargo, cuando pasó junto al hombre se fijó en su sonrisa. Una sonrisa surcada por dientes afilados como cuchillas como los de un tiburón. Los dientes de un Hōzuki.

Ayame sintió un escalofrío y la sangre se evaporó de su rostro, pero no dijo nada al respecto y entró con Daruu en el edificio.

Por suerte para ellos, pese a las escasas ventanas que tenía el lugar, estaba bastante bien iluminado. Varias velas dispersas aquí y allá se encargaban de ahuyentar las tinieblas con sus titilantes llamas. Lo que parecía ser la recepción del rascacielos también estaba también construida en piedra, pero aparte de varios muebles en deplorable estado, no había allí nada más destacable que unas escaleras a la derecha del salón y un ascensor similar al del edificio de la Arashikage al fondo.

—Este sitio me da escalofríos... —comentó Ayame, abrazándose los costados. Era como si se estuvieran adentrando en un edificio en ruinas y en cualquier momento los fantasmas del pasado fueran a atravesar las paredes para engullirlos.

Se dirigieron hacia el ascensor, tal y como el guardia les había indicado. La cabina era tan pequeña que a duras penas cabían los dos bien apretados. En el panel de control, una ristra enorme de botones con sus respectivos números abarcaba gran parte de la pared.

—Cuarenta y cuatro pisos... —murmuró Ayame, con un nuevo estremecimiento—. Oye... yo no quiero ser supersticiosa pero...
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#10
—¡Buena suerte, renacuajos!

«Psché, yo-ya-soy-mayor», pensó Daruu cuando pasó al lado del guardia.

El dúo se internó en la tétrica estructura de hormigón tras recibir las instrucciones de que los problemas con las tuberías se encontraban en el último piso. El edificio, penumbroso, se iluminaba gracias a la luz de unas escasas velas. Daruu pensaba, mientras dejaba atrás las pequeñas llamitas, si no sería contraproducente iluminar todo aquello con velas de cera en lugar de con unas cuantas linternas y una batería hidroeléctrica, que duraba mucho más.

En cuanto pusieron el pie en el ascensor, quejumbroso y polvoriento, Daruu supo que algo iba a ir muy mal aquél día.

—Cuarenta y cuatro pisos... —murmuró Ayame, con un nuevo estremecimiento—. Oye... yo no quiero ser supersticiosa pero...

—Chssst —chistó Daruu, y le dio corriendo al botón—. N-no seas gafe. No tiene por qué pasar nada.
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#11
—Chssst —chistó Daruu, y le dio corriendo al botón—. N-no seas gafe. No tiene por qué pasar na...

Pero ni siquiera tuvo tiempo de terminar la frase. Los chicos sintieron un brusco tirón en el estómago en el momento en el que sus pies dejaron de sentir el suelo y la gravedad tiró de ellos antes de que pudieran siquiera darse cuenta de lo que había pasado. Caían y caían a toda velocidad en la más completa oscuridad y Ayame, incapaz de gritar siquiera por la presión del viento contra su cara y su pecho, no dudó un instante en activar su habilidad. ¿Pero podría su habilidad salvarla de la muerte que los esperaba metros abajo con las fauces abiertas? Aterrada, se le llenaron los ojos de lágrimas.

Una estrella titiló al final del túnel y se ensanchó rápidamente antes de engullirlos. Los dos chicos cayeron con estrépito, pero no fue el suelo el que los recibió. Un fuerte impacto, como si hubiesen sido golpeados con una plancha de hierro, les dejó aturdidos durante unos segundos. Ayame, temiendo su muerte, había licuado su cuerpo en el momento del impacto. Pero, una vez pasado el aturdimiento, enseguida descubrieron que no estaban muertos, sino sumergidos en agua. Ayame recuperó su forma corpórea en la superficie, mirando a su alrededor con desesperación. Estaban en una sala redonda con paredes constituidas por tuberías que ascendían, descendían y se enredaban entre sí. El suelo al que habían caído estaba completamente inundado, lo que había amortiguado su accidentada caída. Al frente y a su espalda, a varios metros por encima de la superficie del agua, se abrían dos túneles.

—¡Daruu-san! ¿Dónde estás? —gritó.

—¡BIENVENIDOS A LOS SEPTUAGÉSIMOS JUEGOS DEL LABERINTO! —exclamó una voz de hombre salida de la nada. Sobresaltada, Ayame miró a su alrededor buscando su origen, pero aparte de ella misma y Daruu, no había nadie más en aquel lugar. Además, la voz parecía salir de un dispositivo, seguramente un altavoz—. ¡Sois los afortunados elegidos para resolver el misterio del laberinto de Mei-sama!

—¿Qué significa e...?

—¡Ardéis en deseos de saber en qué consiste el concurso! ¿Verdad? ¡ES MUY SENCILLO!

«Norte y sur, dos caminos tenéis.
¡Pero diferentes caminos encontraréis!
Encontrad una de las cuatro salidas,
si no queréis que os haga papilla...»


—¿Pero qué clase de broma de mal gusto es esta? ¿Y qué es esa rima tan cutre?

—¡BUENA SUERTE!

Ayame miró a Daruu, completamente perdida. ¿Qué se suponía que iban a hacer?

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OFF: Iré actualizando el mapa según vayamos avanzando, iluminando las zonas por las que decidamos pasar Guiño
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#12
—Chssst —chistó Daruu, y le dio corriendo al botón—. N-no seas gafe. No tiene por qué pasar nad...AAAAAAAAAAA.

Los pies se le levantaron del suelo y las piernas comenzaron a girar en el aire. Sintió el impacto contra el techo del ascensor cuando su espalda colisionó contra él y todo su cuerpo se pegó como si estuviera recubierto de adhesivo. Intentó hablar, intentó echar las manos hacia adelante para frenar la inevitable caída contra el suelo gracias al juuken, pero no encontró la fuerza necesaria para mover los brazos. En el fondo, una luz brillante le cegó y cerró los párpados. Y luego vino el golpe.

El planchazo fue brutal. El golpe en la boca del estómago le hizo dar una arcada, y al tratar de respirar lo único que encontraron sus pulmones fue una enorme bocanada de agua. Intentó toser, pero sólo consiguió tragar más. El mundo le daba vueltas, estaba muy oscuro y no sabía donde estaba. Ya veía el Mundo Puro desde allí...

Escuchaba unas voces amortiguadas, como si estuvieran a kilómetros de distancia.

—¡BIENVENIDOS A LOS SEPTUAGÉSIMOS JUEGOS DEL LABERINTO! ¡Sois los afortunados elegidos para resolver el misterio del laberinto de Mei-sama!

—¿Qué significa e...?

—¡Ardéis en deseos de saber en qué consiste el concurso! ¿Verdad? ¡ES MUY SENCILLO!

«Norte y sur, dos caminos tenéis.
¡Pero diferentes caminos encontraréis!
Encontrad una de las cuatro salidas,
si no queréis que os haga papilla...»


—¿Pero qué clase de broma de mal gusto es esta? ¿Y qué es esa rima tan cutre?

—¡BUENA SUERTE!


Ayame buscaría entonces a Daruu con la mirada, y sólo encontraría el cuerpo de su compañero, boca abajo, sin conocimiento y soltando bajo la boca una especie de espuma blanca.

Si no hacía algo, y rápido, lo más probable es que muriese.
Esto es una prueba.
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#13
Pero, para su horror, el cuerpo de Daruu yacía inconsciente, flotando boca abajo, unos metros más allá.

—¡Daruu-kun! —gritó Ayame, presa del pánico, y se apresuró a nadar hasta su posición. Rápidamente hundió la parte baja de su espalda, pasó sus brazos por debajo de sus axilas desde detrás y tiró hasta que consiguió dejarle boca arriba de nuevo—. ¡Daruu-kun! ¡Despierta!

La sala tembló con violencia y Ayame ahogó un grito cuando el rugir de un motor inundó sus oídos.

—Q... ¿Qué est...?

—¡Oh! ¡Pero yo me daría prisa en elegir! —volvió a resonar aquella voz, apremiante—. O si no, acabaréis hechos papilla... de verdad.

La sala seguía vibrando. Ayame alzó la cabeza hacia el origen del ruido y su rostro perdió todo rastro de color. El techo estaba descendiendo hacia ellos, lenta pero inexorablemente. Si no hacían algo, si no conseguían alcanzar una de las dos salidas antes de que el techo las sobrepasara, quedarían atrapados... Y Daruu moriría ahogado.

—¡Daruu-kun, despierta! ¡DESPIERTA! ¡No puedo cargar contigo! —gritaba desesperada. Miró a su frente, después a su espalda. ¿Norte o sur? ¿Qué más daba? ¡Ni siquiera sabía donde estaba el norte y el sur en aquel lugar? Utilizando todas sus fuerzas, Ayame se esforzaba en arrastrar a su compañero hasta una de las dos puertas, y enseguida comenzó a sollozar, presa de la angustia—. Daruu-kun, despierta por favor... No puedo cargar contigo hasta allí arriba...

Ayame no sabe qué puerta es cual, así que el azar decidirá hacia cuál se está acercando. 1 es norte, 2 es sur...

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Sur, toca.
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#14
Como imágenes extraídas a lo largo y ancho de una película, los últimos acontecimientos pasaban por su cabeza a toda velocidad. Comenzó a sentir un dolor punzante en el pecho, y algo en su esternón, como un hilo invisible, tiraba de él hacia arriba. Tosió. Tosió un par de veces más.

—Daruu-kun, despierta por favor...

—¡¡Couff, COUFF!! —Daruu escupió un poco de agua y espuma. Abrió los ojos lentamente y se encontró con la peor de sus pesadillas—. ¿A... Ayame?

Notó como la muchacha tiraba de él con todas sus fuerzas en una dirección que quedaba a sus espaldas. El techo se cernía sobre sus cabezas cada vez más rápido. A ese ritmo, no llegarían... a donde quiera que estuviese estirando Ayame.

Así que la cogió de los brazos y la empujó con fuerza hacia allá.

Ahora la pared estaba a medio metro de él. Daruu cerró los ojos y se preparó para una muerte casi segura...

···

ZZZZZUUUIP.

Las plantas de los pies de Daruu emitieron un estallido azul cielo en dirección contraria y el Hyuuga salió disparado como el disco de un partido de hockey. El techo rozó la punta de su pie antes de que escapara de sus garras, y acabó frenando justo al lado del cuerpo tumbado de su compañera. Giró su cabeza y miró los ojos de Ayame.

—Menuda mierda de día. —Dijo—. Oye. Por si la próxima vez que me vaya a aplastar una piedra no consigo escurrirme como una lagartija...

El corazón le bombeaba a toda velocidad. La adrenalina corría por la sangre como una gacela temerosa.

Daruu abrazó a Ayame y la besó.

···

Los muchachos yacían boca arriba.

—¿P... puedes explicarme lo que ha pasado?
Esto es una prueba.
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#15
Por suerte, los ruegos de Ayame fueron escuchados. Daruu abrió los ojos entre violentas toses, tratando de expulsar todo el agua que debía haber tragado.

—¡¡Couff, COUFF!! —Daruu escupió un poco de agua y espuma—. ¿A... Ayame?

—¡No hay tiempo para explicaciones! ¡Tenemos que salir! —exclamó ella en respuesta.

El techo seguía cerniéndose sobre ellos, cada vez a mayor velocidad, y Ayame seguía tirando de Daruu con todas sus fuerzas, tratando de alcanzar el pasillo antes de que el hormigón los aplastara. De repente sintió que su compañero la agarraba por los brazos y, antes de que pudiera preguntar siquiera qué era lo que estaba haciendo, se vio empujada hacia el túnel. Ayame cayó sobre el suelo de hormigón, el impacto le cortó la respiración y le hizo rodar. Pero nada de eso le importó.

—¡DARUU! —aulló, horrorizada.

El techo ya casi había eclipsado la entrada del pasillo y, cuando ya daba todo por perdido y las lágrimas volvían a sus ojos, una figura cruzó la entrada a toda velocidad y aterrizó junto a ella con estrépito.

—D... ¡Daruu-kun! —exclamó, casi abalanzándose sobre él—. ¡Ay, menos mal! ¿Cómo lo has...?

—Menuda mierda de día —farfulló él—. Oye. Por si la próxima vez que me vaya a aplastar una piedra no consigo escurrirme como una lagartija...

Ayame inclinó la cabeza, interrogante. Pero la respuesta de Daruu la recibió cuando sus brazos la estrecharon de repente y sus labios se unieron en un beso. Aquel acto la había pillado totalmente desprevenida. Rígida como una tabla, Ayame no sabía muy bien cómo debía reaccionar, no sabía muy bien qué debía hacer al respecto. Sentía el corazón bombardeando en sus sienes con la fuerza de un redoble de tambores, sentía un extraño cosquilleo en el estómago y sentía que su rostro ardía como mil infiernos. Al final, como si no hubiese sido más que un sueño, terminaron tumbados uno al lado del otro.

—¿P... puedes explicarme lo que ha pasado? —dijo Daruu en un momento dado, y Ayame pegó un brinco.

—E... ¿Eh...? Q... ¿Qué...? ¡AH! —No había podido evitarlo. Se había olvidado por completo de la situación en la que se encontraban. Un gravísimo error. Como movida por un resorte, Ayame se reincorporó y comenzó a mirar a su alrededor—. La verdad... yo tampoco lo entiendo muy bien... Cuando caímos sonó la voz de alguien, supongo que a través de unos altavoces o algo así. Hablaba de unos juegos del laberinto... que debíamos encontrar alguna de las salidas antes de que... bueno, de que nos hicieran papilla. Después de eso comenzó a bajar el techo. Había dos salidas en la sala en la que nos encontrábamos así que... tomé una al azar... No sé si habré acertado... lo siento...

Aún roja como un tomate, Ayame jugueteaba con sus manos. No se atrevía a mirar a Daruu a la cara, insegura y nerviosa acerca de toda aquella situación. ¿Qué acababa de pasar...?

—Y ahora... ¿hacia dónde debemos ir? —añadió, tratando por todos los medios de no pensar más en aquello.

Se encontraban en un pasillo curvo iluminado por velas. Las paredes estaban conformadas por innumerables tuberías que iban de aquí para allá, alargándose y retorciéndose. No podían retroceder porque la entrada había sido tapada por el techo; pero, de haber podido, tampoco habrían encontrado nada que les pudiera ser útil para hallar la salida. El pasillo en cuestión se alargaba hasta donde les llegaba la vista tanto a derecha como a izquierda; aunque también había una nueva salida en cada uno de los sentidos. Podían tomar cualquiera de ellas o simplemente seguir el pasillo en una de las dos direcciones para ver dónde acababan...

[Imagen: oWWL7Uh.png]

El punto verde solo marca donde estamos.
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