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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.




El sendero de los perdidos
Roga Sin conexión
Genin de Ame
Ninjas de Ame
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No hubo necesidad siquiera de esperar a la señal de Akame, porque para cuando este terminó su frase Rōga ya se había agachado para intentar contener a la mujer, quién intento zangolotearse para liberarse del agarre. El genin se vio forzado a ceñirse a la muchacha, inmovilizando su cabeza con ambos brazos mientras intentaba abrirle la boca con dificultad. "¿Tan difícil es lograr que un interrogatorio salga bien? Chasqueó la lengua.

—¡QUÉDATE QUIETA MALDICIÓN!— ordenó, aunque estaba noventa y nueve por ciento seguro de que ella no iba a obedecerle. Simplemente necesitaba sacar su frustración de algún modo.

Un violento espasmo que el de cabellos tricolor apenas pudo contener, un olor a carne quemada, un grito que no parecía de este mundo. La escena era aberrante por sí sóla, ya que los captores estaban tratando de salvar a su rehén más por su valor táctico que por su vida en sí. Todo su estratagema se estaba complicando de más, sin saber que el tiempo que les quedaba era mucho menor al que creían.

La mujer lloró ante la quemadura dentro de su boca, además que aunque la hemorragia no alcanzó a ser demasiado severa, si que le causó un leve mareo que le impidió seguir resistiéndose. Si bien ya estaba fuera de peligro, el Yotsuki no estaba demasiado convencido de que las cosas fuesen a prosperar. Una vez la mujer se quedó sollozando, el cachorro de lobo apretó los dientes al ver la sangre que le salpicó en las manos.

—¿No podía ser un trabajo limpio?— Hizo una mueca. —Qué asco— se quejó.

Aquello sobrepasaba sus estándares regulares de trabajo.

***

—No es fanatismo, es disciplina. Una virtud que tarda años en perfeccionarse e inculcarse. Aquellos que tienen el poder de cambiar el mundo deben hacerse responsables de sus actos, porque los Ocho Yama juzgarán nuestras acciones al partir al más allá— Colocó su mano derecha como si rezara.

»La senda que pocos se atreven a tomar, porque no tienen fuerza en su corazón. La senda del mártir, la senda del perdón.
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Akame Sin conexión
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Con ayuda del joven King —que al terminar, parecía a punto de echar la papilla—, Akame fue capaz de cauterizar la herida de aquella kunoichi y salvarle la vida; aun por encima de los deseos de ella. «No tiene importancia si ella quiere vivir o morir. En este momento no es más que un recurso que debemos usar para poner a salvo a Okawa. Así es este juego, socia.» El Uchiha se levantó, limpiándose la sangre de las manos en las sábanas, antes de volverse hacia Rōga. Le miró durante unos largos segundos.

No tienes que estar aquí si no quieres —le lanzó, sin paños calientes. «Pensaba que los de Amegakure eran más duros», se dijo para sí—. Terminaremos pronto.

¿Limpio? ¿Más limpio que aquello? Rōga todavía tenía mucho que aprender sobre el oficio de ninja, o eso pensó Akame. La limpieza de un trabajo no se refería a no mancharse las manos de sangre, sino a no recrearse en el acto. A no gozar con el sufrimiento de sus víctimas. Eso era lo que diferenciaba a un auténtico Profesional, de un simple mercenario. Akame se dio media vuelta y se agachó junto a la cama, junto a la kunoichi. Sacó un kunai de su mecanismo oculto, empuñándolo firmemente con la mano diestra antes de hablar.

Quién eres. Para quién trabajas. Respóndeme a esas dos cosas y te daré la muerte que tanto anhelas. De lo contrario... Sólo te espera dolor —aseguró, y como muestra de ello, le agarró firmemente la mano diestra con la izquierda mientras con su propia derecha introducía la punta del kunai entre la carne y la uña del dedo índice de la mujer. Una tortura efectiva y muy dolorosa. ¿Sería capaz de romperla?


Akame no se inmutó ante la respuesta de la anciana itako.

¿Disciplina? No, anciana, no. Lo vuestro es sólo servilismo camuflado de lealtad y obediencia a un credo. Ya he visto esa basura antes —replicó, tajante—. La verdadera justicia no requiere que niñas pequeñas sean torturadas en pos de sus objetivos.

Cuando la anciana itako se refirió a la promesa de un castigo divino, Akame no pudo sino sonreírse.

Te diré una cosa, hermana. Si lo único que hace que una persona se comporte de forma decente es la amenaza del castigo divino, entonces esa persona es un pedazo de basura. Mataos de hambre si queréis en vuestro Templo, encomendaos al Más Allá, pero dejadnos a los demás mortales vivir nuestras vidas con libertad.
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Caída del Pétalo, Primavera de 219



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Genin de Ame
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—Realmente no quiero, así que me largaré afuera para disque vigilar, que tampoco creo que venga alguien— ¿Para qué iba a mentir? Caminó hasta la puerta. —Cualquier cosa vendré corriendo— Finalmente cruzó el portal de la habitación y prosiguió a salir de la casa.

El Yotsuki estaba acostumbrado a la eficiencia, pero hasta ahora todo había ido de forma muy atropellada. No quería ser testigo ni enterarse de nada de lo que fuese a sufrir la muchacha. Si mucho esperaría a que Akame terminara con el trabajo sucio y ya luego compartiera la información revelada. Eliminar los posibles cabos sueltos era la máxima prioridad sin saber realmente con quién se habían metido.

Mientras la mujer no pudo sino abrir los ojos al ver el kunai aproximarse hasta sus dedos. ¿Debería aguantar todo eso hasta su suspiro final? El dolor le invadió, pero hizo amago de soportarlo mordiéndose los labios. No iban a dejarla morir hasta que hablase, pero ella no podía traicionar a su hermana, y menos a su amado señor. Él estaría muy triste por ella.

—¡ERES UNA MIERDA!— Vociferó. Insultarlo era lo poco que le servía por ahora para distraerse. ¿Pero por cuanto tiempo iba a poder aguantar aquello?

***

—¡Confundes la libertad con el libertinaje!— La mujer estaba enfureciendo. —Si todos hacemos lo que querramos, el mundo sería un caos. Las leyes que los shinobi han plantado en el mundo atentan en contra de la moral, disfrazándola de un permiso para matar. Aquí estará aislada de la maldad, lo hacemos para protegerla a ella del mundo, y al mundo de ella si se aleja del mal camino.

»¡Déjame pasar!
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A las palabras de la kunoichi le respondió Akame con un tremendo puñetazo en toda la boca, que si no le hacía saltar algún diente, estaría cerca.

¿Quién eres? ¿Para quién trabajas? —repitió, sereno, mientras el kunai que manejaba con destreza se movía hacia el siguiente dedo. Con cuidado introdujo la punta entre la uña y la carne, y separó ambas. Una antiunión poco natural que producía un dolor indescriptible—. Responde y todo acabará.

«Esto es un coñazo. Si tan solo pudiera usar mi Saimingan...», se lamentaba el Uchiha. Claro, que en el momento en que activase su técnica de hipnosis para sacarle a aquella tipa todo el jugo, sus Kage Bunshin se desharían como polvo en el viento, dejando a Okawa a su suerte. Eso era algo que no estaba dispuesto a hacer.


El Clon de Sombras esbozó una sonrisa de apariencia triste, pero que escondía gran rabia y sinceridad. Oh, sí, ¡cuánto de acuerdo estaba con esa afirmación! No existían palabras suficientes en ningún idioma para expresarlo. Pero, ¿no era su cometido ganar tiempo? Bien podía intentarlo, y darle así un uso mayor a su efímera existencia. Luego volvería al mismísimo éter del que había salido, a unirse con la consciencia de su creador.

Yo nunca dije eso, anciana —replicó, aludiendo a la furiosa diatriba de ella—. Y antes de que te formes la idea equivocada, entiende esto: soy bien consciente de la hipocresía de los shinobi y de lo falso de su credo. Su aparente facha de neutralidad y moralidad no es más que una máscara podrida que se cae a trozos, y yo puedo ver a través de ella. ¿No lo entiendes? No es la ley ninja la que yo defiendo... Sino una ley innata.

El Uchiha alzó un puño, fervoroso.

¡Porque existe, es cierto! Existe en efecto, anciana, una ley no escrita, sino innata, la cual no hemos aprendido, heredado ni leído, sino que hemos tomado de la propia Naturaleza. Una que hemos extraído, exprimido; para la que no hemos sido educados, sino hechos, y para la que no hemos sido instruidos, sino impregnados.
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Genin de Ame
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Desde las afueras, aunque los gritos se le antojaban ininteligibles, el Yotsuki no puso sino cruzarse de brazos y zapatear con la sandalia. "Esto está costando demasiado tiempo y no quiero seguir escuchando. Además, sigo con el mal presentimiento que tuve en el hostal, cómo si algo más se nos estuviese escapando de las manos." Si algo aprendió de Daruu, es que los motivos detrás de los actos importan mucho. De ello, había demasiados misterios en el propio pueblo de Murasame que estaban fuera de su alcance y que sin saberlo, estaban a punto de ser cruciales. Detalles, minucias, que iban a complicar el asunto.

La mujer soltó otro agónico grito cuando su segunda uña fue arrancada, ahora las lágrimas brotaban a borbotones. Se mordió el labio, pero ahora le era ya casi imposible aguantar el dolor tras ser golpeada.

—Per-dón, her-herma-hermana— Sollozó.

Le dolía soltar la verdad, pero de todas formas, no sería fácil. Esperaba, por lo menos, despistarlo un poco antes de que la tercera pudiese lograr su objetivo. Sólo tenía que evitar, ser específica. Era por él, por su señor, por su amado jefe.

—So-soy, Kuroko— Soltó finalmente. —Tra-tra-bajo, trabajo, pa-para una ya-yakuza. Vi-ne, por, la niña. A, a Oyabun-sama, le gu-gusta. Le gus-ta co-coleccionar, kekkei, gen kai. La quiere, pa-para su colección— Tosió entrocortadamente debido a que le costaba respirar tras llorar, además de que el ardor en la lengua era insoportable y le costaba soltar palabras enteras.

***

—No lo entiendo. ¿De qué estás hablando?— La mujer parecía consternada. —¿Por qué? ¿Por qué si destestas aquellas reglas malditas también estás en mi contra? Ella, ella aún es muy joven e inexperta. ¿Que será de ella sóla en las afueras? ¿piensas dejarla expuesta a su suerte? La ley de la naturaleza es la ley del más apto, pero los humanos no somos parte de ella. Si la siguiésemos, ¿qué nos diferenciaría de los animales?— Negó con la cabeza.

Oh sí, el clon hizo un magnífico trabajo haciendo tiempo. El problema, es que alguien más se aprovecharía de ello.

Sería entonces que la vería a la lejanía. Era Kyoko, la niña de la posada. Se acercaba con pasos sigilosos, aunque de todas formas era muy difícil esconderte tras unos bambúes, por lo que Akame era capaz de distinguirla sin esfuerzo alguno. La niña era testigo de la escena y sonreía. Se llevó el dedo índice a la boca, indicando que guardara silencio. Luego, señaló a la mujer con la otra mano y luego negó con la cabeza. ¿Quería que no le avisara a la mujer de que ella estaba ahí? Algo estaba fuera de su lugar, más allá de que su presencia de por sí no encajaba. Ella intentaría seguir avanzando con sus silenciosos pasos, estando ya a unos doce metros de distancia.

Mientras, la mayor tomó su báculo.

—¡Basta de tonterías! ¿Quién te crees tú a tu edad para dar lecciones sobre la vida?— Empezó a andar con firmeza, tratando de avanzar aún cuando el clon estuviese enfrente.
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Akame Sin conexión
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«No te disculpes, allá donde quiera que ha ido tu hermana, te aseguro que ya no puede escucharte», quiso decirle Akame a aquella kunoichi. Pero no lo hizo. Se mantuvo estoico, serio, como aquel verdadero Profesional que muchos habían asegurado que había sido en su carrera ninja. No dio muestras de compadecerse de la muchacha pero tampoco de estar disfrutando; no lo estaba haciendo. Torturar a aquella mujer no era sino un medio para alcanzar un fin, conseguir la información que podía suponer la diferecnia entre el éxito y el fracaso en su misión de sacar a Okawa —viva— de Murasame.

«¿Así que todo esto no es más que la idea de un mafioso excéntrico? Me cago en... Aun así, va a darnos más problemas de los que imaginaba.» El Uchiha escudriñó los ojos de Kuroko y lanzó una única pregunta.

¿Vinisteis las dos solas? ¿Hay alguien más con vosotras?




Incluso una anciana con los conocimientos místicos de la chamanería y toda una vida de experiencias no fue capaz de sacarle sentido a la perorata de Akame. Éste sonreía; ¿era eso lo que esperaba? ¿Confundirla para seguir ganando tiempo, sin más? ¿O había algo coherente entre sus palabras, aparentemente simple verborrea? Probablemente la anciana itako nunca lo sabría. Furiosa, ésta comenzó a andar, y parecía decidida a apartar al Kage Bunshin de su camino.

Sin embargo, una quinta persona hizo aparición en escena. Akame observó a la irritante niña de la comida sana y el veto a los cigarrillos, y cuando ésta le pidió que no revelara su posición, el clon sonrió con malicia.

¡Vaya, Kyoko! ¡Qué sorpresa! —la llamó, haciendo un gesto con su mano diestra en dirección a la irritante muchachita—. ¿Dando un paseo nocturno? ¿No eres muy joven para merodear por el bosque tú sola?

Entonces el Kage Bunshin fingió reparar en algo, y con un tono claramente burlón, le lanzó una puya.

¿No habrás venido a reñirme por fumar en un espacio natural, no?
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En las afueras, el Yotsuki estaba un poco exasperado por la situación acaecida. Estaba cruzado de brazos en el borde la puerta, cuando de pronto se vio en la necesidad de entrecerrar los ojos al divisar una pequeña luz que se aproximaba en la lejanía. Era anaranjada, pero diminuta. Era difícil no localizarla en medio de un bosque de bambú. "¿Una vela?" Y sin embargo, no dudó en adentrase nuevamente en la casa para informar lo sucedido.

Entre tanto, Akame había formulado una pregunta capciosa, complicada. Las pupilas de la pelinegra se contrajeron del nerviosismo, anteponiéndose al dolor sufrido por la quemadura en la lengua y el de sus uñas arrancadas. No podía condicionar a su única esperaza de esa manera, no debía darle ventaja al enemigo. Las gotas de sudor frío se acentuaban en su frente. ¿Qué salida le quedaba? ¿Hablar y morir? No podía, ¿cómo iba a darle la cara a su gemela Kasshoko en la otra vida? Temía al juicio, porque aún muriendo sus palabras iban a desencadenar consecuencias. Tardó en responder, aunque de todas formas la lengua se le estaba inflamando y estaba teniendo muchos problemas para articular palabra.

—A-alg...— Se frenó y gimoteó. Por mucho que quisiera forzarla a hablar, ni siquiera podía hacerlo por voluntad propia. ¿Mentiría entonces? El temor que se acrecentaba en ella era palpable, pero era más por su amo y su compañera, que por ella misma. Negó con la cabeza ante la primera pregunta. —Ziziii— Fue lo único que alcanzó a soltar, asintiendo con la segunda duda.

Casi al instante, Rōga ingresó nuevamente a la habitación con una expresión álgida.

—Alguien viene. Parece tener algo con fuego en las manos. Sería demasiada casualidad que fuese un civil justamente en este sitio tan recóndito— sentenció con seriedad, intentando ignorar a la prisionera.

La mujer por su lado se quedó helada, pero más pronto que tarde intentó forcejear. ¿Sería ella? Si era así, debía advertirle de alguna manera. Intentaría por tanto dar un único grito agudo con todas sus fuerzas, aupado por el propio dolor sufrido.

***

Lo ocurrido a continuación, fue peculiar. La niña enrojeció e infló los cachetes ante las acción de Akame. Luego el clon actuó cómo su se hubiese dado cuenta de algo. La niña entonces alzó ambos brazos y los sacudió de lado a lado cómo si intentara decir que no hiciera algo. Oh, ese kage bunshin, si que debió darse dado cuenta de algo, pero estaba pasando por alto un detalle.

—¡A mí no vas a engañarme!— La mujer empuñó su bastón con ambas manos y saltó hasta el renegado dispuesto a darle un bastonazo lateral. —¡No hay nadie más aquí!— Afirmó con toda la seguridad del mundo.

¿Han escuchado la frase, todos los monjes saben kung fu? Bueno, ella no sabía kung fu, pero de que sabía defenderse sabía defenserde, aún sin ser shinobi.

La niña entonces, se echaría a correr por donde vino... ¿O no? Parecía tomar otro rumbo, siendo este la montaña.

PV:

150/150



Fuerza 40
Resistencia 20
Aguante 20
Agilidad 20
Destreza 45
Poder 5
Inteligencia 30
Carisma 30
Voluntad 30
Percepción 60

ARMAMENTO:
Shakujō: 25 PV/golpe con lado, 35 PV/golpe con extremo.

***

Kiyoshi, Ōkawa y el segundo clon llegaron a una porción más frondosa de la montaña donde las cañas apenas si dejaban espacio para caminar sin tener que alzar un poco la pierna para pasar a través de ellas. El desaliñado muchacho entonces apartó algo de hojarasca para luego arrebatar de golpe una manta que cubría una entrada. Esta nueva guarida era mucho más rústica que la otra, comparable básicamente a la madriguera de un animal cualquiera.

—¿QUÉ ES ESE OLOR?— La muchacha no pudo sino llevarse las manos a la nariz.

Olía fuertemente, siendo este nuevo escondrijo un almacén de azufre.
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