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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
El acero peregrino
Sasaki Reiji Sin conexión
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Yo...

Cuando Gyūki la miró, Yuuna aparto la mirada. ¿Por qué? ¿Acaso sentía lo mismo que Katsudon? ¿Acaso le culpa de la muerte de su padre? O ¿También era una cobarde?

Esperaba que ninguna de esas preguntas tuviera una respuesta afirmativa, por que de ser así, se desplomaria la imagen que tenia de ella, como había pasado con la de Katsudon.

A veces no es cuestión de fuerza, ni de sangre, ni de honrar memorias. Aunque no dudo que es una buena persona, igual que tú, e igual que vuestro amigo el grandullón probablemente —¿Primero lo rechazaba y ahora le ofendía que no le tuviera en tanta consideración? Vaya vaya...—, encontrar al compañero adecuado es una elección... bien hecha. Ya que tengo la libertad que mis hermanos no tuvieron, permíteme tomarme mi tiempo. Y si en el futuro lo reconsidero, tal vez os haga una visita. A alguno de los tres. —Katsudon tembló al escuchar eso. Pero vista su anterior reacción, seguramente acabarían por llevarse bien y competir a ver cual de los comía mas. —No obstante, Sasaki Reiji, tengo un regalo especial para ti, aunque conlleva una pequeña carga sobre tus hombros. —Vaya, a parte de tentáculos tenia manos. Y yo que estaba pensando que, con una espada gigante por cada tentáculo se vería muy molon—. Chócala.

Sasaki Reiji solo dudaba de muchas, de entre ellas, de sus capacidades como ninja, como cantante o como capitan pirata. Pero esta vez no dudé, extendí mi puño, que se veia muy muy muy pequeño al lado de la descomunal mano del hachibi, y lo choqué como pidió.

»Te daré un poco de mi chakra. No lo suficiente como para que lo detecten mis Hermanos si tú no lo manifiestas, lo que te mantendrá a salvo de Kurama. Sí lo suficiente para que tu testimonio adquiera credibilidad. Te escucharán.

Llevaré tu mensaje a tus hermanos, buscaré, si es necesario, también a aquellos que no tengan compañero para darles tu mensaje. Quizás así, también tengan la opción de elegir.

Y hablando de eso...

Yo, y espero que Katsudon también, intentaremos no hablar de esto con nadie a parte de con tus hermanos, no obstante, quizás intenten sacarnos información, o los humanos que portan a tus hermanos se lo cuenten a su Kages. Y si algún Kage se entera de que estas vivo y libre, vendrán a encerrarte, a quitarte la libertad de elegir. No te digo que te des prisa, solo que te escondas bien y tengas cuidado.

Intentaría, por todos los medios, que eso nadie intentará arrebatarle la libertad, sin embargo, no sería capaz de traicionar a Hanabi o a uzushigakure.
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Sama-sama Sin conexión
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¡Sí, por favor! Ten mucho cuidado, Gyūki-san —pidió Yuuna también.

Gyūki asintió, sombrío.

No os preocupéis por mi. Seguiré cumpliendo mi papel de kraken solitario —rio—. Gracias por preocuparos. No sabéis lo mucho que significa para mi ver tanta esperanza para nosotros en los humanos. —Dirigió la mirada a Katsudon—. ¡Eh, shinobi! ¿Te llamabas Katsudon?

Katsudon pegó un brinco en el sitio.

S... sí.

¿Íbais al País del Hierro primero, verdad? —dijo la bestia, y nuevamente los alzó en el aire, haciendo tambalear toda la cubierta—. ¿Qué os parece si os doy un pequeño empujoncito para poneros en buena dirección?

¡Espera, espera! ¿¡Qué vas a ha...!?

¡Agarráos fuerte! ¡Capitán, todo recto cuando aterrices!

¿¡Cuando aterriqué!? —gritó Yuuna.

No tardaron en averiguar a qué se refería. El monstruo, con sus enormes manazas, cogió el barco y, tras tomar impulso, lo arrojó a toda velocidad hacia el horizonte. El dúo de ninjas y la samurái se vieron volando como si estuvieran en un vehículo con alas durante al menos diez segundos, a toda velocidad. Katsudon tuvo que agarrarlos de nuevo para que no salieran despedidos.

Cuando llegó el aterrizaje, el navío levantó unas olas enormes y la inercia le hizo navegar a toda velocidad.

¡Maldito bicho, la madre que lo parió!
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Sasaki Reiji Sin conexión
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¡Sí, por favor! Ten mucho cuidado, Gyūki-san

Bien. Ninguna de mis preguntas mentales sobre Yuuna parecía tener una respuesta afirmativa, lo cual, me alegraba. Parecía que podía confiar en ella.

No os preocupéis por mi. Seguiré cumpliendo mi papel de kraken solitario —Quizas eso era lo que me preocupaba. Parecía... en fin... quizás lo mejor era hacerle caso y no preocuparse.—. Gracias por preocuparos. No sabéis lo mucho que significa para mi ver tanta esperanza para nosotros en los humanos.¡Eh, shinobi! ¿Te llamabas Katsudon?

Al final, acabarían por llevarse bien. En serio, la próxima vez que se juntarán ambos, si es que había próxima, les haría competir a ver quien comía más.

S... sí.

¿Íbais al País del Hierro primero, verdad? —Lo intentábamos, mejor dicho...—. ¿Qué os parece si os doy un pequeño empujoncito para poneros en buena dirección?

Pues maravilloso. Como si nos quería llevar el mismo. Mientras llegaramos a nuestro destino lo mas a salvo posible...

¡Espera, espera! ¿¡Qué vas a ha...!?

¡Agarráos fuerte! ¡Capitán, todo recto cuando aterrices!

¡A sus ordenes, Kraken-sama!

¿¡Cuando aterriqué!?

El barco voló a toda velocidad en dirección al pais del hierro tras ser lanzado por Gyūki. Ahora si era un capitan pirata del aire, por que mi barco estaba volando.

El barco podía haberse hecho pedazos al aterrizar, pero no lo hizo. Lo que si hizo, fue acelerar en dirección al país de los Samuráis. Por fin, y tras muchas emociones nuevas, íbamos a alcanzar la primera meta de la aventura.

¡Maldito bicho, la madre que lo parió!

En el fondo te cae bien.

Dije antes de correr a la cabina del capitán, al puesto que me había ganado en aquel viaje. Iba a cantar de nuevo, tenia nuevas letras para la canción, pero mejor no hacerlo hasta estar seguro de que el kraken toro no me escuchaba.

También fui a buscar la brujula, si es que quedaba algo de ella o no había salido ya disparada por la ventana. Aunque suponía que Yuuna sabría giarse por el pais del hierro, era mejor asegurar.

¡Oye Katsudon! —Grité desde mi puesto del capitán —¡Sigo sin saber como se para el barco!

Ni como bajar la velocidad que ahora llevábamos, que esperaba que se redujera sola, por que si no...
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Katsudon se limitó a gruñir cuando Reiji bromeó con él. Ambos, él y Yuuna, estaban demasiado alterados todavía. Más él, que ya había sufrido un ataque de ansiedad hacía apenas unas horas. El hombre no pudo resistirlo más y se retiró discretamente a la parte posterior del barco para volver a vomitar. Yuuna se limitó a sentarse en el suelo, al lado de la pared.

Como ya había supuesto Reiji, la brújula había salido disparada por la ventana. El mapa estaba hecho un barullo en el suelo. Pero si el Hachibi les había enviado en la buena dirección, sólo tenían que seguir hacia adelante. Además, en el horizonte, una fina línea se divisaba en el horizonte. Tierra.

Reiji gritó a Katsudon que todavía no sabía parar el barco. El hombre, tras reponerse, le contestó también a gritos:

¡Ya nos preocuparemos de eso cuando lleguemos a la costa! ¡Déjame reponerme! —Lo de ese día había sido demasiado fuerte para Katsudon. ¿Un bijuu? ¿Amigo de un humano? ¿Ahora, aliado contra Kurama? Bueno, Kurama también era un bijuu, y tenía generales. «Supongo que no debería sorprenderme... ¡pero...!»

«Shiona-sama, menos mal que no estás aquí. Porque ni tú podrías haberle dado orden a este desastre de mundo.»
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Sasaki Reiji Sin conexión
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¡Ya nos preocuparemos de eso cuando lleguemos a la costa! ¡Déjame reponerme!

Bueno... Si el lo decía... Por mi, podíamos meter el barco y en la primera playa que encontráramos, ya se pararía solo. Total, si había alguien, ya se apartaría. ¡Ahora el mar era mio!

Reiji, peor pirata de los ciento ochenta y siete mares de Oonido y Peor pirata del Aire. Mensajero del Hachibi y Recadero de Uzushiogakure. El peor Ninja de la historia y el futuro herrero mas legendario que Oonido verá jamas.

Sólo había salido de la aldea una vez y ya tenia tantos títulos. ¡Y otros muchos que me daba pereza enumerar!

Menudo viajecito. Apenas había tenido unos segundos para respirar y pararme a pensar, y por lo visto, solo acabábamos de empezar. Ni siquiera habíamos llegado al sitio de los samuráis y aún teníamos que volver a Uzushiogakure despues.

Sin hablar de la tarea que ahora pesaba sobre mis hombros. ¿Como iba a encontrar a los Bijuus? Mira que son grandes, pero claro... Igual estaban atrapados ya. Al menos uno de ellos sabía donde estaba, tenia por donde empezar.

Y si... ¿Y si alguno de ellos ya se había aliado con Kurama? Me devoraria o me aplastaria solo por intentar hablar con él... O ella.

Me apoye en la barandilla observando al frente, donde ya se podía ver la tierra a lo lejos. Si Gyūki estaba en lo cierto, por fin íbamos a alcanzar el pais del Hierro.

Tararee la cancioncilla del pirata mientras la cantaba en mi cabeza. Ahora tenia muchas frases nuevas para añadir, pero esperaría a estar mucho las lejos del pupotoro para dejar mi arte fluir. Parecía ser un bijuu de oído sensible.
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¡Yo iría pensando en cómo detener el barco, eh! —les gritó Yuuna poco después. Reiji también podía verlo: se acercaban a toda velocidad hacia la costa. No había puerto a la vista, de modo que no habían entrado por el lugar convencional. Les esperaba una playa natural de arena blanca, y más allá un bosque con algunas briznas de nieve en los árboles.

¡No os preocupéis, tengo un plan!

Katsudon, que ya se había repuesto de toda la agitación que había supuesto aquél día, se encontraba en proa, como un grotesco y gordo mascarón de barco pirata, y miraba concentrado las arenas con un rictus adusto.

¡Katsudon-san!

¡Espérate, Yuuna!

Pero la arena se acercaba a toda velocidad, y Katsudon no se movía. No se movía. No se mov...

El hombre desapareció de la proa como si se lo hubiera llevado un portal al otro mundo. Reiji, desde la cabina, ni siquiera llegaba a verlo.

¿¡Qué!? ¿¡Cómo...!?

¡BAUM!

Unas manazas enormes habían agarrado el casco del barco a babor y a estribor, y lentamente, el navío frenó. Llegó a atrancar en la arena y a arrastrarse por ella unos metros, pero más allá de que Reiji y Yuuna cayeron al suelo, parecía que habían llegado relativamente a salvo.

¡Hecho!
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¡Yo iría pensando en cómo detener el barco, eh!

¡No os preocupéis, tengo un plan!

No me preocupaba en absoluto. Todo el camino que recorriera el barco a través de tierra, era camino que me ahorraba hacer a pata. Y no parecía, al menos desde lejos, que hubiera nadie, ni pueblos, en esa costa.

Mirando en dirección a la playa que nos aguardaba, apoye mi pie izquierdo sobre la barandilla, y grite.

¡Preparate Pais del hierro, El peor pirata de los ciento noventa y dos mares de Oonido y primer peor pirata del aire va a desembarcar en tus costas! ¡MUAJAJAJAJAJA!

¿Que por que seguía llevando mi papel hasta ese extremo? Muy sencillo, por que meterme tanto en papel hacia que me olvidara de todo lo demas, lo cual ayudaba a que no hubiera saltado por la borda del barco hacia un buen rato, cuando todos estaban desesperados por que no había tierra alrededor.

¡Katsudon-san!

¡Espérate, Yuuna!

Confiaba en Katsudon, pero... Solo por si acaso, baje la pierna y me agarré fuerte a la barandilla del barco. Pero eh, juro que confiaba plenamente en las habilidades de Katsudon para parar barcos. Había practicado conmigo en el estanque del jardín de casa.

¿¡Qué!? ¿¡Cómo...!?

¡BAUM!

Aunque estaba bien agarrado a la barandilla, y repito que confiaba plenamente en Katsudon, me lleve un buen golpe contra el suelo cuando sus enormes manos pararon el barco en la costa.
El dolor volvió a recorrerme todo el cuerpo, desde la herida del pecho, para recordarme que, a pesar de todo, aún era muy débil.

¡Hecho!

Mientras bajaba a los camarotes a buscar mi mochila, pensé como podía hacer para bajar del barco sin saltar para no hacerme mas daño en la herida. Pensé y pensé y pensé. Pronto me di cuenta que eso de pensar, definitivamente, no era lo mio.

Cuando ya tenia mis cosas, y estaba al lado de la barandilla mirando la arena me acordé de algo importante. ¡Yo también era un ninja! O al menos lo intentaba. Pero eso no necesitaba sellos, así que caminé con cuidado por la pared del barco hasta llegar a bajo.

¡Lo ves Katsudon! Te dije que llegaríamos a tierra.

Y todo gracias al peor pirata de los doscientos un mares de Oonido: ¡Yo!
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Yuuna caminó detrás de Reiji. Rio al observar el curioso método de descenso del shinobi por el casco del barco. No obstante, ella sí bajó de un salto, adelantándose y levantando arena mientras corría por la playa.

¡Hogar dulce hogar! —dijo, respirando el aire de su isla natal—. Creí que no llegaríamos, sinceramente.

¡Lo ves Katsudon! Te dije que llegaríamos a tierra.

Bueno, casi no llegamos, casi no llegamos. —Katsudon se cruzó de brazos y resopló por la nariz—. Por cierto, ese bicho —se corrigió a tiempo—: Gyūki te dio algo de su chakra. ¿Notas... algo?

Y justo en ese momento, Reiji se dio cuenta de algo. No, no notaba nada. No notaba nada en el torso, concretamente, donde había tenido una fea y terrible herida. Y es que, sin saber cómo, ésta había cicatrizado casi por completo.

Aparte de aquél hecho sobrenatural, no, no sentía nada. Pero sí tenía algo.

Reiji obtiene 250 CK de Bestia con Colas para usar a libre disposición si el suyo propio se agota. Además, podrá utilizar todas las técnicas de jinchuuriki utilizando dicho chakra, aunque con condiciones: cada turno utilizando el Aspecto de Bijuu, se restarán 10 CK del total. Cada turno utilizando la Capa de Chakra (versión 1), se restarán 20 CK del total. Cada turno utilizando la Capa de Chakra (versión 2), se restarán 30 CK del total.

El chakra no se regenerará bajo ningún concepto; es, por tanto, una fuente limitada. El bijuu ha compartido este chakra con Reiji para que le sirva de ayuda en momentos puntuales, y además, para que pueda mostrarse ante sus hermanos como su mensajero. Como mínimo, por tanto, debería tratar de mantener 10 CK para demostrar que lo es.

La habilidad pasiva de curación acelerada de los jinchuuriki no tendrá gasto y permanecerá activa mientras queden al menos 50 CK del bijuu en su sistema circulatorio.

Sea como fuere, el trío de usuarios del chakra caminó, esta vez con Yuuna a la cabeza, a través de un bosque de pinos que cada vez se hacía más denso y más oscuro. Cuando llevaban unas horas caminando, la densidad de los árboles comenzó a bajar de nuevo, y pronto se encontraron frente a un cañón rocoso en cuyas paredes crecían todo tipo de árboles. Al fondo discurría tranquilo un bonito río. Podía salvarse cruzando un enorme puente de piedra gris adornada.

Allí fue donde tuvieron el primer encuentro con dos samurai. Llevaban armaduras blancas exóticas con un extraño casco, y cada uno de ellos portaba dos espadas en el cinto. Uno de ellos se acercó, cauto, y clavó una reverencia en cuanto se percató de la presencia de Yuuna.

¡Yuuna-dono! —exclamó—. ¿Ya ha vuelto de su viaje a Uzushiogakure? ¿A quién trae con usted?

Estos dos hombres son ninjas de dicha aldea. Me los encontré de camino. Ellos ya viajaban hacia aquí, y me temo que con noticias graves. Todos traemos noticias graves.

Entonces será mejor que pasen. Koichi-dono deseará recibir las noticias cuanto antes. Esto... entonces sus nombres son...

Akimichi Katsudon. Encantado.
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Bueno, casi no llegamos, casi no llegamos. —Menudo pesimista. ¡Pero si el barco lo manejaba nada menos que el capitán Reiji! Katsudon necesitaba otro viajecito en barco para aprender a ser mas positivo—. Por cierto, ese bicho —Y también necesitaba unas clasecitas de tolerencia hacia los bijuu—: Gyūki te dio algo de su chakra. ¿Notas... algo?

La verdad es que no... No noto nada raro, ni siquiera noto...¡Espera un momento! —La herida dolía bastante menos. Abrí el Uwagi para comprobar que no había sido un sueño y vaya... Seguía ahí, pero... más curada. —Jolines, sois médicos buenísimos, al principio dolía un huevo, y he bajado a pata del barco pa no hacerme daño al saltar, pero ya no duele.

Pero a parte de eso... Nada más. Si me había dado chakra, pues... pues... pues...ni idea. Tampoco sabia cómo usarlo, tendría que preguntarle a Datsue, y de paso, aprovechar para que fuese el primero de la lista.

En fin, tras ponernos la ropa de invierno, por que allí hacía un frío horrible, comenzamos la caminata hacia el poblado, o lo que fuera, donde vivían los samuráis.

Recorrimos un largo camino hasta que nos topamos con los primeros samuráis. Unos tíos con armaduras blancas y un casco raro. Armados con dos espadas, como cierto ex-capitan pirata. Era guardias casi seguro, por que uno fe ellos se acercó, con cuidado, hasta que reconoció a Yuuna.

¡Yuuna-dono! —exclamó—. ¿Ya ha vuelto de su viaje a Uzushiogakure? ¿A quién trae con usted?

Estos dos hombres son ninjas de dicha aldea. Me los encontré de camino. Ellos ya viajaban hacia aquí, y me temo que con noticias graves. Todos traemos noticias graves.

Entonces será mejor que pasen. Koichi-dono deseará recibir las noticias cuanto antes. Esto... entonces sus nombres son...

Akimichi Katsudon. Encantado.

Sasaki Reiji. Un placer.

Estuve muy tentando, mucho... Pero no era el momento, ni el lugar. Ahora había que ser más serio y formal. Así pues, junto al saludo, hice una pequeña reverencia.
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El samurai hizo una pronunciada reverencia.

Como siempre, un honor recibir a representantes de los shinobi en nuestras tierras —dijo—. Siempre y cuando, claro, no vengan a causar mal alguno.

Katsudon respondió con un educado saludo inclinando la cabeza.

En absoluto, puedo prometérselo, por el honor de Uzushiogakure —le aseguró—. ¿Tenemos su permiso para pasar?

Por supuesto.

Gracias. —Yuuna inclinó la cabeza y les indicó con la mano que le siguieran.

A pesar de que aquél samurai les había tratado con evidente respeto. Reiji pudo constatar enseguida que el buen recibimiento a los shinobi no era la manera de proceder de todo el mundo. O al menos le pareció que la mirada del otro guardia era algo severa y suspicaz. Con unos ojos pequeños, negros y entrecerrados, le siguió hasta que tuvo que enderezar el cuello para no hacerse daño.

La muerte de padre ha despertado una ponzoña que creí olvidada —les susurró Yuuna un rato después, cuando caminaban entre los troncos de un bosque de pinos nevados, abriéndose paso con dificultad por la nieve blanda—. Cuando me fui, ya empecé a notar los primeros síntomas. Kurama utilizó técnicas ninja.

»No espero que entendáis el recelo de mi pueblo, pero sí que lo disculpéis.
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Como siempre, un honor recibir a representantes de los shinobi en nuestras tierras —Pues yo tenia entendido, que no eramos muy de su agrado.—. Siempre y cuando, claro, no vengan a causar mal alguno..

En absoluto, puedo prometérselo, por el honor de Uzushiogakure ¿Tenemos su permiso para pasar?

Por supuesto.

Gracias.

Pese a lo que había dicho el guardia que nos dejaba pasar, el otro samurái no parecía estar muy de acuerdo en que recibirnos era un honor, lo cual cuadraba mas con la historia que yo conocía sobre ellos. Lo único que hice mientras nos miraba, fue dedicarle una sonrisa amable.

La muerte de padre ha despertado una ponzoña que creí olvidada. Cuando me fui, ya empecé a notar los primeros síntomas. Kurama utilizó técnicas ninja.

Es muy sencillo poner a todos en el mismo saco, incluso a la mejor persona del mundo le puede pasar alguna vez.

»No espero que entendáis el recelo de mi pueblo, pero sí que lo disculpéis.

Estoy acostumbrado al rechazo, no te preocupes.

Estaba seguro de que, aunque lo había dicho sonriendo y con un tono mas o menos alegre, tanto Yuuna como Katsudon se darían cuenta de la tristeza y soledad que cargaban esas palabras.

Yo creía haber superado esas cosas, pero en el fondo de mi alma sabia que, igual que El peor pirata de Oonido" , aquello solo era una mentira que mi cerebro le contaba al corazón para mantenerlo calmado.
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Aunque Yuuna apartó la mirada, Katsudon no estaba dispuesto a dejar tejer aquél incómodo silencio un segundo más. A Reiji le sorprendió su enorme brazo, rodeándole por detrás de la espalda.

¡Vamos, hombre! —rio—. ¿Cómo vas a decir eso? ¡Si eres todo un buen zagal! ¿Y lo ameno que nos has hecho el viaje en barco? ¡Venga, Reiji-kun! ¡A mi me has caído genial!

Eres amable y buena persona —dijo Yuuna escuetamente—, y eso es más de lo que muchos pueden presumir ser.
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Las palabras son como el mejor ninjutsu de transformación. A veces las palabras podían cortar con la forma de la mejor espada, otras, atravesar tu pecho como la estaca que busca terminar con la vida de un vampiro. También como el martillo que golpe tu cabeza para destrozar el craneo.

Pero las palabras no solo pueden adoptar la forma de un arma. Las palabras pueden se la pasión del beso de un amante, pueden ser como la lágrima que resbala por la mejilla de un niño, como el puño que golpea una pared de piedra, frustrado.

Las palabras podían serlo todo, y no ser nada. Pero en esa ocasión, las palabras de katsudon fueron como el abrazo de un padre o una madre.

¡Vamos, hombre! ¿Cómo vas a decir eso? ¡Si eres todo un buen zagal! ¿Y lo ameno que nos has hecho el viaje en barco? ¡Venga, Reiji-kun! ¡A mi me has caído genial!

Y aún así, la realidad era la realidad. Por mucha arena que le echarás por encima, por muy profundo que la enterarás, siempre estaría ahí.

Un par de días en un barco no podían borrar él pasado. Y pese a la calidez de sus palabras, y del repentino "abrazo" de Katsudon, solo supe contestarle mirándole y sonriendo, con una sonrisa que, tal vez, no fuese del todo sincera.

Eres amable y buena persona —Sus palabras sonaron mas frias, pero no menos sinceras. —, y eso es más de lo que muchos pueden presumir ser.

Quizás se debía, mas bien, a que todas las muestras de amistad y cariño que conocía provenían de mi familia, y la única persona a la que había podido llamar amiga alguna vez, era Sakura.

Ya no. Pero tal vez por eso no sabia cómo reaccionar o sentirme en aquel momento. Y lo mas probable es que también fuese el motivo de que, a pesar de todo, mis siguientes palabras sonaran tan frías como el hielo que cubría las montañas y bosques de aquel pais.

Lo mejor sería que nos diesemos prisa, cumplieramos nuestro cometido y regresáramos a Uzushiogakure.

En realidad quería que aquellas palabras sonarán de otra manera. En mi cabeza pensaba que lo mejor era que molestaramos lo menos posible a aquella gente. Como había dicho Yunna, suficiente habían tenido con la muerte de su líder a manos de un usuario de ninjutsu.

Y si nuestra presencia les desagradaba y les hacia sentir incomodos, lo mejor es que estuviéramos allí el menor tiempo posible. Más por ellos que por nosotros.
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Tras una cálida conversación y quizás un agridulce punto y final, el trío siguió caminando a través del bosque. Al dejarlo atrás, el camino continuó a través de unas estepas bajo una tormenta de nieve que cada vez arreciaba con más fuerza. Afortunadamente, su destino estaba cada vez más cerca. Y si no era ese su destino, no había lugar allí que destacase tanto como ese: más altas que cualquier montaña, tres extraños picos con forma de fauces de lobo se erigían en la distancia. Bajo la sombra de aquellas formaciones rocosas se erigían algunas columnas de humo, frutos sin duda del asentamiento de los samurai.

Lejos de encontrarse con muralla alguna, el pueblo les recibió gradualmente a media que se adentraban algo más allá. Atraían las miradas de algunos civiles, que no entendían la presencia de aquellos ninjas pero sin duda reconocían a la hija de su líder. Varias veces les pararon para identificarles, cosa que se solventó varias veces gracias a la intervención de Yuuna.

No obstante cuando llegaron a la base de un edificio más grande hecho de piedra, con el ideograma del hierro grabado en la fachada, dos guardias con armadura de color plateado con ribete de oro les detuvieron, y aquellos ya parecían enterados de la visita. Uno de ellos les mostró la palma de la mano.

Sólo Yuuna-sama pasará. Órdenes de Koichi-dono.

Katsudon frunció un ceño y se adelantó un paso, rebuscando en el portaobjetos. Sacó un rollo de pergamino con el sello del Uzukage.

Somos emisarios de Sarutobi Hanabi. Venimos con noticias importantes que...

Koichi-dono ordenó expresamente que sólo dejáramos pasar a su hija. Ella le informará de las noticias, si no le importa.

Katsudon gruñó y estuvo a punto de decir algo, pero Yuuna le detuvo interponiendo un brazo.

Está bien, yo iré. Le contaré todo lo que hemos vivido. Confiad en mí. —Se dirigió al otro guardia—. Yamato-san. Espero que les des a estos dos amigos un buen cobijo mientras hablo con mi madre, y que se les trate bien.

Los dos guardias se miraron. Yamato inclinó la espalda en una reverencia respetuosa.

Se hará, Yuuna-dono —accedió, y con una señal, les indicó a Reiji y Katsudon que le siguieran.

El samurai los guió a través de una calle repleta de actividad. Pronto, Reiji y Katsudon descubrirían que el pueblo de los samurai no presumía de ostentación. La mayoría de comercios eran de índole práctico: peleterías con abrigos, para el frío. Carnicerías y verdulerías para comprar alimentos. Herrerías. Había muchas herrerías.

Mira, Reiji-kun —dijo Katsudon—. Compañeros de oficio.

El samurai, impertérrito, seguía conduciéndoles a través de las calles empedradas y bajo el refugio agradable de Sanrō-yama.

Deben estar ustedes acostumbrados al frío, ¿eh?

Silencio.
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Tardamos un rato en alcanzar nuestro destino. Katsudon y yo no estábamos acostumbrados ni a ese frío ni a la tormenta de nieve. Aun así, conseguimos seguir a Yuuna hasta ver una enorme montaña cuyo pico en realidad eran como tres cabezas de lobo.

Un tanto tétrico para alguien como los samuráis, la verdad. Aquello parecía mas bien, desde lejos, la guarida de algún ser de libro de terror. Yo que se, como un vampiro o quizás, haciendo referencia a su pico, una cueva de hombres lobo.

Olvidando mi aberrante imaginación, el sitio, lejos de estar protegido con una muralla como Uzushiogakure, el pueblo apareció de repente conforme nos acercábamos. Quizás pensaban que era suficiente con las frías tormentas de nieve.

Nos pararon varias veces antes de llegar a la base de un edificio de piedra que lucia el Kanji de hierro grabado en la pared. La gente nos miraba con curiosidad y quizás, con el mismo sentimiento que aquel samurái que habíamos dejado atrás hacia mucho. Uno de los samuráis de la puerta nos freno él paso.

Sólo Yuuna-sama pasará. Órdenes de Koichi-dono.

Somos emisarios de Sarutobi Hanabi. Venimos con noticias importantes que...

Koichi-dono ordenó expresamente que sólo dejáramos pasar a su hija. Ella le informará de las noticias, si no le importa.

Ver, oír y callar. Era lo mejor que podia hacer alguien como yo en aquél momento. De haber intervenido, seguro habría empeorado las cosas. Yo me frené solito, pero a Katsudon tuvo que pararlo Yuuna.

Está bien, yo iré. Le contaré todo lo que hemos vivido. Confiad en mí.

Esperaba que no contara nada de lo Gyūky. No conocía a los samuráis y confiaba en Yuuna. Pero si por algún casual lo contaba y los samuráis quisieran atraparle y molestar su descanso...

Yamato-san. Espero que les des a estos dos amigos un buen cobijo mientras hablo con mi madre, y que se les trate bien.

Se hará, Yuuna-dono — Visto lo visto, no esperaba que tratarnos bien fuera más allá de llevarnos a una taberna y dejarnos a nuestra suerte.

Aún así, seguí al samurái sin apartarme de Katsudon a traves de una calle llena de bullicio. Supuse, por la cantidad de tiendas que había. Había de todo: Tiendas de ropa, verdulerías, carnicerías... Cualquier cosa necesaria para la visa cotidiana podías encontrarla en aquel lugar. Eso, y un montón de herrerías.

Mira, Reiji-kun —dijo Katsudon—. Compañeros de oficio.

Visto que no tiene pinta de que quieran ser nuestros amigos, yo lo llamaría más bien competencia. Además, quizás a día de hoy solo soy un novato, pero cuando crezca voy a ser el mejor

El samurái continuó guiándonos por aquellas calles sin decir ni una sola palabra.

Deben estar ustedes acostumbrados al frío, ¿eh?

Conocía aquella sensación. Alguien me había hecho algo parecido cuando salimos de la aldea.

Vaya, parece que tú si que has hecho un amigo —bromee con Katsudon.
"The thing is, when you save a person's life, it means that you won't be able to save someone else's."
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"People die if they are killed.Because you are correct it doesn't mean you are right."
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